Definitivamente hay discos
que no son para todos los públicos. Obras que buscan satisfacer más el ego
creativo de los músicos en cuestión que darle cierto cuartelillo al oyente,
pero es precisamente por ello que su valor reside en ese misma defensa de la
integridad del artista. El disco a pachas de los líderes de Magnolia Electric
Co y Centr-o-matic (entre otros) se basa principalmente en un minimalismo
sonoro casi comatoso (guitarra acústica y piano) y en las voces de vocación
angelical de sus protagonistas. En ocasiones recuerdan al malogrado Vic
Chesnutt más intimista, pero cuando acuden al piano de cola también se acercan
al Antony más minimalista y todo ello sin ningún alarde, ningún aspaviento ni
ninguna concesión a hacer algo con un mínimo de ritmo, sin percusiones ni
arreglos. Por ello hará las delicias de los que dominen el inglés y quieran
dejarse sumergir en una aguas densas, adultas y de una seriedad que aletarga, por
no decir simple y llanamente que aburre a todos los que no estén algo
iniciados.
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