The Dark
DiscosChelsea Wolfe

The Dark

7 / 10
Adriano Mazzeo — 24-08-2026
Empresa — Loma Vista
Género — Rock

En este mundo hiper intercomunicado es cada vez más difícil encontrar artistas que se salgan de la norma o que al menos las desafíen. Siempre fue de considerar el hecho de que Chelsea Wolfe es de Los Ángeles; esto se menciona curiosa y prácticamente en cada artículo existente sobre ella. En la música de Chelsea Wolfe mueren el sol eterno de Sublime, el maquillaje y el cuero de Mötley Crüe y el pandillerismo hardcoreta de Suicidal Tendecies.

Fíjate como son las cosas que ahora la cantautora se va de Los Ángeles a las montañas y lanza un disco “pop”, teniendo en cuenta los lugares a los que musicalmente fue en sus anteriores referencias. Lo que puede ser brillo y desenfreno para algunos, puede ser rabia y frustración (y el buscar el camino para salir de ellas) para otros. Ya desde ese lugar “The Dark” es una obra interesante.

En este nuevo álbum, Chelsea Wolfe expone sus pérdidas y tribulaciones, pero mirándolas con distancia, sin abrazarlas demasiado, digamos. El estado de sobriedad que logró tener desde hace unos cuantos años le permite hacer ese juego de distancias, y lo hace muy bien. Este es un disco en el que su audio se vuelve inéditamente orgánico. Suena a madera, tiene matices sonoros, pero no emocionales: todo aquí se vive y dice a tope de intensidad. Quien en el pasado adoptó géneros a cuatro manos (del doom metal al industrial, del alternativo al folk) hoy viste sus letras de existencialismo, buscando luz con una instrumentación que varía de configuración según el tema, pero siempre poniendo la bala donde pone el ojo. Dicho sea de paso, aplausos para la producción de Jennifer Decilveo (Bat For Lashes, Phantogram) y Ben Chisholm (en la banda de Wolfe desde 2010).

“Cold” es una balada que armoniza lo folk con lo gótico, en la que busca liberar su corazón de otro que lo oprime tóxicamente. Primera noción pop que se repetirá en otros pasajes del álbum: la melodía se impregna como telaraña. Exceptuando momentos en concreto de definida energía y distorsión (la dinámica y sónica “Seethe”, el dream pop existencialista de “Swallower”, el crescendo desde música de raíz a doom de “Death Is Not The End”), “The Dark” es un disco dulce y apacible muy a su modo, para escuchar sin prisas, en el que se expresan del mejor modo posible esos sentimientos de “despegue” que tenemos los humanos una vez que nos dimos cuenta que hemos tocado fondo y al mismo tiempo podemos comenzar a ver algo de la luz que nos sacará adelante. Lo que podría ser un objetivo básico del arte, vamos.

 

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.