“La Pegatina no me lo puede dar todo, es poliamor”
Entrevistas / Adrià Salas

“La Pegatina no me lo puede dar todo, es poliamor”

Karen Montero — 03-04-2020
Fotógrafo — Archivo

Adrià Salas da un paso más allá de La Pegatina. A las letras de sus canciones se suman ahora los poemas de “Salsa” (Rosa dels Vents, 20), un libro que viene a mostrarnos otras caras del catalán.

Diecisiete años sobre los escenarios. Más de mil cien conciertos de los que ya no recuerdan el número de ciudades a las que fueron. Ocho discos en las espaldas y la sensación de haber formado parte del imaginario musical estatal para más de una generación. Adrià Salas no habría podido imaginar una profesión más divertida y festiva que ser parte del engranaje de La Pegatina. Pero a veces hay que tomar distancia de lo que uno tanto quiere para verlo en perspectiva y valorarlo todavía más. Es uno de los ejercicios que hace en “Salsa”, un compendio de poemas en los que se mezclan reivindicaciones sociales, fotogramas de la sociedad actual, el interés por la astrología o temas más familiares.

No existen dos Adrià: el de La Pegatina y el poeta es el mismo. Es por ello que eligió escribir algunos poemas en catalán y otros en castellano, como hace con sus canciones, además de seguir luchando por derechos sociales, inspeccionar diferentes momentos vitales y valorar lo bello de la existencia. Todo esto, en versos llenos de aliteraciones que dan ganas de cantarlos de tantos juegos de palabras que incorpora. El primer libro del cantante de La Pegatina es una oda a la felicidad, pero también un recordatorio a luchar por aquello que debemos normalizar y cuidar.

Cuentas en el prólogo que empiezas a escribir este libro hace cinco años. ¿Cómo empieza la aventura de la escritura del libro?
En el momento en que empiezo a hacer canciones, toda mi creatividad se pasa a ellas. Sentía que me faltaba algo: las canciones duran poco, tienen una finalidad muy clara con su estribillo, que tiene que explotar y ser catchy, y no es lo mismo que tener la libertad de escribir lo que quieras porque estoy representando al grupo. Hace cinco años, la chica con la que estaba hacía un curso y me dijo que si quería escribir algo para acompañarlo con sus ilustraciones. Después, cuando me contactó mi editora, Rosa Moya, le dije que quería aprovechar estos escritos. Está escrito un sesenta por ciento en catalán y un cuarenta en castellano, más o menos. Luego hay una gran cantidad que la hice justo antes de entregar el libro porque tuve un accidente en un concierto y estuve cuatro meses de baja.

“Podría tener argumentos a favor y en contra de cualquier cosa; por eso, a veces no sé posicionarme en según qué temas. Pero me gusta darle vueltas a todo e ir hasta el fondo de la cuestión para entender todos los puntos”.

Las letras de La Pegatina también las escribes en los dos idiomas. ¿Es algo que decidiste al principio o te salió de manera natural?
No puedo decir lo mismo en catalán y en castellano. En mi cabeza, son universos diferentes. Cuando escogemos canciones, elegimos las mejores independientemente de que sea en un idioma o el otro. No es algo que nos miremos mucho, pero luego la gente sí que nos pregunta que por qué no hacemos más en catalán.

Los poemas sobre tu madre o tu abuela están escritos en catalán. ¿Es tu lengua más familiar?
Sí, y uno de los motivos por los cuales escribo menos en catalán es porque las canciones son cosas menos internas. Es la lengua con la que hablo con mis padres y mi familia. En el colegio hablaba en castellano porque todo el mundo era castellano parlante, así que asocio el castellano para lo social y lo divertido. Me gusta hacer muchos juegos de palabras, pero aquí me he pasado (risas). En el grupo intento minimizarlo y hacer los menos posibles para que se entienda más o menos todo. Para mí, son como pequeños tesoros y me gusta que la gente los interprete.

En el bloque del horóscopo, ¿te refieres a personas en concreto?
Sí y no. Creo mucho en la astrología: no en predecir, sino en las energías y las vibraciones. Aparece gente concreta, como mi hermana, que es capricornio, o mi madre, que es libra. Pero a veces dejo ir los titulares y no explico el resto. Así que cada uno interprete.

Las rimas de los poemas tienen un punto de musicalidad, como si pudieran cantarse. ¿Lo pensaste como una canción?
Los pensé como si fueran hablados, que si los lees fonéticamente tiene sentido. Es la vocación de cantar, la oralidad.

¿Has pensado en pasarlos a canción?
No creo que se pueda: sé que son muy sonoros, pero no creo que se pueda pasar a canción tal y como entiendo yo la música con el grupo.

