Novela breve que combina el ambiente del neo western con un tono oscuro y melancólico cercano al gótico sureño. La historia sigue a Jesse Lane, un antiguo campeón de rodeo venido a menos que regresa al pueblo que juró abandonar, cargando con un pasado lleno de pérdidas y silencios que nunca terminó de resolver, con un trasfondo música cargado de blues que se respira casi desde la primera de sus páginas. Ahí es donde parece el elemento más inquietante de la novela: una guitarra olvidada cuya música parece despertar algo oculto, casi como si el arte tuviera voluntad propia.
La narración es pausada, cargada de imágenes y silencios, y logra transmitir una sensación constante de incomodidad y nostalgia. Mientras, la música funciona como símbolo central uniendo pasado, presente y quizá futuro, aunque este último no importe demasiado a un Lane obcecado en luchar contra sus propios fantasmas y los de su pueblo de toda la vida. Oliendo en su limitado paginado a ese cruce de caminos en el que Robert Johnson vendió teóricamente su alma al diablo. O con algo de la oscarizada "Sinners”. Ese aroma a música y espectros. A lo paranormal mezclado con algo tan de la tierra como el blues. Y aunque su extensión es corta, no deja con ganas de más, gracias precisamente a su capacidad para sugerir más de lo que explica.

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