La sombra del góspel marcó para siempre una de las cimas de Lambchop: la canción más conocida de su carrera, “Up With People”, se benefició de unos coros que rezumaban aquella espiritualidad. Reconectando con la misma vibra, pero desde un prisma mucho más austero y esencialista, Kurt Wagner se la ha apañado para firmar uno de los trabajos más delicados, sensibles, emocionantes y relevantes que uno es capaz de recordarle. Y eso que el control de calidad no ha bajado prácticamente nunca del notable en treinta y tres años y diecisiete álbumes de Lambchop, sometidos a diversas reconversiones sonoras.
Parece un milagro que a estas alturas alguien logre extraer tanta y tan creíble belleza con mimbres tan parcos. Un banjo empuñado por su amigo Justin Vernon (Bon Iver), una guitarra acústica, un ocasional piano y unos coros de entre seis y once voces: las del Eau Clair Vocal Sextet y el London Choir. Nada de auto tune. Algo hizo clic en la cabeza de Wagner tras escuchar por la radio del coche una vieja canción de este palo, cuya autoría no logró identificar. Estas doce canciones forman un conjuro de intimidad: sientes que te las cantan al oído.
Cortes como “Just West of Nicolette”, “Weakened”, “The New World Wave” o “To Do” (para mí son sus cuatro highlights) transmiten la grandeza de lo pequeño: una artesanía casi sobrenatural, levantada sobre el talento de un músico que no necesita ser lírica ni musicalmente explícito –las referencias van de la Gran Depresión de 1929 al folk de los Apalaches– para escribir sobre el tenebroso presente de su país desde las enseñanzas de controvertida historia. Si Lambchop no existieran, convendría inventarlos.
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