Shortcuts
DiscosCharlie Hijos Bastardos

Shortcuts

7 / 10
Daniel Caballero — 30-04-2026
Empresa — Autoeditado
Género — Rap

Desde que incursionó en el género en los albores del nuevo milenio con la creación del grupo Hijos Bastardos –junto a Nasta, Roca y Dj Bambú– y la publicación de su primera maqueta, “Tardes de Chill” (03), Carlos Fernández, “Charlie”, ha sido una influencia intergeneracional tanto en fondo, forma y savoir faire, con especial incidencia y respeto en la escena underground madrileña como han reconocido explícitamente artistas como C Tangana, Natos y Waor, Recycled J, Ergo Pro, Ill Pekeño o Jarfaiter, entre muchos. Tras el lanzamiento en 2018 de su último álbum “Subboys”, ahora retoma su discografía en solitario con “Shortcuts”, que encierra el concepto de “tomar atajos”, pero a través del respeto, el conocimiento y la humildad. Para Charlie esos son los tres atributos que inyectan la gasolina idónea al coche para desviarse por un camino alternativo. Es singular que en el juego de máscaras que es la música con la exposición pública como moneda de cambio Charlie haya renunciado implacablemente a mostrar su rostro públicamente, con todo lo que eso conlleva, rechazando entrevistas, apariciones en medios y renunciando a la dopamina del halago virtual. El suicidio del samurái que muere con honor para evitar la captura. No juega a la falsa performance de “hacerse el misterioso” como sí hacen muchos por mera estrategia. Directamente no tiene redes sociales, y es por su compañero Nasta, quien informa en redes, que nos enteramos de sus lanzamientos.

Doce canciones, treinta y seis minutos y colaboraciones “made in Madriz” de su ramillete coetáneo más habitual como Flavia Beaka, Kamus, Rams Psicosis, Nasta, Zoide, Javier Petaka, Carlos Shega, La Clave Urbana y Sazy. “Shortcuts” no es una evolución en nada, sí un notable festín letrístico que el madrileño suma a su discografía donde, con sus típicas vetas melancólicas por el camino pateado, aúna retazos de recuerdos con un tono solemne y cuervesco. ¿No se echaban de menos buenas letras en el rap? Aquí hay unas cuantas, como en “Youth”, en la que aparte de homenajear al rapero Doxe se dirige a la falta de originalidad prominente en esta época (“cuando el estilo era el estilo y no la copia de lo que antes vi”); entre samples de rap francés en “Cambios” alude a la dictadura del reconocimiento (“esclavos de un brillo vacío, marcas y clichés”); en “Crew de mancos” critica los cantos de sirena del dinero (“esos niños enredados al adelanto / se creen tanto / están nadando en fango / y engañando a su fandom”); en “Pixels” metaforiza la pose y la autenticidad (“nacieron para lucir de lejos / se pixelan si los ves de cerca”)y en “022 Guerrilla” homenajea a su barrio, Canillejas, junto a artistas oriundos. Además de las muestras sonoras frías y pesadas marcas de la capital, aparece el drumless, atisbos de drill y matices más cadenciosos con los tresillos característicos del trap.

La portada del disco, una mano adulta agarrando otra más joven, refleja ese cruce intergeneracional de influencias. Uno tiene la sensación de que la figura de Charlie está criogenizada, parece congelada en el tiempo, por él no permean ni tendencias, ni innovaciones bruscas. Es un alquimista del pasado que hace que suene presente. Está en su propia dimensión, con lo positivo y lo negativo que ello conlleva. “Shortcuts” es un muy buen disco de rap, con letras exquisitas y reflexivas de un artista noble y sin concesiones, sin sonar estridente ni perezoso, que da buena muestra de sus grandes dotes como escritor y documentalista callejero de una época que ya no volverá. Como deja caer en “Miserere” sobre la exposición hueca, que puede ser un aplicativo para la vida de cualquier persona: “No es lo mismo estar presente que estar a la altura”.

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