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aztlán

Zoé llevan en esto de escribir canciones la friolera de dos décadas y resulta evidente la evolución siempre ascendente e inquieta de su propuesta. Un progreso que tuvo un punto de inflexión en la reinterpretación de sus canciones que supuso su disco desenchufado para la MTV de 2011. Allí tuvieron la oportunidad de darle una vuelta a sus propios temas replanteándolos de forma mucho más melódica, buscando una pureza seminal que resaltaba la canción por sí misma y la limpiaba de los artificios del pasado. Esa nueva forma de trabajar tuvo un nuevo fruto en un álbum tan sólido como “Programaton” (2013) del que este “Aztlán” (2018) es su directo heredero.

Se lo han tomado con calma, pero la espera ha merecido la pena. Además esa misma ausencia de precipitación y prisas se ha inoculado en cada uno de los temas del álbum, confeccionando una colección de canciones acolchadas. Suaves tonadas que huyen de la estridencia y fluyen en una vaporosidad aupada en la hipnótica voz del gran chamán del disco, su vocalista León Larregui.

En cierta medida podríamos decir que con “Atzlan” la banda mexicana ha hecho su “Automatic for the people” (R.E.M., 1992) particular. Uno de esos trabajos de tonalidad suave, cadenciosa y bella que va desplegando sus efluvios sonoros envolviéndote en un vaporoso colchón de notas que te atrapa sin cuartel. Igual la única pega es haber incluído algún tema como “Temor y Temblor” o la en exceso almibarada balada “Luci” que hacen que el viaje se alargue un poco más de la cuenta. A veces cierta brevedad, aunque eso suponga el sacrificio de alguna pieza, juega a favor del conjunto. Pero eso siempre es complicado de asumir por parte de un grupo. Y sino que se lo digan a los Love Of Lesbian de “El poeta Halley” (2016).

De todas formas si nos concentramos en los puntos fuertes del disco, hay que hacer especial mención al demoledor inicio del mismo con cinco temas rotundos de los que cabe destacar “Azul”, “Al final” y “Hielo”. Solo por estas canciones Zoé ya se han ganado el calificativo de ser, junto a los argentinos El Mató A un Policia Motorizado, las dos mejores bandas latinoamericanas que han sabido reinterpretar el indie-pop anglosajón llevándolo a su terreno sin que el proceso de hibridación resulte forzado y mucho menos un pastiche. Al contrario. Han logrado hilvanar un discurso propio que los identifica y que, con discos como este, nos aseguran candorosas tardes de delicada escucha. No es casualidad que ambas bandas hayan llegado a ese estatus cuando ya atesoran unos cuantos años de carrera y cuando el nervio, que acostumbra a ser algo precipitado en los inicios, se ha ido domesticando. Algunos le llaman madurez, pero es una palabra peligrosa de usar por las connotaciones que conlleva. También podríamos decir que se nos han hecho mayores, pero su discurso sigue girando alrededor de los sinsabores del despecho, la soledad o el desamor y eso siempre ha estado clasificado para todos los públicos. Al igual que su música.

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