“Me llevó años preguntarme por qué estaba enfadado en los conciertos”
Entrevistas / Bill Callahan

“Me llevó años preguntarme por qué estaba enfadado en los conciertos”

JC Peña — 22-06-2019
Fotógrafo — Archivo

El matrimonio y la paternidad le han sentado de maravilla al lacónico maestro del folk alternativo, que regresa con un doble apabullante: Shepherd in a Sheepskin Vest (Drag City/PopStock!, 19), compendio de sus virtudes y más luz.

La perspectiva de entrevistar por teléfono a Bill Callahan impresiona, si uno tiene como referencia su imponente producción bajo el alias de Smog y su propio nombre, desde hace ya tres décadas; una veintena de trabajos de una exigencia y sobriedad poco comunes.

Pero por teléfono y desde su casa en Texas, el norteamericano se muestra tan afable como pausado y concienzudo en sus respuestas. Con su nuevo disco doble mantiene el nivel de excelencia al que nos tiene acostumbrados, pero con una perspectiva más “amable”. Lo admite él mismo, intercalando risas cortantes y un seco sentido del humor. Un artista genuino, de esos que desarman por su normalidad. Presentará el disco en Europa con la banda del estudio. España no está incluida.

Casi seis años después de ‘Dream River‘ (13) vuelves con un disco doble. Veinte canciones y sesenta y tres minutos. ¿Era tu plan desde el principio?
Bueno, llevaba cinco años en silencio y supongo que quería darle a la gente que lo esperaba algo más que nueve canciones. Esperas cinco años y tienes nueve canciones…Ésa es una de las razones, que quería que hubiera mucho ahí dentro. En realidad, empezó siendo mucho más corto, pero quería añadir tantas perspectivas a la historia como pudiera. Y eso significaba meter más canciones.

“Oír las canciones viejas es como citarte con una novia de hace veinte años”

Leyendo los créditos he visto que lo grabaste en un periodo de seis meses. Me pregunto si esto ha sido una novedad para ti.
Nunca lo había hecho antes. Normalmente, hago un disco en una semana o diez días del tirón. Aprendí un montón sobre cómo tomarte tiempo para que las cosas vayan desarrollándose, en lugar de apresurarte porque estás pagando cada hora de estudio. Me planteé este disco como un regalo a mí mismo, porque no había estado en un estudio desde hacía mucho tiempo y traté de no preocuparme sobre el tiempo que me estaba llevando. Pero a veces fue un poco insoportable, casi como tener un trabajo normal (risas), porque tenía que ir al estudio todos los días. Me alegré cuando se terminó: me llevó mucho trabajo.

De hecho, tocas numerosos instrumentos. Y por supuesto, hay otros músicos. Pero todo está usado muy sutilmente. ¿Cómo ha sido el proceso de arropar tu voz con los diversos instrumentos?
En la mayoría de los discos me hago una foto mental de cómo quiero sonar. Y me resulta bastante fácil encontrarla. Pero para éste no lo tenía tan claro, más allá de que quería que fuera acústico. Y luego, por alguna razón, empecé a probar algunos sintetizadores para tener una especie de sonido abstracto: pueden hacer los sonidos más extraños y cosas raras. Lleva su tiempo encontrar el sonido adecuado. Me pareció que añadir este tipo de sintetizadores analógicos a los instrumentos acústicos tenía sentido, porque es una combinación que suena muy orgánica y natural, encajaba. Creo que esos sintetizadores tienen un sonido como humano. No es que lo planeara, sino que experimentar me llevó a ese sonido.

Tus álbumes siempre han sonado tal y como dices, orgánicos, y éste no es una excepción. Se puede escuchar hasta el soplo de la cinta. Me da la impresión de que pones mucha atención en el sonido. ¿Cómo te planteas el proceso de grabar y cómo parecido o diferente fue este disco?
En el estudio grabamos en un ocho pistas en cinta de una pulgada, y esto te limita: obviamente, con un ocho pistas no puedes complicarte mucho la vida, tienes que elegir y descartar cosas. Incluso cuando trabajo con veinticuatro pistas, trato de mantener esa actitud. Poner sólo cosas que sean necesarias. Y el ingeniero, Brian Beattie, siempre entiende las necesidades de mis canciones. El día antes de entrar, fui al estudio y toqué las canciones en directo. Fue un poco como plantar la semilla del tipo de disco que quería hacer. Él entendía muy bien lo que buscaba sin necesidad de hablarlo mucho, y siempre llevó la canción en la dirección que necesitaba.