Incorporas poemas muy reivindicativos, algo que sigue en la línea de las canciones y los conciertos de La Pegatina.
Como mínimo, hago un cuestionamiento. Podría tener argumentos a favor y en contra de cualquier cosa; por eso, a veces no sé posicionarme en según qué temas. Pero me gusta darle vueltas a todo e ir hasta el fondo de la cuestión para entender todos los puntos. Quizás ves alguno súper reivindicativo, y alguien que piensa distinto, lo lee y también lo ve bien para su posición.

En cambio, la parte de Emputoencanta parece una oda a pasarlo bien y a vivir la vida. Habla de las modas, de la juventud, de los prejuicios: todos venimos a trabajarnos cosas y está bien, pero la única manera de estar bien con uno mismo es estar con otra gente.
Dicen que si no hubieses conocido ningún ser humano nunca, no tendrías angustia, nervios, ni prejuicios. Lo que crees de ti mismo es en función de los otros. Es muy difícil centrarse en una cosa sola: en uno mismo, en los otros, en el mundo, en lo local…

¿Qué es Sant Martí para ti?
El Arco Iris (Arc de Sant Martí en catalán). Por una parte, es la bandera LGTBI, los colores, la infancia, la lluvia, y es un efecto óptico. Pero también es el día de la matanza del cerdo, del que se aprovecha todo. Sant Martí implica muchas cosas: algo que es naíf y que también implica derechos, de repente también es la matanza del cerdo.

¿Te has tomado el libro como una escritura aparte para airearte de La Pegatina?
Me ha gustado separarme de mi propio grupo, igual que hice artículos para la revista Enderrock o hago canciones para otros como compositor. Me gusta tener diferentes focos, porque sino estoy veinticuatro horas solo en el grupo y es demasiado. Puedo potenciar diferentes partes de mí que en La Pegatina no quedan reflejadas. Es poliamor: La Pegatina no me lo puede dar todo. Necesito otros focos donde llevar la creatividad.

¿Es abrumante estar en una banda tan importante como La Pegatina?
Es que nos flipa. Estar de gira es lo mejor que hay. Son los momentos más cuadrados, porque dependes de horarios rígidos, pero curiosamente son los momentos de más libertad, de pensar en lo que quieras porque no tienes ninguna otra opción. Los conciertos más guays son aquellos en los que llevas veinte días de gira, cuando más cansado estás. Es cuando la cabeza está libre y el tiempo es relativo, y es fantástico. Lo que más me abruma es no tener momentos de estar solo: es lo que más echo de menos cuando estamos de gira.

Y más, con todos los componentes que sois en La Pegatina.
Sí, así que lo que hacemos es ir a la furgoneta y cada uno está en su mundo. Mirando pelis, o escribiendo, y casi no hablamos, para luego en el escenario ser una piña. Porque si estamos luego hablando todo el rato, no funciona. Pero luego sabemos que nos tenemos.

¿El boom sobre la canción que compusiste para Eurovisión te pilló en medio del proceso de escritura?
En realidad me pilló después. ¡Suerte que ya tenía escritas cosas! Lo de Eurovisión fue que me sobraban muchas canciones, así que hablé con Warner para ver si podíamos enviarlas a algún artista, y me propusieron de enviarla para Eurovisión. De las mil doscientas que había, me tocó. Entender la gente que te hacía boicot pero, a la vez, no poderla entender es muy duro. Los principios que yo tenía se vieron muy cuestionados y gestionar eso en medio de una gira es complicado. Lo que pasó con todo el boicot es que yo tenía una opinión propia pero luego cada uno del grupo tenía otra opinión.

Claro, no dejabas de representar el grupo, y más siendo el cantante.
También pasó que de repente nos empezaron a llamar de radios y que más gente nos conoció. Por otra parte, nos ralló porque piensas que lo podrías haber hecho mejor. No me podía echar atrás porque hubiesen descalificado a España, pero decidí no ir a Israel porque era lo mínimo que podía hacer si no estoy de acuerdo con un país. Tampoco estoy de acuerdo con España: los derechos humanos también se los pasa por el forro, como todos los países que hay en Eurovisión. De hecho, hace cuarenta y tres años que está Israel en Eurovisión y nadie se había quejado hasta ahora. A nosotros nos dijeron que nos boicoteaban porque era una manera de visualizar la causa, ya sabían que nosotros no estábamos a favor de Israel. Pero te sientes utilizado. Por suerte, todo pasa rápido: es la suerte de la actualidad. Me decían que no podía criticar Israel porque en las bases está que ningún país puede criticar a otro por su condición política del momento, de hecho, España no habría entrado nunca a Eurovisión porque estaba Franco. En las bases, pone que es un certamen apolítico y solo es un programa de televisión.

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