Cuando brilla el sol
Entrevistas / Vampire Weekend

Cuando brilla el sol

Enrique Peñas — hace 10 años
Fotógrafo — Napoleón Habeica

A un debut deslumbrante le siguen, de manera inevitable, las dudas: ¿serán capaces de aguantar el tipo con el segundo álbum? Hay ejemplos más que de sobra de decepciones, de expectativas incumplidas y de discos menores que no son ni la sombra de lo que fue el estreno del grupo en cuestión. Pero todo eso pasará con otros, no con “Contra”, el nuevo trabajo de Vampire Weekend.

El mismo día en que media España (y tres cuartos de Europa) se paralizaba por la nieve, se publicaba el segundo álbum de Vampire Weekend, “Contra”, un disco con el que es fácil cambiar el frío por una soleada playa de Malibú simplemente pulsando el ‘play’, para encontrarse, a las primeras de cambio, con un estribillo que pocos se habrán resistido a canturrear en las últimas semanas: “In december, drinking horchata / I’d look psychotic in a balaclava” (“Horchata”), una apertura que suena tan refrescante como lo fue su debut, aunque hayan cambiado la exuberante inmediatez de hace un par de años por un sonido que busca, y encuentra, nuevos registros. “Si de algo pecaba nuestro primer trabajo era de tener un tono muy parecido en todas las canciones. En su momento eso estuvo bien, sobre todo porque nos hizo bastante reconocibles, pero queríamos ofrecer algo más”. Quien contesta al otro lado del teléfono es Rostam Batmanglij (teclado, guitarra y voz, además de productor), responsable en buena medida de que Vampire Weekend suene, más que nada, a Vampire Weekend. “Antes apuntábamos algunas cosas, pero ahora todo está más definido. Pienso por ejemplo en una canción como ‘Holiday’: no es que suene a ska, es que quiere ser ska. Por eso hay temas que son los más enérgicos que hemos hecho nunca, como ‘Cousins’, y otros mucho más calmados, incluso es la primera vez que utilizamos la guitarra acústica (‘I Think UR A Contra’). La voz también ha sido muy importante, porque nuestra idea es que fuese un instrumento más, y por eso hay registros tan diferentes: unas veces Ezra canta de manera muy urgente, otras en falsete o más bien buscábamos una textura determinada, como si fuera un colchón. Teníamos claro que éste debía ser un álbum diverso, aunque todo fuese rápido, no sé si me explico. ‘California English’ dura sólo dos minutos y medio, pero pasan muchísimas cosas. Eso es lo que pretendíamos conseguir, aunque el reto más importante es que, a pesar de esa diversidad, por encima de todo tenía que existir una coherencia que permitiese dar una visión de conjunto de lo que es ‘Contra’. Espero que lo hayamos logrado. Es un disco más largo, o más bien más ancho… bueno, más expansivo; eso es, con más recorrido”.

