Desde que lanzó su último álbum en 2013, Threace (Drag City Records, 2013) –Release, de 2014, fue más bien una recopilación de rarezas- la banda de Chicago ha sufrido ciertas modificaciones de personal. Su teclista Rotten Milk ha sido sustituido por un viejo amigo de la banda, el multiinstrumentista Rob Frye. Además se ha añadido otro guitarrista a la ecuación, Jeremy Freeze, cuya presencia se nota, y mucho, en este regreso titulado Allways (Drag City Records, 2018), cuya gestación se inició en las lejanas latitudes chilenas. Su líder, Cooper Crain, nos los cuenta por teléfono.


Mi primera escucha del disco fue durante una noche que tuvimos lluvia de estrellas. ¿Te parece la situación adecuada?
¡Oh! Me parece la situación ideal, muy bien elegida. Ojalá pudiera decirle a todo el mundo que haga lo mismo que tú (risas). La verdad es que el entorno es algo a lo que suelo dar bastante importancia cuando escucho un nuevo disco, siempre que puedo, claro. Puede hacer que todo sea mucho más mágico, y Allways bajo una lluvia de estrellas me parece que puede ser flipante.

¿Grabasteis el disco en cinta, como soléis hacer?
Parte del disco está grabada en cinta, sí, la gran mayoría en las grabaciones en vivo en ocho pistas. Siempre me he sentido muy inspirado por el trabajo que hizo el ingeniero Teo Macero grabando en cinta con Miles Davis. Trato de seguir sus enseñanzas y en discos anteriores, como Threace (Drag City Records, 2013), lo hicimos al pie de la letra; grabando jams enteras y luego cortando y pegando aquí y allá. En Allways, sin embargo, hay menos trabajo de edición de cinta. Ensayamos las canciones hasta la extenuación, para poder grabar tomas en vivo de la canción entera.

“La última vez que estuve en España descubrí a Jupiter Lion. Experimentales, pero muy contundentes y directos. Me encantaron”

El disco está grabado entre Chile y Chicago. ¿Qué parte se grabó en cada ciudad?
En realidad, casi todo se grabó en Chicago, pero la gestación empezó en Chile. Fuimos allí después de sacar Threace, de gira y a conocer el país. Un día que estábamos saliendo por ahí conocimos a Nes, el tipo que lleva el sello BYM Records, que hace cosas estupendas. Hay una escena muy interesante y efervescente allí abajo, la verdad. Nos llevamos muy bien con él, y nos propuso grabar allí mismo. Después se vino a Chicago a ayudarnos a terminar.

¿Hubo algún concepto-guía para este disco?
En realidad, la misma de siempre: sentirnos unos a otros mientras tocamos, sentir a la banda. Nuestro proceso creativo parte de esa idea, y la desarrolla a través de la improvisación tratando de llegar todo lo lejos que podemos. El concepto podría definirse como un intento de aprovechar el enfoque de jam, pero de una manera más sólida, sin perderse en la experimentación, trazando líneas a seguir. Como puedes imaginar, es un trabajo arduo, por eso hemos estado dos años y medio con este disco. No teníamos tiempo límite, así que…

¿Cómo ha afectado el cambio de formación al proceso?
Ya teníamos otro miembro no oficial, Rob Frye, que también toca en Bitchin’ Bajas, así que el cambio tampoco hemos notado tanto cambio. Ya ha habido otros cambios de formación, este grupo es una especie de colectivo… Por eso no ha cambiado mucho el proceso creativo, sólo en el hecho de contar con una cabeza con más ideas. Enriquece el sonido con más texturas, como es natural, y lo hace de un modo tan intenso que nos ha sorprendido mucho. En este disco puedes sentir cómo la música se expande en más direcciones, y es algo que esperamos estirar hasta el límite cuando lo presentemos en directo.

El diseño de la portada es realmente curioso, ¿quién lo ha hecho?
Lo hizo un miembro original de Cave, que estuvo en el primer disco, Janus Zebulon. Ha hecho casi todas nuestras portadas, es nuestro tío visual (risas). Trabaja de un modo muy original, aislado de todo… un personaje interesante.

¿Os sentís cómodos con la etiqueta “psicodelia”?
Hay elementos psicodélicos en nuestros discos, pero no diría que somos una banda psicodélica. Es difícil definir psicodelia hoy en día, porque está tan integrada en la cultura pop, incluso en el mainstream, que ha perdido algo de sentido. Hace diez años, todo el mundo parecía querer apuntarse a la psicodelia, todo el mundo tiraba de delay a todas horas, pero para mí la única banda psicodélica cien por cien es The Butthole Surfers.

¿Qué significado tiene el título del álbum?
Es un juego de palabras que alude a la experimentación musical, algo así como “todos los caminos” para explorarla.

¿Por qué la primera canción se llama The Juan?
Desde siempre nos han gustado mucho los juegos de palabras (risas). Al principio la canción iba a llamarse The John, pero quisimos darle una vuelta metiendo la traducción en español. En San Yago volvemos a hacerlo. Es una alteración del nombre de la capital de Chile, Santiago, donde estuvimos grabando la parte inicial del disco.

¿Qué tenéis preparado para las presentaciones del disco en directo?
Estamos intentando preparar un show audiovisual interesante, que combine bien con toda la experimentación que llevamos a cabo en los conciertos, que suele ser mucha.

Hace poco estuviste tocando en España con otra de tus bandas, Bitchin’ Bajas, ¿qué tal fue?
Genial, nos lo pasamos muy bien, como cada vez que vamos a España. Edu Giradiscos siempre hace un trabajo magnífico organizando nuestras giras.

Se va a publicar una antología de Bitchin’ Bajas. ¿Qué puedes contarnos al respecto?
Estando en España encontré el título perfecto para una recopilación de Bitchin’ Bajas. Se va a llamar Rebajas (risas). ¿Qué mejor palabra para vender toda nuestra discografía a precio reducido? Creo que va a ser un lanzamiento apreciado por coleccionistas, ya que contiene mucho material extra e información sobre las sesiones de grabación y otros detalles.

¿Te gusta alguna banda española?
La última vez que estuve descubrí a Jupiter Lion. Experimentales, pero muy contundentes y directos. Me encantaron.

¿Qué tal está la escena musical de Chicago?
Pues podría decirte que vive el mejor momento desde hace décadas, y no te exageraría. Salir por ahí de noche a descubrir bandas ha vuelto a ser emocionante en Chicago. Hay todo tipo de propuestas, y de lo más arriesgadas, que fusionan estilos sin ningún complejo con mucho talento.