“Gran Bretaña se ha convertido en algo asqueroso en los últimos diez años”
Entrevistas / Arab Strap

“Gran Bretaña se ha convertido en algo asqueroso en los últimos diez años”

Carlos Pérez de Ziriza — 30-04-2021
Fotógrafo — Archivo

Posiblemente Arab Strap fueran la más maravillosa anomalía del pop escocés entre mediados de los noventa y el ecuador de los 2000.

Aidan Moffat y Malcolm Middleton dejaron tras de sí una fabulosa discografía. Un pop escueto, confesional y cocido a fuego lento, que supo evolucionar y tornarse algo más accesible – aunque igual de convincente – hasta que se separaron, en 2005.

Tras varios discos publicados por su cuenta, y bajo diferentes alias, en 2017 Arab Strap se reunieron para una gira. Había ansia por verlos de nuevo. Mucha más de la que ellos mismos pensaban. Se lo creyeron, e idearon un nuevo álbum. El resultado es As Days Get Dark (Rock Action, 2021), un trabajo portentoso que supera cualquier expectativa previa. Y cuya recepción está siendo inimaginable hace unos meses: número uno por vez primera en Escocia y número 14 en Reino Unido, con nueve de sus diez canciones en el Top 10 de las más escuchadas de la banda en Spotify, todas acumulando cientos de miles de reproducciones, y con “The Turning of Our Bones” superando el millón. Los buenos, a veces, también ganan.

Aidan nos atiende desde su casa en Glasgow. Malcolm, desde su estudio en Fife, en la costa este escocesa. Ambos por zoom, claro.

Supongo que en 2005 no pensabais en absoluto en la posibilidad de reflotar Arab Strap. De hecho, Malcolm decía que no creía que fuerais a volver a juntaros nunca.
Aidan: No estoy seguro. Lo que sí teníamos claro es que necesitábamos tomarnos un descanso. Y en aquel momento sí que parecía el final. Ambos queríamos hacer otras cosas. Pero creo que en el fondo siempre tuvimos la idea de que podríamos volver a trabajar juntos. Hace diez años intentamos hacer algo, pero no lo íbamos a llamar Arab Strap. ¿Cuándo fue? ¿Hace diez años o así? (N. del R.: Malcolm asiente con la cabeza). Pero abandonamos ese proyecto porque sonaba a Arab Strap (risas). Siempre existió esa idea de volver, en algún momento.
Malcolm: Sí, en 2005 lo sentíamos como el final. Pero tampoco somos muy de planificar cosas. Lo que no esperaba, ni de lejos, es que estuviéramos de vuelta con un disco tan bien recibido. Estamos muy contentos. Nos parece algo increíble.

¿Fue fácil recuperar la química trabajando juntos?
Malcolm: En parte sí y en parte no. Ahora somos mucho más maduros. Hemos aprendido mucho, y lo hemos volcado en nuestra música. A ver, aún somos Aidan y Malcolm, con todas nuestras movidas mentales (risas), pero la razón por que la hemos vuelto a grabar un disco es porque hicimos unas maquetas para un proyecto de cine, hace unos ocho años. Llevábamos un tiempo enviándonos pistas de batería y guitarras, para ver si de ahí podía salir algo interesante, y después de los conciertos que hicimos en 2016 y 2017, hicimos “The Turning of our Bones”, que fue la primera canción. Ahí fue donde nos dimos cuenta de que valía la pena grabar un álbum. Fue fácil desde entonces.

“Odio cuando se dice que la gente que escribe sobre sí misma es valiente. No lo veo”.

¿Teníais fans que pidieran vuestra vuelta?
Aidan: Sí. Yo me había pasado los diez años anteriores haciendo muchas giras con músicos muy distintos entre sí. Y siempre, al final de los conciertos, se acercaba alguien a preguntarme si había alguna posibilidad. Yo decía que no. Que en absoluto (risas). No quería darle falsas esperanzas a nadie. Aún así, a mí también me ha sorprendido lo bien recibido que ha sido el disco. Los conciertos de 2017, por el 20 aniversario, fueron muy bien. Creo que fueron todos sold out. Tocamos en festivales. El del Primavera Sound puede que sea el mejor concierto que hemos hecho nunca. También en el que más gente hemos tenido. Todo lo que nos ha ocurrido en los últimos años es sorprendente. Somos afortunados.

