Materia
DiscosJulia Holter

Materia

8 / 10
Marcos Gendre — 25-08-2026
Empresa — Domino
Género — Avant Pop

Anunciado como una especie de complemento menor de su majestuoso anterior “Something In The Room She Moves” (24), en realidad, “Materia” se revela como otra inconfundible muestra (otra más) pop barroca hipnagógica de altos vuelos. Treinta y cuatro minutos divididos en siete canciones que responden a la fantasía de coser un Frankenstein radiante de belleza donde confluye la Siouxsie más onírica con la Kate Bush de “The Dreaming”(18). Lisergia en estado permanente de sensibilidad a flor de piel a través de la que la firmante de “Have You In My Wilderness” (15) cincela un monumento de magnética aura incorpórea donde los instrumentos de viento sobrevuelan estructuras rítmicas, decididamente, sinuosas, pero también de intensidad esquizofrénica, mientras el canto imposible, entre Nico y la anteriormente mentada Bush, de Julia Holter impone las reglas de una dimensión en la que “Materia” se revela como un hito que, a cada nueva escucha, va generando un estado mayor de dependencia.

Quizá sea porque nadie en esta era es capaz de invocar hechizos tan emotivos como “Fantasy” o “My Lost One”. Ambos cortes son dos de los adelantos publicados de esta nueva obra mayúscula gestada por un ser que, directamente, a veces nos hace pensar en la posibilidad real de otros mundos dentro del nuestro. Burbujas de sueño permanente donde el ideal de éxtasis sonoro rige los movimientos de unas canciones donde la incertidumbre del giro inesperado y el arreglo inaudito son los patrones de escuchas imposibles de predecir, pero que, en su latido personal, se revelan como inolvidables actos de pop atemporal. O lo que es lo mismo, cuando el poso experimental se traduce continuamente en un lenguaje indefinible, pero, igualmente, claro y sibilino mediante un arco iris de melodías tatuadas en nuestra memoria.

Dicho en otras palabras, este nuevo presente de Julia Holter viene a refrendar que, en este momento, se encuentra al mismo nivel de unicidad con el que Björk sembró los noventa de puentes hacia zonas perdidas del universo pop. Sin duda, demasiado bueno para dejarlo pasar.

 

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