¿Hasta qué punto el nombre del disco (“Pastor con un chaleco de oveja”) se refiere a los cambios en tu vida -tu matrimonio y maternidad-, o cuál es la intención que tiene, si se puede explicar?
Creo que, en general, los nombres de los discos deben ser muy abiertos. Tienen que crecer según pasan los años y tener significados distintos para cada uno de los oyentes y la relación que tengan con el disco, o la definición que se hagan en su cabeza. Un buen título es muy flexible. Así que para mí, significa varias cosas en conflicto, y por eso me gustaba. En cierta manera, es un título muy amable: un pastor que quiere ser como su rebaño, en cierta medida. Pero si lo piensas, para conseguir el chaleco ha tenido que matar a alguna de las ovejas (risas). Es como unir el concepto del rebaño con una carnicería. La imagen que tenemos del trabajo del pastor es como de alguien muy solitario que camina por las colinas, pero también tiene a su rebaño, que es como la familia. Es una profesión aislada, pero también enriquecedora. El pastor evoca conceptos muy contrapuestos.ç

“Creo que es un disco más amable, con más sentimiento. Puede que tenga que ver con ser padre”

Siempre has tendido a hacer canciones muy sobrias o “clásicas”, pero últimamente has destilado tu lenguaje a lo esencial. Me pregunto cómo te cuesta llegar a ese punto.
Creo que lo más importante para la creatividad es la paciencia. Puedes forzarte, pero lo fundamental es que conserves la paciencia, sentándote en aquel lugar desde donde vayas a crear. Si no eres paciente y te frustras, no te va a salir nada. Se trata de mantener la calma, ponerte a ello, y al final tendrás algo. La ventaja que tengo yo es que llevo haciendo esto desde hace treinta años, así que tengo al tiempo de mi parte. A estas alturas nunca lo voy a perder, porque sería una locura, no tendría ningún sentido.

¿Y cómo te sientes respecto a este disco en particular? ¿Crees que, aunque has hecho unos cuantos muy buenos, tiene algo único?
Sí, sin duda es el disco más difícil con el que me he encontrado en cuanto a composición y grabación. Estoy orgulloso de haber fijado la regla de que fuera acústico, con guitarras acústicas, y hacer que funcionara. Fue exactamente lo que me propuse hacer. Creo que es un disco especial en ese sentido.

Obviamente, tu voz sigue siendo tu principal arma expresiva. ¿Cómo crees que ha cambiado tu manera de cantar en estos años, y en particular con este álbum?
Cuando empecé, ni pensaba en ello. Todo se reducía a las letras. En un punto, hacia 2005 empecé a hacerlo. Y con este disco, quise ir aún más lejos. Puede ser fácil cantar del mismo modo: una vez que dominas ciertas notas, te quedas ahí. Pero quería ser mejor, por lo menos he intentado ser mejor cantante. Me he esforzado más. Mi registro natural es bajo, pero por alguna razón, en este disco quería cantar en un registro más alto. Creo que es un disco más amable, con más sentimiento. Puede que tenga que ver con ser padre. Buscaba ser como más femenino o amable.

¿Te inspiraron de alguna manera ciertos clásicos dobles? ¿Te gustan ese tipo de discos?
Sí. Lo que pasa es que hay dos tipos diferentes de dobles. Los hay que, simplemente, juntan muchas canciones. Y, por otro lado, los que transitan por muy diversos caminos. Creo que mi disco hace algo así pero no es un disco completamente experimental. En ese sentido, se queda entre estos dos mundos por los que se suelen hacer discos dobles: tenía muchas canciones y también quería ser un poquito más experimental. Creo que tiene un poco de ambos.

Has repetido varias veces que lo consideras un disco “más amable”. ¿Crees que estás explorando más la luz o el lado positivo de la existencia?
Sí (larga pausa). Quería sonar como más relajado que en discos anteriores.

Siempre has tratado en tus letras temas universales y atemporales. Me pregunto qué piensas de la sobredosis de política y comentarios sociales que estamos viendo, con muchos artistas sacando discos abiertamente políticos o “sociales”.
No sé cómo es en otros países, pero en Estados Unidos se ha convertido en una especie de extraña monomanía. Da la impresión de que la gente sólo tiene una cosa de la que hablar. Por supuesto, creo en la libertad de expresión, pero eso no significa que me resulte interesante cuando un cómico o un actor sólo hablan de política. No me interesa lo que opines sobre política: me haces reír, o haces una película que me enseña algo sobre otros aspectos de la humanidad. Estamos atrapados en este extraño monotema. Hay demasiada gente diciendo lo mismo. No necesitamos oírlo una y otra vez. Echo en falta otras cosas. Y por supuesto, siempre hay otras maneras de hacer obras de arte que reflejen los tiempos en que vivimos, en lugar de tratar sobre el ambiente actual directamente. Además, hablando tanto sobre ello, le damos demasiado peso. Se convierte en un lloriqueo con el que no vas a cambiar el mundo. Pero la gente hace como que sí, ya sabes.

