Artistas de lo complejo
Entrevistas / Schwarz

Artistas de lo complejo

Miguel Cansado — 31-08-2004
Fotógrafo — Archivo

Activistas del drone y del do it yourself, Schwarz ofrecen un cuarto disco fabricado a fuego lento en su propio estudio y con desarrollos zumbados llenos de zumbidos. Sacaron su nombre de una enciclopedia del krautrock y desde entonces no han dejado de circular por las autopistas menos trilladas. ¿Escuchaba Picasso a Neu! cuando se inventó algo tan nuevo como “Las señoritas de Avignon”? La respuesta, en “Arty Party” (Astro, 04).

Referencias a la nouvelle vague y a Spacemen 3, guiños velados a Polanski y a Picasso –usan uno de sus cuadros en la portada del álbum. Schwarz quieren hacer algo personal, pero saben que es difícil conseguirlo desde una actitud naïf. Por eso no esconden sus filias. Si el autor del “Gernika” ya ha sido usado para vender un coche, ¿por qué no reutilizarlo para un disco como el suyo? Si han usado muestras de Tim Buckley y de Mozart, si llueven Moogs y Farfisas… Vendieron el anterior disco como “el pop según Schwarz”, ¿cómo definirían éste? “No sabría resumirlo en una sola frase. Tiene elementos comunes con discos anteriores, pero a la vez es otra vuelta de tuerca. Lo que sí hay es una presencia aún mayor de drones y puede que eso lo haga un disco más hipnótico que los anteriores”, explica Alfonso Alfonso, compositor de este art-trío, siempre bien flanqueado por Juanma Martínez y César Verdú. Y es que, cuando reivindica su sonido como hipnótico, cabe definir su propuesta como drug-rock. “Ese término hace referencia a la música, no al estado en que ha sido compuesta. Si fuera así, G.G. Allin sería uno de los máximos representantes del drug-rock, y no lo creo así. Entiendo que el drug-rock es música que pretende funcionar como una droga, provocar en el oyente el efecto de una droga. Consumir drogas mientras se escucha ya depende de cada cual, no es necesario aunque a veces sí conveniente. Es el famoso lema de Spacemen 3: tomando drogas para hacer música con la que tomar drogas. No en vano ellos son el máximo exponente de este estilo, si es que es un estilo…”.

“Creo que la única satisfacción que vas a sacar de todo este tinglado es la que te proporcione tu propia música. Hay demasiados sueños de grandeza”

Y es que Schwarz no tienen un rígido libro de estilo. Su potencial está precisamente en que se plantean la composición como un ejercicio de ensayo-error. Por ejemplo, “Arty Party” se ha grabado durante varios meses en su propio estudio. “No existe ´la´ buena producción, no hay receta. Cada grupo requiere un sonido diferente. El problema de las grabaciones en estudios profesionales cuando trabajas con presupuestos de compañía independiente es que nunca hay tiempo para nada. Y hoy por hoy prefiero grabar con un equipo modesto y tener tiempo para estrujarlo”, apunta, aunque me reconoce que no le importaría que Sonic Boom –del que se reconoce fan, junto a una larga lista que va de Flying Saucer Attack a Glenn Branca, pasando por King Crimson- les produjera un disco. Lo único que parece importarles es, en definitiva, lo más importante: la música. Algo que queda sobradamente demostrado tanto por su música, rematadamente anticomercial, como por sus suicidas técnicas mercantiles, algo que se agradece en un estado en el que la independencia no es una opción moral ni estética sino algo más obligatorio que la mili hasta hace poco. “Si estuviéramos obsesionados con vender iríamos directos a la frustración y la amargura, porque está claro que un proyecto como el nuestro nunca va a ser superventas. Eso no significa que no seamos ambiciosos, que no intentemos llegar lo más lejos posible, pero con tranquilidad y una buena dosis de estoicismo. Ese desapego ante el lado más mercantil de este negocio es lo que nos hace poner nuestras ilusiones en otras cosas, como una edición en vinilo de 2×10” o nuestra forma de afrontar los directos, en los que cambiamos el setlist de una noche a la siguiente. Requiere más trabajo y es más complicado de llevar adelante, incluso se comenten más errores, pero ¿qué sería de la música independiente sin estas cosillas?”. Muchos más Schwarz tendría que haber para que existiera la alternativa a la alternativa, lejos de las vacas sagradas intocables por la crítica que tienen estancado esto de la música española. “Creo que la única satisfacción que vas a sacar de todo este tinglado es la que te proporcione tu propia música. Hay demasiados sueños de grandeza, demasiada egolatría en la mente de algunos músicos. La única crítica que te tiene que importar es la tuya propia. A lo sumo, también la de tu novia o novio. Y en cuanto a las ventas, lo único que te tiene que preocupar es que exista una copia del disco para que tú lo puedas escuchar en tu casa”. Pues eso, in it for the music.

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