“Big Red Machine significa amistad, la que me une con Justin, e infancia”
Entrevistas / Big Red Machine

“Big Red Machine significa amistad, la que me une con Justin, e infancia”

Yeray S. Iborra — 19-09-2018
Fotógrafo — Archivo

Justin Vernon (Bon Iver) y Aaron Dessner (The National) tardaron casi diez años en cuadrar agendas para trabajar juntos. Pero lo lograron. Y desde entonces ha sido un no parar. Ahora, bautizados como Big Red Machine lanzan Big Red Machine (Jagjaguwar/Popstock!, 18) bajo su propia plataforma cooperativa, PEOPLE. Las personas en el centro.

La ciudad estadounidense de Cincinnati fue fundada en 1788. Pero la mayoría de americanos no supieron ubicarla en el mapa hasta los años setenta del siglo pasado. Todo cambió cuando su equipo de béisbol, los Cincinnati Reds, empezaron a hacer historia. A los ocho magníficos que dominaron la liga durante más de una década se les apodó Big Red Machine. El término, acuñado en 1969 por un periodista del Cincinnati Enquirer, el tabloide local con más tirón, enseguida hizo fortuna y todavía hoy los aficionados de Ohio sacan pecho recordando al mítico combinado, a la gran máquina roja de los home runs. Tanto es así que, para Aaron Dessner (Cincinnati, 1976), citar a los Reds son palabras mayores. Subir a una especie de desván a desempolvar recuerdos de crío: el multiinstrumentista de The National es de los que podría nombrar uno por uno aquel equipo irrepetible. Parco en palabras, y diplomático como si en lugar de haber nacido bañado por las aguas del Misisipi lo hubiese hecho por las del Támesis, Dessner sólo pierde la compostura al recordar, cuando todavía era un renacuajo, a los Red Machine. “¡En 1976 los Reds se comieron a los Yankees! ¡Siempre me lo contaban! Es parte de mi historia”, rememora.

“Con Big Red Machine, queremos hacer cosas especiales. Pocos conciertos, alguno en Nueva York, alguno en Europa. Pero no hay nada cerrado”.

Esa poderosa ancla a la infancia ilustra ahora un nuevo proyecto, compartido con Justin Vernon (Bon Iver), Big Red Machine, que también tiene mucho que ver con volver a aquellos primeros años de inocencia. Al descubrir más primario y lúdico. Pero, ¿por qué carajo aceptó Justin Vernon, siendo él de Wisconsin, llamar a la banda como un equipo de béisbol de un estado a kilómetros del suyo?

Era 2008 cuando Dessner y Vernon se conocieron vía MySpace, para colaborar en un tema para un álbum benéfico, Dark Was The Night. “Le iba a pasar unas bases a Justin y quise nombrarlas Big Red Machine. Era solo una prueba, una tontería. Pero cuando convertí la pista, el Pro Tools [software de audio] interpretó el título que le había puesto como ‘heart’ [corazón]. Me gustó que entendiera eso. ¡Ahora hay un corazón en la portada de nuestro disco! Así que al final, Big Red Machine significa amistad, la que me une con Justin, e infancia”, justifica telefónicamente Dessner desde algún lugar de Dinamarca (su mujer es danesa).

Aquella primera toma de contacto, aquella casualidad, dio paso a nuevos encuentros entre los dos músicos americanos. Fue en un momento en que Dessner empezó a barruntar la idea de cambiar de rutinas, después de más de veinte años girando con The National. En 2015, durante la celebración del festival Eaux Claires, creado por Dessner y Vernon, ambos lo vieron claro: debían montar una plataforma cooperativa donde lo que primara fuera la creación. Un año después, en Berlín, conocieron la experiencia de las residencias artísticas. La mecha había prendido. “Fue algo muy trascendente para nosotros. Llevábamos años sintiendo la necesidad de crear un lugar en el que las ideas crecieran sin presión comercial. Hacer una comunidad que con el tiempo fuera más allá de nosotros: dar voz a más personas. Conectar a la gente”, añade. “Con PEOPLE queremos crear música, visuales, de todo… Y que sea sostenible, pero independiente de las grandes corporaciones”, dice Dessner. Al directorio de PEOPLE, consultable en una web bajo el mismo nombre (separadas las letras con guiones), ya se han unido artistas de la talla de Sharon Van Etten o Ryuichi Sakamoto. Hace pocos días, la iniciativa de Vernon y Dessner también quedó plasmada en un evento de showcases, el PEOPLE Festival. Allí tocaron Feist, Francis And The Lights o Parcels.

En paralelo al impulso de la nueva plataforma de cooperación entre artistas, Vernon y Dessner siguieron intercambiando mails con más músicas, con más ideas. Una vez terminados los compromisos con sus proyectos propios, a mediados de 2017, se encerraron a sumar temas para su debut homónimo, “Big Red Machine”, que aparece en formato físico en asociación con el sello Jagjaguwar.

Long Pond, una cabaña que Aaron Dessner había comprado años atrás, el esqueleto de una granja del siglo XVIII en Hudson Valley (Nueva York) donde el músico creó un estudio que también vió nacer “Sleep Well Beast”, el disco de The National del año pasado, fue el cobijo ideal. Por allí pasaron amigos y conocidos y hasta los propios hijos de los músicos. El resultado son diez temas de folk cálido pero descamisado. De vanguardia. Canciones comidas de ruidos orgánicos. Loops y loops junto a melodías vocales de la factoría Bon Iver. Un cajón de sastre exquisito. Un patio de recreo con dos genios al timón. “La idea era estar sentados alrededor del fuego haciendo canciones. Y ya. Big Red Machine ha sido solo experimentación; algo no acabado, salvaje. Con amigos. Por eso en el libreto hay tantas referencias al amor, a la amistad. Porque hemos hablado mucho de ello. Al final hemos descubierto que la creatividad se da gracias a la amistad. Trabajando juntos, intentándolo. Abriéndose. Big Red Machine es el porqué de la música, volver a la sensación de cuando empecé a tocar cuando era pequeño”, acompaña Dessner, con voz entrecortada. “Con los años te alejas de eso. Y lo más importante es mantenerte pegado a esa parte de tu yo niño”.

Esa misma filosofía, la de Big Red Machine, la de PEOPLE, también ha permeado los directos que han hecho con Vernon. “Antes de entrar a Long Pond a grabar ya probamos todo esto en directo, en Wisconsin y Copenhagen: improvisamos delante de la gente todo el rato. Las canciones no tenían ni principio ni final. Eso me recordó a bandas como Grateful Dead, que en los sesenta no hacían nunca los temas igual”, razona, cuando la conversación toca a su fin. Antes de colgar, Dessner se despide con un deseo: seguir jugando. “Es muy divertido lo de las actuaciones normales, ante grandes audiencias. Pero con Justin, con Big Red Machine, queremos hacer cosas especiales. Pocos conciertos, alguno en Nueva York, alguno en Europa. Pero no hay nada cerrado. Ya nos pondremos”.

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