El trío de Chicago regresa con “Nine”, noveno disco de estudio y sexto con la discográfica Sargent House. Repiten con Kurt Ballou (Converge) a la producción, al igual que repiten estudio de grabación, el Electrical Audio de Chicago. Con siete nuevas canciones, Mike Sullivan, Dave Turncrantz y Brian Cook cierran un ciclo de dos décadas desde la publicación de su debut “Enter” en 2006, demostrando que siguen funcionando como un ente inseparable y continuando su posición inamovible dentro del post-metal junto a pesos pesados como Pelican, The Ocean, Cult Of Luna o los desaparecidos Isis.
Russian Circles es el punto de encuentro que motiva a seguir adelante a tres músicos que siguen sin ver como algo imprescindible esa imperiosa y casi absurda necesidad contemporánea de reinventarse en cada disco. Si no te gustaron previamente, lo mejor es que no vengas a buscar en “Nine” nada especial que te haga cambiar de opinión. Todo lo que esta banda buscó, encontró, mejoró y fue desarrollando con el tiempo vuelve a estar presente, y se sigue sintiendo como una cómoda vuelta a casa. ¿Se han acomodado? Quizá sí, pero es que tampoco necesitan romper esquemas: solo hacerte viajar en su mundo.
Los treinta y nueve minutos de “Nine” abren con gancho con “Borehole”, recordando por momentos al sludge atmosférico de los mejores Neurosis o Mastodon. Continúan con “Empath”, la pieza más dura del disco y en la que podemos identificar sutiles influencias del black o incluso thrash metal entre las melodías del post-rock contemplativo y pesado tan característico de los de norteamericanos.
“Eluvial”, el tema más largo del álbum y presentado en pleno verano, es para algunas personas un corte que capaz de llevarte a recordar esas guitarras con eco del The Edge de “The Joshua Tree” (U2) pero, aunque esto sí puede tener algo de sentido, la realidad se traduce en algo bastante más atmosférico y sombrío adornado de pequeños detalles electrónicos iniciales que dan un toque algo más cinematográfico, todo ello sin dejar de lado el sello de calidad siempre presente del grupo con su genial base instrumental.
Más sintetizadores atmosféricos y loops en “E2”, tema de transición hacia “Meridian”, con su crescendo progresivo y cierta vuelta a las raíces, y un respiro ideal y necesario con una pieza acústica, íntima y preciosa con guitarra española titulada “Arletta”, que hace de interludio e intro a la contundente estocada final postapocalíptica de “Seventh Seal”, broche de oro a un artefacto que vuelve a evidenciar que Russian Circles pueden seguir sus pasos sin renunciar en ningún momento a su espíritu honesto y fiel con ese gran don para ir al grano haciendo música densa sin saturar y poniendo todavía la piel de gallina.
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