Algo cambió
Entrevistas / The Shins

Algo cambió

Xavi Sánchez Pons — 09-02-2007
Fotógrafo — Archivo

The Shins son la banda de pop más inteligente del planeta. Así de claro. “Wincing The Night Away” (Sup Pop/Popstock) es la tercera epifanía de un grupo que lejos de ponérselo fácil, gusta de complicarse un poco la vida. Esta vez lo han vuelto a intentar, pero no se asusten, siguen facturando unas canciones que de no existir habría que inventarlas.

El jefe de esta nave de corazones rotos, algo neuróticos y tristones, es James Mercer, un genio torturado que ve en la música un arte mayor con el que es posible trascender y entregar obras mayores que no lo parecen a simple vista. Llevan tres. La primera fue “Oh, Inverted World”, un trabajo ninguneado en su momento que contenía dos cumbres que definían el sello The Shins (melodías alegres y textos oscurísimos), “Caring Is Creepy” y “New Slang”, dos canciones que años después les convertirían en un grupo generacional. La segunda fue “Chutes Too Narrow”, disco que les dio sus primeras portadas, que apareció en todos los listados de lo mejor de 2003, y que se convirtió, con el tiempo, en una de las referencias más vendidas del sello Sub Pop (750.000 copias sólo en los Estados Unidos). ¿La razón de esta fiebre súbita (y merecida) por The Shins? Una película, “Algo en común”. “Garden State” (su título original) de Zach Braff les abrió las puertas a una audiencia impensable para un grupo al que le perseguía peligrosamente la etiqueta de culto.

"Lo de ‘Algo en común’ nos puso a otro nivel y nos hizo llegar a un público mucho más amplio"

Muchas de las copias que vendieron de “Chutes Too Narrow” (y claro está, de su primer disco) fueron debidas a la famosa escena de esta comedia dramática en la que Natalie Portman ofrece a Braff sus cascos y le dice eso de: “escucha esto. Te cambiará la vida”. La canción que sonaba en la secuencia era “New Slang”. El resto es historia. The Shins pasaban a ser, de la noche al día, el grupo que todo teenager sensible norteamericano de inquietudes indies debía adorar, justo al lado de Bright Eyes y Death Cab For Cutie. Mercer, que nos atiende vía telefónica, se muestra muy diplomático sobre el famoso plano que cambió para siempre la vida de un grupo que pretendía pasar desapercibido. “Lo de ‘Algo en común’ fue bueno para el grupo (risa maliciosa). Nos puso a otro nivel y nos hizo llegar a un público mucho más amplio. Hablé con Zach Braff sobre el personaje de la chica mucho antes de que fuera seleccionada Natalie Portman. Y sobre esa escena en especial. De hecho la primera reunión que tuve con él fue años antes de que la película llegara a realizarse. En el momento en que nos reunimos ni siquiera estaba claro si iba hacerla”.

"En las canciones trato de sacar lo que no me gusta de mí"