En mi opinión, el disco no suena a como sonaría una continuación de ‘The Last Romance’ (2005) que hubierais publicado en 2007, pongamos por caso, sino que suena a un disco de 2021. ¿En qué medida os ha influido todo lo que habéis estado haciendo por separado, como Malcolm Middleton, Aidan Moffat, Human Don’t Be Angry o Lucky Pierre?
Malcolm: Ha influido, por completo. Todo lo que hemos aprendido estos años trabajando con gente distinta en otros discos, ha influido. Creo que nuestros dos últimos discos, en 2003 y 2005, salieron un poco por inercia. Me gustan, pero deberíamos haber invertido más tiempo en hacerlos. Estábamos metidos en el ciclo de grabación, luego seis meses de gira, luego otra vez al estudio… para el nuevo hemos tenido los últimos tres años, y no había ninguna presión. Nos sentíamos como cuando grabamos el primero.
Aidan: Creo que ha sido bueno el hecho de que siguiéramos grabando por nuestra cuenta, porque muchas bandas vuelven a reunirse tras diez años de no grabar absolutamente nada, pero nosotros no hemos parado. Hemos aprendido nuevos trucos, y queríamos que todos formaran parte del nuevo disco. La tecnología ha avanzado también, todo es ahora más fácil que hace veinte años.

¿Diríais que este es vuestro mejor disco?
Aidan: No creo que nosotros tengamos que juzgarlo (risas). Eso se lo dejamos a otra gente. Hay quien nos lo ha dicho, y es fantástico. Pero no sé, a mí me cuesta valorarlos así. Puede ser el más coherente, eso sí. El que mejor funciona como un todo. Pero no lo sé. No los juzgo así.
Malcolm: Lo bueno de tener tantos álbumes es que no necesitas tener uno que sea necesariamente el mejor. Cada uno puede escoger a sus Arab Strap favoritos. Mucha gente dice que nuestro primer disco (‘The Week Never Starts Round Here’, 1996) es el mejor, porque suena muy do it yourself. Otros escogen Philophobia (1998) por su intensidad. No lo sé. Creo que este es un buen trabajo.

¿En qué medida el llevar una vida distinta a la que llevabais, ahora que sois padres de familia, ha hecho que Aidan escriba más fijándose en las vidas de otras personas que en experiencias propias?
Aidan: Totalmente. Estoy más abierto a observar las cosas desde otra perspectiva. En parte, porque es necesario hoy en día, porque un material autobiográfico no sería de mucho interés. Nadie quiere oír canciones sobre llevar a tus hijos al colegio. Aunque creo que es algo que sí menciono en una de las nuevas canciones (risas). Y también porque es una evolución natural, me siento con más confianza para escribir así. Había algo de zona de seguridad en escribir sobre mí mismo, hace falta más valor para escribir sobre otra gente. Sobre otras cosas, otras opiniones.

¿Te resulta más fácil? Siempre he pensado que escribir en primera persona es más difícil, por aquello del pudor.
Aidan: No para mí. Odio cuando se dice que la gente que escribe sobre sí misma es valiente. No lo veo (risas). Valientes son los bomberos, o los soldados. No sé. Yo nunca he sentido vergüenza, la verdad. Soy una persona muy abierta. No me escandalizo por nada. Y hablo de todo. Quizá eso me haga peculiar.

Hablando sobre canciones: ¿es verdad que “Kebabylon” es un título que tú, Aidan, estabas empeñado en ponerle a una canción hace tiempo, pero Malcolm se resistía porque le parecía horrible?
Aidan: Creo que él pensaba que la canción iría sobre un dispensador de kebabs (risas).
Malcolm: Me encantan los kebabs, ojo. Creo que Aidan pensó que no me gustaría, pero me encanta. Cuando teníamos la música hecha, y me vino con ese título, le dije “no lo pillo”. Pero luego ya lo entendí al leer el texto completo.

