Desde los dieciocho años hasta los veintidós años, la carrera de Arlo Parks ha ido disparada, pero su salud mental no tanto, algo que la llevó a tener que cancelar algunos conciertos. Aun así, la industria no para y en enero de 2023 apareció su segundo disco, “My Soft Machine”, un disco en el que sonaba agotada. Así que decidió parar, olvidarse de su carrera y recuperar su juventud, se metió a fondo en la escena dance y club de Estados Unidos lo que la cargó de energía e hizo que esa música se filtrara hasta llegar a su tercer disco, “Ambiguous Desire”, en el que su estilo melancólico de siempre se mezcla con unas influencias más de club para crear un híbrido que, como ella misma reconoce, suena más a Massive Attack que a “brat”. Admite el momento en el que cayó hechizada por la pista de baile. “La primera vez que entré a un club, específicamente el Black Flamingo de Nueva York, viví este sentimiento de pertenencia y de excitación. Me sentía segura y en una aventura al mismo tiempo. Ahí fue cuando descubrí que este era un agujero sónico de conejo por el que me iba a dejar caer y que algo iba a penetrar en mi música”. Y eso fue en esa primera noche, pero según fue saliendo a más y más clubs se fue solidificando. “En la pista de baile hay como una fricción entre lo público y lo privado. Puedes tener esos momentos totalmente individuales, en los que te puedes sentir viva y transcendente, pero estás en medio de cientos o miles de personas bailando como tú. Ese contraste me encanta. Hay algo fascinante en caer embrujada por el DJ durante seis u ocho horas. Es algo único. Saca algo más libro e inconsciente de la gente”.
"Me encantaría escribir una banda sonora para una película"
Pero, por supuesto, sabe que su música, sus melodías y sus letras, tienden hacia una parte más melancólica, “creo que hay algo en el corazón de mi música, la poesía, las emociones, que siempre sale en mis canciones. Al irme moviendo en diferentes géneros o en diferentes paletas sónicas, eso siempre permanece y sale igual, así que sí este disco es una especie de matrimonio entre los dos”
Sobre las influencias musicales más marcadas en este disco afirma que “si tuviera que nombrar lo primero que se me viene a la cabeza sería “Protection” de Massive Attack, y también “Blue Lines”. Leí un libro sobre cómo se hizo “Blue Lines” y cómo fusionaron el hip hop americano con sonidos caribeños, poesía con trip hop, fusionaron muchos géneros y salió algo realmente innovador y excitante. Así que Massive Attack definitivamente. También la DJ Honey Dijon ha sido una gran influencia, el disco “Rounds” de Four Tet, Joy Orbison también, ese periodo entre 2009 y 2011 en el Reino Unido del post dubstep con Joy Orbison y el primer James Blake, todo ese tipo de cosas”.
Pero también se sumergió en los orígenes de la música disco. Sobre los pioneros comparte conmigo una pequeña playlist con sus canciones favoritas de los tiempos del Paradise Garage o el Studio 54, “lo primero que me viene a la cabeza es la canción “Peanut Butter”, en el remix de Larry Levan, de esta artista llamada Gwen Guthrie que me encanta, la versión 12 pulgadas de la canción "Number One" de Patrice Rushen, la canción "Is It All Over My Face" de Loose Joints, "I Need Somebody To Love Tonight" de Sylvester y "Mystery of Love" de Mr Fingers”.
Su inmersión ha sido tal que también ha hecho sus pinitos como DJ, así que la pregunto cuáles son los temas que no suelen faltar en sus sesiones y me responde que “diría que “Pop Life” de Prince, amo esa canción, está tan infravalorada, habría algo de Kelly Lee Owens, un poco de clubs de Baltimore, algo de Daniel Avery. Me gusta meter desde más electrónica a cosas más eufóricas para hacer a la gente feliz. La gente quiere ser feliz y pasárselo bien en la pista de baile, así que hay que meter canciones divertidas”.
También me reconoce la enorme importancia que ha tenido en el disco su mudanza a Los Ángeles, “me ha hecho sentir que estaba asentada, me ha traído paz, la comunidad que he encontrado, todo ha definido al disco. Este álbum se ha definido en noches que he pasado con mis amigos allí, en mi casa, pinchando en mi mini disk, pero también la escena club de L.A. Me ha dado mucha confianza en mí misma”.
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Hacia el final de nuestra charla le pregunto por cómo fue la experiencia de escribir para Beyoncé, en concreto en “Ya Ya”, canción que apareció en “Cowboy Carter”, y me responde que fue ahí donde pudo “comprobar lo gran arreglista que es Beyoncé, era una mezcla de múltiple canciones y de ‘samples’, fue increíble ser una pequeña parte de esa gran maquinaria. Además me encanta escribir para otra gente y quiero hacerlo más a menudo”.
Aprovecho para terminar preguntándole que para quién le haría más ilusión escribir y después de reconocerme que su colaboración soñada sería con Thom Yorke, ya que Radiohead es su banda favorita de todos los tiempos, lo que más ilusión le haría sería “escribir una banda sonora para una película, eso es algo que me encantaría hacer, colaborar con un director en crear algo así, eso sería fantástico”.

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