“Me gustaría que ‘Cosmic Dancer’, de T Rex, sonara en mi funeral”
Entrevistas / Buzzard Buzzard Buzzard

“Me gustaría que ‘Cosmic Dancer’, de T Rex, sonara en mi funeral”

Carlos Pérez de Ziriza — 21-09-2020
Fotógrafo — Archivo

Publican once canciones en un EP, “Non Stop” (Communion/Music As Usual, 20), y son muchos los grandes nombres de la música y la prensa que les respaldan, así que toyo lleva a pensar que Buzzard Buzzard Buzzard van a hacer ruido durante esta complicada temporada.

Iggy Pop o Noel Gallagher les alaban en público. Y ellos lo justifican con una forma muy fresca, descarada y contagiosa de somatizar los preceptos del glam rock de los setenta. Extraen vivacidad e insolencia de algo esencialmente manido, y eso tiene su mérito. Como en su día Supergrass, por ejemplo. Debutan con “Non Stop”, un EP de once canciones (o sea, algo así como un álbum encubierto) cuyo contenido han ido avanzando en los últimos dos años, tiempo durante el que han ido ganando adeptos –y con razón– en las redacciones de NME o The Guardian. Se llaman Buzzard Buzzard Buzzard, vienen de Cardiff y escucharles equivale a amarles. O, al menos, a tener muchas ganas de verles sobre un escenario. Hablamos por teléfono con Tom Rees, guitarrista, cantante y compositor del cuarteto que completan Ed Rees al bajo, Zac White a la guitarra y Ethan Hurst a la batería.

Vuestro debut discográfico es un EP, pero tiene once canciones, como cualquier álbum. ¿Por qué?
(Risas) Sí, es como una pequeña trampa para hacerle saber al mundo que es solo la primera exposición de la banda. Como una introducción. Creo que teníamos miedo a considerarlo como un álbum, y como el álbum de verdad lo sacaremos el año que viene, pues se quedó así.

¿Es cierto que todo empezó como un proyecto de pop de dormitorio por tu cuenta?
Sí, yo estaba en una banda indie que ahora me parece horrorosa, en el espectro más bajo de lo que entendemos como indie. El batería, Ethan, que es el mismo que tenemos ahora, estaba por la labor de grabar, incluso utilizábamos la casa de sus padres como estudio cuando estos se marchaban a trabajar, pero entonces era un tipo muy perezoso, no se levantaba hasta la una de la tarde. ¿Qué clase de vida es esa? (risas). Yo tenía que prepararlo todo entre las ocho y las doce del mediodía, me quedé con las seis canciones que compuse entonces, que en realidad fusilan otras canciones de los años setenta, todo muy kitsch, muy de coña. Y eso nos llevó hasta aquí.

“Me alegra que se note ese humor, porque no hay nada peor en el mundo que intentar ser gracioso y que nadie se ría”.

Te iba a preguntar eso, cómo describirías tu música al público de un lugar como España, en el que aún sois unos desconocidos. Hay una influencia muy clara del glam rock, ¿no?
Sí, totalmente. Aunque también te diré que me encantan los AC/DC de la primera época, con Bon Scott. Lo que decía sobre ellos: “somos una banda de rock, nada más y nada menos”. Igual suena típicamente británico todo este rollo de “llévame a los buenos viejos tiempos”, pero es importante reconocer que solo somos una banda de rock, y no hay nada por lo que avergonzarse de ello. Y creo que es importante para nosotros el alejarnos del cliché de banda indie, diferenciarnos de esa etiqueta. Somos una banda de rock. Pero sí, el glam rock es una gran influencia. Me encanta “Electric Warrior” de T Rex, es mi clásico álbum de juventud, el que escuchaba todo el día. Me gustaría que “Cosmic Dancer” sonara en mi funeral, y que todo el mundo llorase (risas).

¿Sentís afinidad por bandas amigas vuestras como Boy Azooga?
Vivimos en Cardiff, compartimos el mismo sentimiento de comunidad, pero estilísticamente no nos parecemos demasiado. Quizá sí en el sentido de que hacemos un rock que podríamos llamar amable, entusiasta, muy de Cardiff.