El objetivo no era otro que confirmar que lo de “Vampire Weekend” (vigesimoquinto mejor disco de la década recién terminada para esta publicación) no era un espejismo ni tampoco el enésimo ‘hype’ en una escena demasiado acostumbrada a encumbrar grupos para dejarlos en el olvido casi de inmediato. “No nos hemos sentido especialmente presionados, o al menos no más que en el primer disco. En realidad es una suerte poderte enfrentar a las nuevas canciones mientras la gente te dice que está deseando que saquemos un segundo álbum. Es un estímulo más que una presión. Además, en el primer concierto que hicimos en Nueva York para presentar nuestro debut ya tocamos un tema que ha acabado estando aquí, ‘White Sky’, así que hemos trabajado en ‘Contra’ desde ese mismo momento, igual que ahora ya estamos pensando en algunas ideas para el tercero. Hay quien cree que en nuestra música todo es fácil, y en cierto modo nos gusta que se transmita esa sensación, pero pensamos mucho las cosas, las maduramos y nos gusta tener todo controlado, desde la portada a la puesta en escena”. Quizá entonces ya tuviesen en la cabeza el que finalmente ha sido el eje central de este álbum. “Era algo en abstracto, sin definir, pero queríamos que fuese nuestro disco de California, nos resultaba muy atractivo, aunque sigue habiendo cosas de Nueva York, desde luego. Luego fuimos dando forma a ese concepto, porque representa de alguna forma la imagen de un cierto ideal de vida y de bienestar, por lo menos de cara al exterior. La gente piensa en California y ve playas, olas, sol y grandes casas, pero no los problemas que también existen, como en cualquier otro sitio. Para muchos es justo lo contrario de Nueva York, aunque nosotros creemos más bien que es la otra cara de la misma moneda”. Al margen de la estética y otras cuestiones de orden extramusical, la influencia de grupos como Operation Ivy, banda señera del ska punk de la Costa Oeste, es más que notable. “Hemos crecido escuchando mucha de esa música, así que es natural que nos influya”, apunta el músico de origen iraní. De aquí también sale la fotografía de la chica de la portada, tomada en Manhattan en 1983, pero que acabó en Malibú y que ahora, años después, se ha convertido en la imagen del segundo largo de Ezra Koenig, Rostam Batmanglij, Chris Tomson y Chris Baio, manteniéndose a la expectativa y mirando no se sabe a qué ni a quién, con un aire moderadamente pijo (polo de Ralph Laurent incluido) que no ha hecho sino sumar un nuevo capítulo en el debate entre quienes les adoran y quienes les detestan sin ningún tipo de matiz. “No nos preocupa en absoluto, es algo estéril. Lo único que lamentamos es que se mantengan ciertos prejuicios; más allá de eso, tenemos claro que no podemos gustar a todo el mundo”, ataja el teclista y productor de Vampire Weekend.

Descendiendo hacia el sur desde la propia California, el grupo neoyorquino, formado por estos cuatro veinteañeros de la Universidad de Columbia, llegó el pasado mes de marzo a México, lugar del que también sacan algún que otro recuerdo para este álbum, desde la horchata (la suya es de origen azteca, aunque Rostam Batmanglij asegura que en su inminente visita a nuestro país -día 27 de febrero en Barcelona, el 28 en Madrid- también probarán la nuestra) a la camiseta del Chivas de Guadalajara que Chris Tomsom luce en el trepidante vídeo de “Cousins”. No deja de ser una anécdota, pero refleja el espíritu global que impregna su música, un crossover multicultural que hace que se pueda hablar lo mismo de The Clash que de Fela Kuti, Orange Juice o Paul Simon. Ya no es sólo afrobeat, sino world music en versión pop, con “Diplomat’s Son” como mejor ejemplo de semejante coctelera: aquí conviven sin mayor problema el sonido ‘made in Bollywood’ (también en el inicio de “Horchata”), el reggae de Toots And The Maytals y la electrónica de M.I.A., dando como resultado los seis minutos más sorprendentes en la todavía breve trayectoria de Vampire Weekend. “Personalmente estoy muy orgulloso de esta canción, porque es la más compleja que hemos hecho nunca y demuestra que no sólo tenemos que tocar rápido para llegar a la gente, sino que hay otras posibilidades”. Es, de paso, la respuesta más clara a los muchos que les auguraban una caída en picado semejante a la de The Strokes, porque por el momento Koenig, Batmanglij y compañía han superado con nota la reválida gracias a este segundo trabajo cuyo título remite a confrontación, pero también a la guerrilla nicaragüense que se enfrentó a las sandinistas, a la mítica saga de videojuegos que triunfó a finales de los ochenta o a la ensoñadora balada (“I Think UR A Contra”) que pone fin a estos treinta y seis minutos, dando cuenta de las múltiples caras de una banda bastante más compleja de lo que parece. “Puede tener muchas interpretaciones, pero al final estamos hablando de la existencia de un conflicto, que es un tema que aparece en varias canciones de este álbum: en la pareja, en la familia, en el trabajo, al establecer una comparación entre un disco y otro… No siempre hay que elegir, pero nos empeñamos en hacerlo”. Ahora la decisión está en tus manos: ¿los amas o los odias?

Un comentario
  1. That’s an inlintegelt answer to a difficult question xxx

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