Adiós, mundo cruel
Entrevistas / Andrés Calamaro

Adiós, mundo cruel

Redacción — hace 13 años
Fotógrafo — Archivo

Prometió volver y se guardó un as en la manga. El regreso del tipo que tocó con Bob Dylan, “El palacio de las flores” (Dro) no tiene nada que ver con “Honestidad brutal” sino más bien con un “Tinta roja” de experiencia religiosa, un mano a mano con Litto Nebbia, que deberían haber firmado a medias.

Jersey azul, camisa a cuadros rojo pálido y pelo a lo afro para el sonriente y a menudo ausente Calamaro. Bebe agua y habla a trompicones. Al menos pasan diez segundos entre una idea y la siguiente y a veces incluso entre una palabra y la que le sigue. Habla de “El palacio de las flores” como quien habla de una nueva obra maestra, pero se retracta de todo aquello que dijo (como por ejemplo, que Bob Dylan se había basado en su “Honestidad brutal” para componer “Love And Theft”). Incluso niega haber escrito discos amargos ni discos tristes y no considerarse un “incontinente creativo”. “Lo mío no es la incontinencia. Puedo aceptar haber sido fértil, puedo aceptar haber sido desprolífico, incluso prefiero que se me considere un continente creativo pero nunca un incontinente. Es como hablar de alguien que necesita ir al baño cada diez minutos”. ¿Olvidada quedó ya entonces tu filosofía de la canción inmediata, pues?

“Bob Dylan invitó al primer canuto a los Beatles y con eso ya me basta para tenerlo en un podio”

“Este disco tiene mucho de inmediato. Lo grabamos en pequeños ratos. En medio de otras grabaciones. Este disco está producido por Litto Nebbia y Litto es un maestro. Me gustaría que ‘Punto argentino’, por ejemplo, se cantara en los colegios. Es como un himno”, asegura. Esquiva la producción del disco, por momentos tan latina y melosa que podría confundirse con la de cualquier otro, y en ocasiones de un espíritu casi religioso (el órgano de Nebbia ayuda demasiado a despeñar temas como “El compositor no se detiene”, a todas luces, el peor tema del disco). Porque lo evidente tras la primera escucha del álbum ¿es por qué no lo firmaron a medias Calamaro y Nebbia (de diecisiete temas, siete son de Calamaro, cinco de Nebbia?, cuatro los firman a medias y versionean uno de Armando Manzanero). La respuesta de Calamaro es: “Algunas de estas canciones están escritas al mismo tiempo que las de ‘El salmón’. Y, bueno, ni Gardel, ni Camarón, ni Frank Sinatra escribían los versos que cantaban, ¿verdad? Y son, sin margen de discusión, los cantantes que más transmitieron a lo largo del siglo XX. Así que prefiero dividir esas aguas: tiene mérito escribir una canción razonablemente buena pero poder transmitir es un oficio, los raperos dirían que es un don divino”. Y respecto a lo religioso del disco, se apresura a afirmar que tanto Nebbia como él “somos dos laicos indecentes pero éticos”, aunque añade que canciones como la citada “El compositor no se detiene”, “es mucho más que una religión, ¿no? Simplemente son canciones escritas con el corazón, la ética de la estética y sentimientos verdaderos. Canciones escritas con sangre (dice, y cita “Blood On The Tracks”, de Dylan), lo suficientemente heroicas como par dar la sensación de poder detener el tiempo por un instante”. Y hablando de Dylan… “nunca voy a superarle. Creo que con haberle llegado a los talones, con un par de cojones, me conformo. Invitó al primer canuto a los Beatles y con eso ya me basta para tenerlo en un podio, junto a Jimi Hendrix”. A menudo se ha quejado, Calamaro, de que algún día, sus detractores y sus no tan detractores se darán cuenta de que tenían entre manos modestas obras maestras firmadas por aquel al que criticaron, ¿y entonces qué? “Tal vez una obra para ser verdaderamente valiosa tiene que ser necesariamente incomprendida. Un viejo chiste escéptico dice: una discusión entre dos músicos termina con quién vendió más discos y con que el otro se calla la boca, ¿verdad? No es mi caso ni el caso de nadie. Pero tampoco voy a discutirle a alguien que vendió más discos que yo. Tengo que estar orgulloso de que mi obra sea incomprendida”, sentencia. Pero, ¿volverá Calamaro a sonar como Calamaro? “Ya no sé si puedo cantar con esos registros, no sé si puedo sonar a ese Walt Disney satánico, tan teatral, casi interpretando papeles… lisérgicos… ¿verdad? Sin embargo, los coros siempre van a estar ahí. Mi sonido es el del rock vocal”, dice, y amenaza con la reconstrucción de parte de los mil temas grabados en las sesiones de “El salmón” (de los que ya publicó más de cien) para su posterior edición. “Antes de que desaparezca el disco como recipiente físico de música, prometo hacer mis mejores esfuerzos para que exista una selección bien completa de esos sineditóxicos, esas grabaciones del coronel Kurtz, aquella música grabada como si Marlon Brando hubiera tenido un cuatro pistas en Camboya para registrar sus monólogos”.

Un comentario
  1. Lo que nos quizo transmitir en las edpsaas del texto es que las musas inspiradoras no existen,que cada uno tiene que tener sus propias ideas y dar a entender sus propias conclusiones.La imaginacion es uno de los puntos en los cuales cada uno genera sus ideas como mejor les paresca.Y cada lector comprende el texto que esta leyendo ya sea de la forma en que lo quiera interpretar, de esa forma se acerca mucho mas al autor y al mensaje que este nos esta transmitiendo.Podemos observar que al escribir el autor tuvo mucha inspiracion ya sea basandose en las musas inspiradoras (que no existen) pero para escribir las letras de esta cancion se baso en el resultado magico de su propia inspiracion.

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