Federico Pellegrini, al frente de Little Rabbits durante quince años y últimamente con Helena Noguerra en Dillinger Girl, es otro de esos que ante el signo crepuscular que parecen tomar los últimos tiempos, gira la cabeza al salvaje y viejo Oeste.
Más o menos como los valses en la odisea espacial, los de Nantes se sirven de la aridez y soledad para acompañar el curso de la decadencia del nuevo tiempo, una suerte de europeos atrapados entre Estados Unidos y México, sacando fotos musicales a todo lo que ven con el filtro de la sensibilidad propia de su procedencia: romanticismo para “Stranger”, contención para “Shake”, absinthe para “Happy As Can Be”, frontera horizontal para “The Letter U”, inocencia en “Leather Boots”, ternura para “Second Skin”, excentricidad para “Supermarket”, barroquismo para “Dis-Moi”, pasión por el billy para “Changes” y por los spaghetti para “Dream”, por Gainsbourg finalmente para “Hymne à la baise”. Mientras Robert Ford, Pancho Villa, Baudelaire, Nicholas Ray y David Eugene Edwards lo miran tomándose un trago y disparando a lo que se mueva.
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