Ahora que mencionas vuestra procedencia, te quería preguntar si las bandas de Gales lo tenéis más complicado a la hora de que os consideren cool. Siempre he tenido esa impresión con Catatonia, Super Furry Animals o Manic Street Preachers, por ejemplo, a quienes les costaba más tiempo consolidar su prestigio que a las bandas de Londres, Manchester o Glasgow.
Así es. Me gustaría pensar que los tiempos están cambiando, pero tienes toda la razón. Los chavales que montaban bandas en Gales con quince o dieciséis años estaban siempre obsesionados con ir a Londres, salir de Gales como fuera y buscarse la vida allí. Pero últimamente la gente en Gales es más propensa a aceptar su identidad. Entre finales de los 2000 y principios de los 2010 hubo una generación de indie rock galés algo perdida, que pasó muy desapercibida, en parte también porque trataban de prosperar en Londres, pero ahora hay una conciencia más clara de que aquí se puede crear una escena por sí misma. Creo que nos hemos dado cuenta de que cualquier escena musical, esté dónde esté, ha de ser creada de forma orgánica, y esa será la manera de llamar la atención de la gente. Porque durante mucho tiempo hemos intentado que funcionase al revés: movernos a Londres para intentar convertirnos en estrellas. Pero si se crea algo orgánico, fresco y real, como lo que está ocurriendo ahora en Gales, Londres volverá a mirar hacia nosotros y a considerarnos cool. Es un momento creativamente muy inspirador ahora en Gales, y creo que va de la mano del desarrollo del país, de cómo nos sentimos identificados, de cómo nos manejamos sobre los escenarios del resto del Reino Unido –porque el Reino Unido es un lugar muy complicado ahora mismo, con muchas identidades batallando entre ellas– y de la confianza que mostramos en nosotros mismos.

Encuentro muy interesante vuestro sentido del humor. En” John Lennon Is My Jesus Christ” decís también: “Marc Bolan es mi maharishi, David Bowie es mi Henry Ford y Bill Fay es mi J.C Bose”.
Sí, es algo que consideramos importante. Escuchar a John Lennon fue algo que me ayudó, porque cuando estaba curtiéndome en bandas indies, siempre escribía sobre asuntos imaginarios y bastante tópicos, canciones de amor de mierda. Cosas que ni siquiera me habían ocurrido. Pero cuando escuchaba a Lennon, incluso aunque no fueran cosas con un especial sentido del humor, todo lo que me llegaba era desde su perspectiva. Y me di cuenta de que tiendo a ser sarcásticamente británico en el día a día, a reírme de todo, y pensé que sería bueno trasladar eso a mis canciones. Eso me llevó a la convicción de que la honestidad, lo que intentas decir y quién eres, es una de las cosas más importantes en la música pop. El humor permite que tu público esté más relajado, especialmente en directo. Es una pena que no hayamos tocado aún en España, pero cuando lo hagamos, podrás ver que ese sarcasmo está presente, y está bien porque barre muchos prejuicios acerca de lo que la gente puede pensar al acercarse a ver a una banda de rock, que se supone va a tomarse muy en serio a sí misma. Me alegra que se note ese humor, porque no hay nada peor en el mundo que intentar ser gracioso y que nadie se ría.

“Todos los músicos tratamos de llevar nuestra música un poco más allá cuando tocamos en directo”.