Tras todo el revuelo causado por la cinta de Braff, The Shins vieron como en 2004 era reeditado “Oh, Inverted World”, a la vez que iniciaban una gira de presentación de un disco al que el destino le había guardado una merecida segunda oportunidad. De ahí que la banda de Nuevo Méjico haya tardado tres años en publicar un nuevo trabajo, “Wincing The Night Away”, un disco donde se muestran más esquivos, donde juegan a retorcer estructuras y donde vuelven a apostar por canciones que valen un potosí. “El disco suena diferente porque hemos tenido más medios y más dinero. Hemos podido contar con un productor, Joe Chicarelli(el propio Mercer y Phil Ek, quinto Shins en la sombra, también ayudan en los controles). Todo estos cambios se notan en él”. Lo que no cambia es la fórmula que ha hecho grandes a The Shins. James Mercer sigue la tradición del mejor pop (el de la Motown, el del melodrama teen sesentero, el de Big Star, el de Orange Juice…), ese que vive de los contrastes, del choque, de la confrontación. Mercer es el genio de las melodías dulces y de los textos amargos, es el maestro de la risa nerviosa y de las miradas de reojo, y sabe lo que es un escalofrío en la espina dorsal. Según él, la vocación le viene de niño. “De pequeño ya me gustaban las canciones tristes y melancólicas. Me encantaba escucharlas en la radio. La verdad es que en las canciones trato de sacar lo que no me gusta de mí, sacar mi lado negativo, pesimista. Todo influye en mis letras. El pasado verano entraron a robar en mi casa y eso me afectó mucho, tanto, que algo de eso aparece en alguna canción (premio para el logre descubrir en cual). La proeza en “Wincing The Night Away” es mayor porque Mercer parece haber encontrado una forma personal de hablar del desamor (lo hace en la muy Stephin Merritt “Red Rabbits”: “Adoro a The Magnetic Fields. No había pensado en esa comparación. Creo que es un grupo que debería de vender muchos más discos. Tienen un montón de canciones buenísimas”) y de las crisis de identidad (“A Comet Appears”, un medio tiempo que desde ya es una de sus mejores canciones. Para muchos el nuevo “New Slang”), dos de sus leiv-motiv más queridos. Ahora parece hablar en clave, y es todo un reto descubrirla. Eso sí, sino no lo consiguen no pasa nada. No se martiricen. Los nuevos jeroglíficos de Mercer tienen una envoltura tan exquisita que no necesitan de un análisis científico para ser disfrutados. Uno de esos caramelos envenenados, indescifrables, es “Phantom Limb” (¿la historia de una niña apocada?), un corte que posee unos de los coros más bellos del pop reciente. Unos coros que están ahí por accidente. “La verdad es que en un principio esos coros no estaban. Y un día viendo la MTV me topé con un vídeo de Beck. La canción se llamaba ‘Girl’ y tenía unos coros muy soleados, muy Beach Boys. Así que pensé en poner unos coros parecidos en ‘Phantom Limb’ para darle un toque más optimista, más luminoso a una canción que era muy oscura. Menos mal que lo hice (risas). Otra composición de esas que se quedan para siempre es “Turn On Me”. Una canción con homenaje incluido (hay un guiño al “Then He Kissed Me” de The Crystals”) que tiene una curiosa explicación. “El inicio de ’Turn On Me’ es un homenaje a The Aislers Set, una banda que también es de Alburquerque como nosotros. Soy muy amigo de Amy Linton, su cantante, y ella es una fan total de los grupos de chicas de los setenta”. Con esas amistades uno solo puede amarlos más. The Shins venderán ahora cientos de miles de copias, pero no ha olvidado las raíces indies, esas que durante años les mantuvieron en activo. Mercer lleva siete con The Shins, pero empezó en esto de la música en 1992. “Los años han pasado muy rápido”. Comenta. Y tampoco han olvidado de donde vienen. Mercer y cía. puede que sean el grupo indie norteamericano más anglófilo. Su pop de aromas psicodélicos bebe de ese gran montón de bandas británicas que a mediados de los ochenta se decidieron a reinventar un sonido que vivió una nueva era dorada gracias a nombres como los de Felt, The Lilac Time, Echo And The Bunnymen, XTC (los de “Skylarking”, “Orange And Lemons”…), The Bluebells, House Of Love (en abril de 2004, en su único paso por Barcelona, The Shins hicieron una version del “Destroy The Heart”)… “Pasé mis últimos años de instituto en Inglaterra. Así que me empapé de esos grupos de primera mano. Es mi periodo musical preferido, lo has adivinado completamente. Los dos primeros discos que me compré cuando estaba allí fueron ‘The Queen Is Dead’ The Smiths y ‘Ocean Rain’ de Echo And The Bunnymen. También me gustan mucho todas esas bandas que nombras. Fue una suerte vivir esa época tan de cerca”.

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