Algunas temáticas en este disco son muy de este tiempo. Son canciones que no podrían haber sido escritas hace 16 años. Por ejemplo, “Bluebird”, que parece una simple canción de amor/odio, y en realidad está hablando sobre twitter. Una red social en la que tú, Aidan, eres muy activo.
Aidan: Es una canción sobre la adicción. La que generan las redes sociales, especialmente twitter. Sé que no es bueno para mí, y aún así, lo hago. Las redes sociales no son buenas para la salud mental de nadie. Ojo, que tienen algunas cosas buenas. Conectan a la gente. Y en algunos casos pueden salvar vidas, cuando alguien reclama ayuda. Pero en general, todo el mundo sabe que no es un sitio agradable en el que estar. Twitter es como el estercolero en el que te metes y sabes que vas a tener problemas. Pero al final caes, porque siempre hay algo que llama tu atención. Como dices, es algo de lo que no hubiéramos podido escribir hace quince años, porque la forma en la que las redes sociales han alterado la cultura y la sociedad es increíble. Parece como si viviéramos en un mundo distinto al de hace veinte años. Nuestra generación, la de Malcolm y yo, hemos visto cómo cambiaba todo muy rápidamente. Hace veinte años no teníamos ni teléfonos móviles, hoy en día no sabríamos vivir sin ellos. Y lo mismo con las redes sociales.
Malcolm: Es curioso, yo no utilizo mucho twitter, pero algunas veces que he leído que alguien escribía algún fragmento de nuestras letras, como una forma de hablar sobre algo que les había ocurrido. Me pone enfermo twitter, la verdad.

Seguro que alguna vez te habrás arrepentido de escribir algo, ¿no, Aidan?
Aidan: Por supuesto. Creo que nunca he leído nada negativo sobre nuestra música, solo ocurre cuando hago algún comentario sobre política, entonces hay gente que está siempre lista para atacarte. Es gente que no te sigue, pero que busca algo, y aparece. Con todo lo que concierne a la independencia de Escocia, me ha pasado.
Malcolm: Mucha gente encaja tus opiniones políticas como un ataque a sus puntos de vista.
Aidan: Pero la gente que no te sigue no entra a ver lo que escribes, salvo que lo busque.
Malcolm: Lo sé, y muchos solo se quedan con lo primero que leen.
Aidan: Pero tienes que ir a buscarlo. Cuando tuiteo una opinión política, lo hago para la gente que me sigue, y la mayoría están de acuerdo. Y los que no, son educados. Tienes que estar muy seguro de ti mismo al utilizarlo, porque si no, las redes sociales son algo que te puede hacer mucho daño. Cuando tienes hijos, piensas en el daño que les puede hacer. A mí me preocupa por la salud mental de mi hijo y mi hija.

“Hace veinte años el mundo era para mí como un agujero negro, hoy en día creo que puedo hacer de él un lugar algo mejor antes de morirme”. 

¿Son ya adolescentes tus hijos, Aidan?
Aidan: Mi hijo cumple trece este año, en seis semanas, pero mi hija solo tiene siete. Al menos ella no está preparada para utilizar ninguna red social, aunque crea que sí (risas). Siempre están conectados, jugando a juegos online, el Roblox, el Minecraft, todo eso… el siguiente paso son las redes sociales, y es algo aterrador (risas).

Hablando de contenido sociopolítico, “Fable of The Urban Fox” es una forma – un poco velada, muy metafórica – de tratar el problema de la inmigración en el Reino Unido.
Aidan: Gran Bretaña se ha convertido en algo bastante asqueroso en los últimos diez años. El Brexit es ridículo, y es un completo desastre. Ni siquiera lo están llevando bien. Hay revueltas en Irlanda del Norte y Escocia acabará dejando el Reino Unido. El Brexit lo ha destrozado todo en el Reino Unido. Y parte de todo ello se basó en el racismo. Mucha gente votó a favor del Brexit para impedir que llegaran inmigrantes de Oriente Medio (risas): con eso está todo dicho. Hay auténtica fealdad en la Gran Bretaña de los últimos diez años. Los refugiados y los inmigrantes han sido demonizados por la prensa, que son quienes controlan la opinión pública. Son el chivo expiatorio. Hay que buscar alguien a quien culpar de todo lo que ha hecho el gobierno conservador en los últimos diez años. Nos empobrecen y culpan de ello a los inmigrantes para aparecer como héroes antes nosotros. Hicieron exactamente lo mismo en los años ochenta. Es como una vieja canción. Y bastante horrible.

“Tears on Tour”, por su parte, suena muy sentimental. En ella describes la sensación de estar de gira y enterarte de que tu abuela había muerto, o de que tu abuelo padecía alzheimer, y afirmas ser propenso al llanto. No me la imagino en los primeros discos. Pero ni de coña. ¿Te has vuelto menos cínico o menos irónico con los años?
Aidan: Creo que sí, pero también me enfado más fácilmente con otras cosas, como con la política, con la que estoy mucho más comprometido que hace veinte años. No puedes no estarlo estos días. Y entiendo que todo el mundo esté cabreado. Pero sí, hacerte mayor, tener hijos… hace veinte años el mundo era para mí como un agujero negro, hoy en día creo que puedo hacer de él un lugar algo mejor antes de morirme (risas). Supongo que esa es la actitud.

