La dulzura que raspa. El algodón de azúcar
envasado en un tarro cubierto de hiel. El viperino fuzz guitarrístico
servido en bandeja de miel. A todos esos símiles
responden Sad Day For Puppets, joven trío de Estocolmo que se amamantó,
musicalmente hablando, en una adolescencia mecida por los sones de la
escena shoegaze y el indie pop británico de los primeros noventa, y que
viene a engrosar esa creciente legión de revivalistas que, quizá por un
mero motivo generacional, no hace más que multiplicarse en los últimos
dos años. Fiel a tales parámetros y a su raigambre escandinava, su
álbum debut, producido por Dan Treacy (Television Personalities) exuda
esa ingenuidad marca de la casa, esa encantadora bisoñez que acaba por
desarmar cualquier dentellada crítica que se esboce ante un temario
desigual, aún tierno y con mucho crecimiento por delante. No tienen ni
el nervio de unos Asobi Seksu, ni la puntería de unos The Pains Of
Being Pure At Heart (dos referentes bien cercanos), pero la adherencia
de “Cherry Blossom”, la dulce malicia de “Mother’s Tears” o la pegada
de “Shiny Teeth And Sharpened Claws” invitan a darles un voto de
confianza a la espera de próximas entregas.
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