Experimentos a un lado, por fin parte de lo prometido. Porque “La lengua popular” (Warner, 07) es una vuelta a aquello que arrancó tras Los Rodríguez y que dejó en suspenso por el tango. Vuelve el salmón a la casilla de salida tras dar la vuelta al mundo.

Dice que Litto Nebbia es Míster Music y que “El palacio de las flores” fue un capricho. Lo mismo “Tinta roja”. “Quizá nunca debería haber editado ese disco. Para mí fue suficiente con grabarlo”, dice. Está sentado al cómodo sillón de su despampanante suite y dice que le gusta ver la ciudad desde arriba (“a vista de pájaro”) y que “La lengua popular” es cosa de Cachorro López.

“En el futuro haré discos más crípticos, como más abstractos”

“Yo tenía un montón de canciones con las que no sabía qué hacer, que había compuesto en Rosario, donde pasé dos meses acompañando a mi mujer en un rodaje. Cuando las escuchó Cachorro dijo que tenía un disco y me pareció que él era el productor ideal”, explica. Dice que le encantó la versión que hizo de “Mis documentos” con Julieta Venegas. “Se inclinaba hacia la cumbia y adoro la cumbia”, confiesa, mientras se anuda un pañuelo al cuello. Admite que al menos seis de los doce temas del disco se compusieron poco antes de grabarse, como la princiana “Sexy & barrigón”. “Cachorro me dijo: necesito que hagas algo más Prince, un medio tiempo, eeeh, me dio indicaciones sobre qué le faltaba al disco y lo hicimos”. Otros temas, como “Los chicos”, son más salmoneros. “Recuperamos algunas canciones viejas que todavía no había grabado”, asegura. Así pues, ¿es “La lengua popular” un cebo, el borrón y cuenta nueva de otro arranque? “Es un disco que va a estar contento cuando esté en casa de la gente y lo escuchen. Es sólo rock & roll pero me gusta. Me gustaría cerrar el círculo con una victoria”, dice. ¿Cerrar el círculo? “En el futuro haré discos más crípticos, como más abstractos. Así es como pienso usar mi libertad”, dice. “Me gustaría dejar el formato canción, no creo que sólo importe una melodía y una buena letra. La música es mucho más. Piensa en Wagner, en Coltrane. Nadie esperaba sus letras”, explica. ¿Y eso significa que lo próximo de Calamaro será instrumental? “Sí, instrumental al piano”. Lanza la bomba y luego se muerde las uñas. También dice que tiene pendiente recopilar todo el material que compuso durante su retiro (entre 2000 y 2003 en un pueblecito cercano a Ávila) y editar el sexto miembro de “El salmón”, su obra interminable. “Pero todo eso requiere mucha dedicación. Es como encontrar el Titanic y tratar de rescatar parte de la vajilla y hacer que vuelva a brillar”. Respecto a su obsesión instrumental, apunta que ya en “Alta suciedad” dejó pistas. “Todas las canciones tienen un motivo musical, pensé que era como un disco instrumental. Hubiera querido que se escuchara en Brasil, en Israel, en Inglaterra. Acabar con las fronteras”. Abajo Dylan, arriba Wagner.