Grabado y masterizado en California, es muy posible que “Lo que dura dura” (Warner) se convierta en uno de los discos del año en los institutos de todo el país y dispare la popularidad de No Way Out entre la parroquia adolescente. A ratos endurecen su sonido, e incluso Brian Baker (Bad Religion) mete viejas guitarras, pero no hay que darle vueltas. Su punk rock edulcorado se pasea esta primavera por toda España, dejará algún joven corazón tocado.

“Ha sido como subirse a un tren en marcha”, dice Noel Campillo, guitarrista y vocalista principal de No Way Out, para referirse a la gira que empezó el mes pasado en Barcelona junto a los estadounidenses Simple Plan con las entradas agotadas poco después de terminar la grabación de su nuevo trabajo. “Son buena gente, ya tocamos con ellos hace dos años. Vinieron a saludarnos antes de empezar y se acordaban de nosotros. No lo tienen muy subido”.

“No hacemos música para nadie, me da igual que le guste a una chica o no. No pensamos en un target”

¿Y No Way Out? “No, nosotros no. No hay nada, somos unos currelas y nuestro trabajo es el directo”. Quizá por eso han decidido contar con un segundo guitarrista en el escenario para defender “Lo que dura dura”, su cuarto álbum. “Es un disco mejor producido y más elaborado, tanto en cuanto a composiciones como en el aspecto lírico. Y siempre escribimos para dos guitarras, así que decidimos incorporar a un colega para acercarnos en directo lo más posible a las canciones”. Suponemos entonces que la línea de guitarra de Brian Baker en una de las piezas más destacables del disco estará presente. “Fue cosa de nuestro manager. Para nosotros fue un honor que Baker metiera una guitarra, pero no le llegamos a conocer. Le mandamos la canción y grabó el solo en su estudio. La verdad es que se marcó un solo muy retro, muy ochentero”. Ésa es casi la única referencia que puede encontrarse en el nuevo disco de No Way Out a las raíces de un estilo que adoran y que acabó llenando los noventa con bandas de hardcore melódico por todos lados. Lo que empezó con el Dr. Gregory Walter Graffin y los suyos dio mucho de sí, pero aquí estamos ante algo definitivamente más light y que tal vez debiéramos dejar de enlazar de una vez por todas con la fertilidad de los ochenta. “Creo que no existe nada de aquello. Quedan las influencias de aquel estilo y la gente lo ha incorporado a las tendencias musicales de hoy, donde está todo más globalizado. Puedes encontrar grupos que mezclan U2 con algo de AC/DC y un poco de Sex Pistols. Cada vez quedan menos grupos punk tal y como se entendía antes”. Tampoco No Way Out incorpora a su mensaje aspectos sociales o políticos, aunque asuntos como los malos tratos (a mujeres, se entiende) aparezcan por primera vez en sus canciones. El resto, pueden imaginar, lo motoriza el amor y sus consecuencias. “Bueno, no es un reflejo directo de lo que nos ha pasado, aunque es verdad que 2007 fue un año bastante chungo para nosotros, con mucha incertidumbre, así que es normal que las letras transmitan algo de frustración, de no saber muy bien ni dónde estás ni adónde vas”, explica Noel, al que no le molesta que la suavidad de No Way Out pueda situarles más como una banda para chicas enamoradizas a lo Pignoise que para amantes del rock sin más. “Lo de las chicas es circunstancial. No hacemos música para nadie, me da igual que le guste a una chica o no. No pensamos en un target”. Un vocablo que de pronto nos recuerda el lenguaje de las multinacionales. Después de haber autoproducido sus trabajos y haber viajado hasta Japón por su cuenta y riesgo, Warner les permite llegar a más sitios y defienden su independencia. “Nos han dejado hacer el disco que hemos querido, grabarlo donde hemos querido y con quien hemos querido. Tampoco ha habido problemas para elegir single, nos están dando mucho apoyo”. Al margen de las composiciones, es posible que parte del efecto inofensivo que produce No Way Out en el amante del punk tenga que ver con el uso de un limpísimo castellano al que decidieron pasarse tras dos discos en inglés, algo que según Noel puede suponer un obstáculo a la hora de salir de España en busca de conciertos, la gran obsesión del trío que forma junto a Félix Muñiz (bajo) y Oxi Ros (batería). “Teníamos grabadas cuatro canciones en inglés desde hacía tiempo, así que aunque también están incluidas en castellano, decidimos meterlas para hacer el disco más completo”. No hay duda de que en inglés suenan más naturales y de que sonarán más interesantes si deciden seguir la línea que han abierto tímidamente en temas como “Sentido común” a base de riffs más agresivos. “Teníamos más material de ese estilo. No te digo que para el próximo disco no haya más canciones en ese plan”.