De hecho, me habéis recordado a una época –mediados de los noventa, pleno auge del britpop– en el que el sentido del humor, a veces muy de clase obrera, era frecuente en muchas bandas británicas, algo que se fue perdiendo a principios de los 2000 con el éxito de Coldplay y la forma en que muchos músicos en su estela trataban de sonar trascendentes.
Sí, todo el mundo empezó a tomarse demasiado en serio a sí mismo. Pero hay un aspecto importante en lo que dices: la mayoría de esas bandas que se tomaban tan en serio venían de la élite social, no eran precisamente de clase trabajadora. Papá y mamá les habían dado su oportunidad. Tenían la mentalidad de The Strokes. Que a mí me gustan, pero es como para decirles “quitaos la chaqueta de cuero, por favor”. Es algo muy del rock indie de principios de los 2000. Yo me alegro de que se recupere el sentido del humor y la capacidad de reírnos de nosotros mismos. Father John Misty es uno de los grandes haciendo eso. Le vi en directo en Paredes de Coura, en Oporto (Portugal), uno de los mejores festivales en los que he estado, y me cambió por completo la idea de cómo el humor puede integrase en la música. Cuando salió al escenario, pensé que iba a ser el clásico tipo ultracool, serio y hipster, pero no paró de soltar paridas con gracia, y eso hizo que todo el mundo se sintiera muy relajado.

Sí, lo de las chupas de cuero como uniforme preceptivo fue una constante en los primeros 2000. Incluso aunque tocaras a las seis de la tarde en el FIB, con el sol pegando de cara y a cuarenta grados. Recuerdo a una banda británica, Hoggboy, de esa guisa. Y a algunas más.
Sí, aunque se derritan (risas). Pero les puede su propia percepción de lo cool que son. Prefiero la honestidad de quien está muriéndose de calor y se quita la cazadora de cuero. Que no pasa nada por eso, hombre. Pero no ocurre muy a menudo.

Volviendo al disco: “Theme From Early Morning City”, “Theme From Late Night City”, que son dos breves interludios, y “Long Day/Free Day” son precisamente los únicos tres momentos de calma. ¿Es un disco pensado para reflejar musicalmente las diferentes fases del día?
Sí, exactamente. Me gustan los interludios, como si fuera música de películas, porque te dan una instantánea en el tiempo, generan una respuesta potente en la memoria. Hay un puente que cruza el río Taff, en Cardiff, y según la hora del día en que lo cruces, te permite ver diferentes cosas. En “Theme From Late Night City” es como si yo fuera la cámara, un observador que cruza ese puente para acceder al centro de la ciudad un sábado por la noche. Y “Theme From Early Morning City” ilustra lo que es cruzar el mismo puente en sentido inverso, a primera hora de la mañana, sobre las seis y media. Es un paseo que hacía muy a menudo cuando trabajaba en un bar, desde las once de la noche hasta las cinco de la mañana, en jornadas bastante agotadoras.

He leído que “Double Denim Hop” es la primera canción con la que te sentiste realizado.
Sí, creo que fue la primera que escribí antes del proceso de grabación, es como una canción de estudiante de clase media que termina la universidad y no tiene ni idea de qué hacer con su vida. Fui a ver a un amigo en Escocia, a St Andrews, y de forma enfática y un poco autoindulgente, durante un par de días libres que tuvimos, estuve vistiendo doble tela vaquera todo el tiempo. Me daba una gran satisfacción escribir sobre algo así, en lugar de apelar a grandes conceptos.

La canción tiene otra versión en clave de música disco.
Sí, con diecisiete o dieciocho años estuve metido en una banda que sonaba a eso, Chronic Strut. Tocábamos jams de tres horas, nos gustaban mucho los primeros Kool & The Gang, Parliament y Funkadelic. En los últimos álbumes de John Lennon también se hace notar la influencia de la música disco. En “Walls And Bridges” del setenta y cuatro, por ejemplo. Me encanta la música disco.

Por cierto, que Noel Gallagher e Iggy Pop os han alabado en público. No es mala tarjeta de presentación, ¿no?
Sí, no es demasiado andrajosa, desde luego (risas).

Supongo que el directo es lo que da la auténtica dimensión de vuestra música, tan energética y vitalista. Debéis tener muchas ganas de escenario, ¿no?
Totalmente. Siempre que descubro música me apetece comprobar cómo es luego en directo. Creo que todos los músicos tratamos de llevar nuestra música un poco más allá cuando tocamos en directo. Es imposible replicar punto por punto una grabación, y tampoco vale la pena. Es una pena que ahora estemos en este limbo, porque tenemos unas ganas locas de volver a sudar a chorros sobre un escenario.

 

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