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phosphorescent

Si la vida puede ser eterna en cinco minutos, en media década los cambios afloran a cada paso. Cinco años de su anterior y espléndido “Muchacho” (2013), de esa mágica ‘Song for Zula’ que nos sigue levantando hoy en día un palmo del suelo. Matthew Houck no ha perdido el tiempo, se ha casado, ha sido padre y dejó atrás la efervescencia de Brooklyn por la calidez de Nashville, donde construyó desde cero su propio estudio y grabó este “C’est La Vie”, su séptimo largo. Nueve pistas que rezuman madurez, confianza y sensibilidad por cada surco. Su voz se ha liberado de toda envoltura y, mientras despliega paisajes y atmósferas sonoros marca de la casa (en las que pulula un omnipresente pedal steel), nos muestra sin tapujos ni filtros lo verdaderamente importante. Así, a corazón abierto, desborda honestidad y sentimientos a flor de piel en el rayo de luna de “My Beautiful Boy”, o en el despegue de ‘C’est La Vie No.2’, bajo una espiral luminosa de sintetizadores que nos atrapa desde el primer segundo. Y si tras el “C’est la vie they say/ But I don’t know what they mean/ I say love’s easy if you let it be,” ya no nos podemos quitar de la cabeza los ecos del mejor Paul Simon, es en la alegría desbordante de “New Birth in New England” cuando el espíritu de “Graceland” (86) brilla hasta cegarnos.

Alt-country con destellos pop que buscan el punto medio entre lo acústico y las texturas electrónicas, alcanzando una de sus cimas en el crescendo continuo de más de ocho minutos de “Around the Horn”, dejando una estela de fuego a su paso que desemboca en la ensoñadora “Christmas Down Ander”, donde volamos a lomos de un dragón. “All dragon wings and dragon fire/Then dragon bones beneath the land”. Nos fundimos en el canto de Houck, que se expande, encorsetado y libre al mismo tiempo, bajo la tela de araña de luz que teje un vocoder y una guitarra que termina por salvarnos, haciéndonos saltar por los aires. Pieza deudora de aquellas eternas batallas cotidianas que Kurt Wagner y sus Lambchop libraron en “Flotus” (16), entre procesadores de voz y cajas de ritmos.

Serenidad y calma frente a la belleza y vulnerabilidad de la vida, resplandor y tranquilidad que transmite el atardecer sonoro de “These Rocks”, sin olvidar el peso y la lucha en el camino. “These rocks, they are heavy/Been carrying them around all my days.”

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