The Reytons evidencian, con el que ya es su cuarto álbum de estudio y tras títulos previos como “Kids Off The Estate” (Scruff Of The Neck, 21) o “What's Rock and Roll?” (Auto, 23), que son una banda efectiva si el objetivo consiste en facturar sin disimulo un accesible indie-pop de guitarras con ciertas aspiraciones a tocar, algún día, al amparo del estadio de turno. Sucede que, en el caso de los de Yorkshire, el fin de la jugada resulta tan evidente que también despierta la sombra de la sospecha en torno al cuarteto, en forma previsibilidad, impostación y artificialidad.
Una peculiaridad que no implica que entre la docena de canciones del presente “A Love Letter To A Broken Town” no se cuele un buen puñado de pildorazos apetecibles, aunque con frecuencia compartiendo espacio con otras canciones mucho más esperables y, desde luego, inofensivas. Y es que The Reytons ofrecen la mejor versión de sí mismos cuando evitan caer en temas virados con descaro hacia el pop, la sobreproducción y la celebración fácil apostillada sobre el gesto roquero.
Una sección cuestionable la que se situarían piezas como “Wish You Were There”, “Busker's Paradise”, “Denton Rock” o “Broken Promise Of A Lullaby”, con exceso de azúcar y la aureola de prescindible sobrevolando en círculos. En el extremo contrario, concretamente en aquel en el que tienen cabida buenas composiciones de rock con pose hooligan, se situarían destacadas que suben la media global del tipo de “Jukebox”, “2-4-1”, una “Penny Pincher” deudora de Arctic Monkeys, “Best Night Of His Life” o la final “Get The Badge In”.
“A Love Letter To A Broken Town” es un disco carente de sorpresas, que continúa la senda ya abierta (y a estas alturas predecible) por The Reytons. Un camino que siempre han existido (y gozado de buen cartel) en Reino Unido, y por el que previamente ya habían optado bandas de la hornada post Britpop como Kasabian, The Courteneers, The Sherlocks o The Amazons. Un amplio listado que, campaña tras campaña, sigue sumando nombres apuntados a la causa con la esperanza de ser ese siguiente gran grupo que llegue a la cima de la popularidad desde una teórica escena indie.
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