“En estos cinco años me dio tiempo a pensar que ya no le interesaba a nadie”

Bueno, hace falta una sabiduría importante para llegar a esa conclusión (risas).
Sí (risas).

Cambiando de tema: supongo que eres consciente de que eres un artista muy respetado. En Europa, y concretamente en España, siempre se te ha tratado muy bien. ¿Cómo te tomas esto?
Es algo que he notado haciendo este disco y cuando he empezado a hacer entrevistas. Una de las primeras me la hizo una mujer de Inglaterra con la que he hecho entrevistas durante, probablemente, veinticinco años. Es bastante asombroso que mantenga su trabajo y piense que merece la pena hablar sobre lo que hago, y oírlo. Haciendo discos cada dos años sería distinto, pero con el parón de cinco años me dio tiempo para pensar que igual esto ya no le importaba a nadie (risas). Me siento honrado de que la gente todavía me dé una oportunidad escuchando mis discos tras todos estos años, así que no lo doy por sentado. Es bonito cuando alguien llama de Europa.

Pero después de una veintena de discos como Smog y con tu nombre, ¿qué es lo que te motiva o inspira para seguir haciendo discos como éste?
Eh…(larga pausa). No puedo evitarlo. Es una parte natural de mi “maquillaje”, ya sabes. Me gusta mucho este disco. Al acabarlo, he empezado a ensayar para la gira, y todavía estoy aprendiendo de qué va y cómo van a encajar las nuevas canciones con las viejas. Cuando acabas un disco, dices: “Esto es lo que quería”. Pero una vez sacas las canciones del estudio y las subes al escenario, te das cuenta de que hay un montón de canciones cortas que podrían no funcionar. Y entonces piensas que necesitas más tipos de canciones y que a lo mejor necesitas hacer otro disco. Es lo que parece pasar siempre. Te das cuenta de las carencias.

¿Me podrías hablar un poco del tour que empiezas? ¿Cómo ha cambiado tu relación con el directo, si es que lo ha hecho?
Bueno, cuando empiezas aceptas cualquier cosa, aunque sea tocar con un grupo de death metal, y sabes que al público le puedes importar una mierda. Se plantan las semillas del antagonismo, porque dices: “Que le den al público, voy a tocar para mí”. Tras unos pocos años, la gente empieza a venir para oírte, pero puede ser duro, porque esa raíz de antagonismo sigue ahí. La tienes que descartar, pero es difícil. Creo que me agarré a esa actitud durante demasiado tiempo: estás como enfadado y te sientes oprimido en el escenario. Me llevó años preguntarme por qué estaba enfadado, que la gente ya conocía mi música y venían a verme, limitarme a pasarlo bien. Ahora es bastante más fácil, porque la mayor parte de la gente está ahí para disfrutar de mí.

Has seguido en el sello Drag City desde el principio de tu carrera, lo cual es algo muy raro. Pero me gustaría terminar con tu reflexión sobre cómo ha evolucionado la industria musical.
Las cosas han cambiado, sin duda y todavía lo están haciendo. Siguen dándole vueltas a cómo hacer que el streaming funcione. Creo que todavía no se ha resuelto, así que es mejor no hacer ningún juicio, porque ni siquiera las compañías de streaming están seguras de lo que hacen y de lo que va a pasar. Es difícil sentirse de una u otra manera sobre ello. Al empezar con Drag City en el 90 o el 91, crecimos juntos, y hemos alcanzado cierto éxito. Cuando empezó el streaming, creo que nos sentimos igual: Claro que no. Porque ambos disfrutamos mucho haciendo un producto con un arte, una portada y todo eso. El objeto físico. Y necesitamos tiempo para saber qué va a pasar.

¿Qué piensas cuando oyes tu material antiguo, las canciones de los noventa?
Es como si fueran de otra persona. Ni siquiera me interesan, no puedo oírlas. No saco nada. Es como citarte con una novia de hace veinte años (risas). Fue divertido mientras duró, pero…no puedo volver atrás. En directo es diferente, alguna vez toco alguna, porque las puedes cambiar un poco y mi voz se ha hecho más profunda con la edad. Pero sobre todo, pienso en el presente y el futuro.

¿Dirías que en este tiempo ha cambiado tu manera de componer y escribir tus textos?
Eso es algo que no ha cambiado en absoluto. Cuando compuse una canción para este disco, me sentí exactamente igual que entonces. Eso no ha cambiado.

 

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