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vortex

Toundra, tras cuatros discos en los que han ido perfeccionando su propuesta, coronada con “IV” (15) y reforzada a nivel creativo por Exquirla, la arriesgada y rompedora fusión junto al Niño de Elche en el imprescindible “Para quienes aún viven” (17), se han encumbrado por meritos propios como abanderados del post-rock instrumental, no sólo a nivel nacional, sino europeo.

Su nueva obra Vortex (nombre de una sala alemana donde fueron muy bien recibidos en 2012 y lugar al que han vuelto desde entonces en numerosas ocasiones), llega como celebración del trayecto recorrido y agradecimiento a todos los que les han acompañado, en algún momento, durante su particular cruce del desierto.

Este camino de permanentes descubrimientos, se puede interpretar en la portada de aires zaratustrianos, como una nueva y repetida búsqueda del porvenir vital y creativo, sumergiéndonos en el eclipse de nuestro propio extravío.

Dejamos atrás el bosque y el zorro protector Kitsune, para comenzar el árido viaje con la épica obertura “Intro Vortex” y, antes de que nos de tiempo a parpadear, nos corre el veneno por la venas tras conectarnos el primer mordisco con“Cobra”. Una tromba rítmica endiablada cae sobre nosotros, con Alex Pérez y Alberto Tocados reventándonos el pecho, mientras las guitarras de Esteban Girón y David Maca relampaguean hasta encontrar luz y antídoto en un riff final que crece y crece hasta cegarnos. Se apaga poco a poco y funde con los compases calmados de “Tuareg”, que no tarda en estallar y hacernos rodar como nómadas por las dunas del Sahara, creando otro emocionante tornado sónico que frena para volver a acelerar en una bocanada post-metal con aromas bereberes, desembocando en una armoniosa brisa final que se retroalimenta y extiende en un atardecer que nos transporta de Argelia a Libia, pasando por Níger, Malí y Burkina Faso.

Cogemos aire en la semi acústica y ensoñadora atmósfera de “Cartavio”, nos dejamos caer sobre las nubes resplandecientes que dibuja la cadencia del primer minuto y medio de “Kingston Falls”, para ir sumando a continuación capas que tejen una espiral de armonía, tensión y fuerza marca de la casa, en la que se funde la banda y nosotros con ellos.

Sobre los misteriosos ritmos electrónicos que se cimientan los siguientes once minutos, los cuatro jinetes del post-rock madrileño, montan las vías de una montaña rusa apocalíptica, a base de guitarras afiladas y latidos de batería y bajo, que nos llevan a adentrarnos (en el particular “on the road” que la narrativa de cada tema dibuja en mi cabeza), en las arenas californianas de“Mojave”. Seguimos en Norteamérica y los sintetizadores palpitan, las guitarras serpentean y una luz cae del cielo para iluminarnos y romper las cadenas de nuestras circunstancias vitales… En los escasos dos minutos de “Roy Neary”, vemos y escuchamos junto a Roy, los ovnis que divisó cerca de su casa de Indiana (“Encuentros en la tercera fase”).

La aventura termina (por ahora) con la esperanzadora energía que desatan en el vibrante “Cruce Oeste”, tema que se antoja como una auténtica bomba en directo capaz de abrir el mar en dos.

Toundra siguen sus propios pasos y han roto el espejo, están ya al mismo nivel o por encima de muchas bandas que admiraban cuando empezaron. Han dado con la formula, alquimia sonora capaz de crear relatos en tu mente.

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