Vuestros paisajes sonoros también están más trabajados que en ningún otro disco. ¿Ha habido algún descubrimiento reciente, Malcolm, que te haya influido?
Malcolm: Ambos trabajamos en la música, pero escuchamos cosas distintas. Nos gusta, por ejemplo, un guitarrista norteamericano que se llama Mark Vaughan, lo hemos escuchado mucho en los últimos ocho años. Pero no se me ocurren muchas más cosas en común.

¿Habéis tenido la sensación de ser un verso suelto en el pop o en el rock británicos?
Aidan: Creo que es complicado describirnos, no encajamos en ninguna catalogación sencilla. No me importa que la gente se refiera a nosotros como una banda de indie rock, pero eso es tan solo una pequeña parte de lo que hacemos. El término indie rock me hace pensar en The Vaccines, The Cribs, Mystery Jets y cosas de ese estilo. No es, ni de lejos, lo que intentamos hacer. Pero es normal. Yo tampoco sabría cómo describirnos. Tampoco lo hablamos, no discutimos sobre ello.
Malcolm: ¿Pop gótico escocés?
Aidan: ¿Pop gótico escocés? Jajaja… esa es buena. Puede ser, puede ser (risas). Ni idea. Ni lo pensamos.

Tuve la ocasión de entrevistar hace poco a vuestro amigo Barry Burns, de Mogwai, y os voy a preguntar lo mismo que le pregunté a él: ¿cómo es la escena escocesa actual? Os lo pregunto porque a finales de los noventa, al menos aquí en España, nos podíamos hacer una idea muy fiel porque tanto vosotros como Mogwai, Belle & Sebastian, The Delgados, Bis o Urusei Yatsura veníais muy a menudo a tocar. Y formabais todos parte de la misma generación. Hoy en día no tenemos una imagen tan definida.
Aidan: Es extraño. Ahora, obviamente, no hay escena porque todo está parado, pero especialmente Glasgow siempre está lleno de nuevas bandas y conciertos todas las noches. Hay todavía un buen sentido de comunidad, pero creo que lo que está ocurriendo es que ahora hay más escenas diferentes que antes. Belle and Sebastian y Mogwai no sonaban parecidos, quizá nosotros sí nos pareciéramos un poco más a Mogwai, pero todos formábamos parte de la misma escena. Ahora en Glasgow hay como micro escenas, de cosas muy distintas que ocurren al mismo tiempo. Lo cual es fantástico.
Malcolm: Puede que seamos demasiado viejos para saber cómo son en realidad las cosas ahora (risas).
Obviamente, ocurren muchas cosas, hay muchos grupos, pero no estamos tan metidos en el ajo.

¿Tenéis planes de venir a España a tocar? ¿Cómo recordáis vuestros conciertos por aquí?
Malcolm: España siempre ha sido fantástica para nosotros, hemos dado muy buenos conciertos allí. Recuerdo la gira de despedida, en la que formábamos cartel con Violent Femmes (N. del R.: fue el Wintercase 2006)… creo que después de cada álbum hemos dado allí al menos un par de conciertos. Y como dijo Aidan, el del Primavera Sound de 2017, fue muy grande, no esperábamos tanta gente. Creo que Grandaddy cancelaron su concierto y nosotros entramos ocupando su slot. Lo pasamos muy bien.
Aidan: Hubo uno en Roskilde que puede que lo superase, no estoy seguro. Es muy distinto tocar en festivales o en salas pequeñas. En las pequeñas tienes a la gente más cerca y eres más consciente de la reacción del público. Al menos, yo. En conciertos como el del Primavera Sound, hay tanta gente que te olvidas de todo y simplemente te centras en disfrutar. Y es más fácil por eso. Es más, yo tengo los ojos cerrados casi todo el tiempo, así que ni me entero de lo que pasa (risas).
Malcolm: Tenemos gira por Reino Unido en septiembre, y esperamos luego poder ir por Europa y acercarnos a España. Crucemos los dedos.

Muchas gracias a los dos por vuestro tiempo. Y ya que vosotros no queréis decirlo, lo diré yo, si es que mi opinión sirve de algo: este es vuestro mejor disco.
Aidan y Malcolm: Muchas gracias.

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