“Climb Up” no es ni tan tenue ni tan fantasmagórico como
“Spirit” (2006). Ni tampoco tan fiero ni tan crudo como “Eras” (2008). Y eso, de entrada, podría jugar a su
contra. En un primer momento podemos tener la sensación de que el quinteto
americano ya no nos va a provocar ese pavor que nos aislaba en cautiverio.
Demasiado nos gustaba su primitivismo cavernícola o esos llantos de presencias
espiritosas o ese chirrido de cadenas arrastradas en la brumosa frondosidad
boscosa que trasmitían sus primeras canciones. Cierto es que se echa en falta
su salvajismo incontrolado y esas contenciones y estallidos de tensión. Ahora
se nos aparecen con una producción más cuidada y más detalle en los arreglos,
un sonido más nítido y unas estructuras menos complejas y menos incómodas. Han
acabado asimilando patrones más estándar y comunes, acercándose incluso a
Radiohead. Resumiendo: han dejado la particularidad para acercarse a la
universalidad. Aunque no sigan siendo tan abominables, en su tercer disco Apse
dejan de ser un séquito fúnebre pero con una musculatura puesta a tono.
Escuchen “3.1”, “Rook”, “The Ages” o “The Whip” donde confirman saber manejar
las mejores artes del rock en todos sus géneros más ariscos.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.