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“Desde la montaña, viendo Madrid desde aquí…”. La frase suena en “Rayos de mi cabeza”, quinto corte en el tercer álbum de Persons, una canción que se desdobla, que a veces es una y otras veces varias, y que a fin de cuentas resume bien lo que está detrás de este trabajo. Porque “Sierra Maestra” no se sitúa en la Cuba de los guerrilleros y su selva tropical, sino en la Sierra de Madrid, contemplando la boina que cubre la capital con el anticiclón. Aún así, también hay algo de revolución en esta media hora. Nada de lamentos, sino coger los bártulos para reinventarse.

Si para sus dos primeros discos se habían ido a los estudios sevillanos de La Mina, ahora las circunstancias han hecho que el grupo haya encontrado su refugio en Nevada (nombre heredado de una de las canciones de su debut), a tiro de piedra de San Lorenzo de El Escorial, donde el grupo nació hace ya más de diez años. Allí han grabado esta nueva entrega en la que el órgano farfisa -ese que Juan Salamanca compró hace tiempo y acabó de definir el sonido de Persons- sigue presente, aunque en esta ocasión son las guitarras las que ganan protagonismo. Mientras que en “Hipnosis casa” y “Ghettoblaster” lo que mandaba era el space-rock, este regreso a casa hace que las canciones suenen más con los pies en la tierra. Eso sí, cuando tienen que despegar lo hacen sin dudarlo, como en la ya citada “Rayos de mi cabeza” o en las instrumentales “Nuevo pobre” (con una cabalgada a ritmo marcial que conecta también con sus inicios) y “Un mundo implacable”.

Éste es un trabajo, con producción del propio Juan Salamanca, de melodías claras que deslumbran en contraste con un relato de basura blanca, saqueo y corrupción, con mención especial para “Falsa clase media”, en donde no sólo figura el terror de la política, sino las miserias de nuestro día a día: “Yo pensaba en huir de aquí, pero no hace frío en este lado”, cantan frente al acomodamiento. Hay momentos casi pop (“La Gran Evasión”), líneas que se repiten para establecer un hilo conductor a lo largo de todo el álbum, los coros de Raquel Muñoz aligerando el conjunto, la psicodelia de siempre y también la urgencia de “Edificios y montañas”, de nuevo contraponiendo ciudad y campo. Persons muestran esta vez una versión más condensada y directa de sí mismos, dando una vuelta a su sonido, que pierde en profundidad pero triunfa en el aquí y ahora, como si desde el monte, con el cielo limpio, las cosas se viesen más claras. Es lo que cuentan en ese luminoso y postrero western que es “Niños, futuro”: puede que los puñales se encuentren escondidos entre los matorrales, pero están bien afilados.

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