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Disco Fantasma

Volaron alto en su trabajo homónimo de 2012, con los ecos de sus queridos The Jayhawks en vena, más Gram Parsons, Flying Burrito Brothers y toda la tradición americana bajo las alas, pero fue con su sobresaliente “Everybody’s Breaking Everybody’s Heart” (16) con el que nos dejaron noqueados en el primer asalto. Tres años de espera y aún seguíamos lamiéndonos los arañazos de luminosa melancolía que nos dejaron con ese salto hacia delante, abrazando el power-pop y la new wave con sello propio, firmando uno de los trabajos más interesantes y adictivos de la temporada.

Y tras colocarse en la primera línea de la parrilla del pop-rock patrio, All La Glory contratacan con su esperado tercer largo, “Disco Fantasma”, en el que, siguiendo la estela de los sonidos ochenteros de su antecesor, suben la apuesta y toman más riesgos: Se pasan al castellano y cuelgan en la negrura de la noche, una gran bola de espejos que gira multicolor al son atmosférico que marcan los omnipresentes y vitalistas sintetizadores, con Tero Heikkinen (mitad del dúo Kindata) al mando.

Nueve temas que se te quedan pegados a la piel como salitre reflectante, en el que la luz de la luna te encuentra desde que los surcos comienzan a girar con “La noche silenciosa”, hit automático que te morderá el cuello una y otra vez, como los vampiros enamorados que la habitan de la mano huyendo del sol. Puro fuego que, a mil melodías por segundo, enciende la mecha del synth pop que se extenderá poco a poco por cada pista, mientras las guitarras resisten la tempestad sintetizada y relampaguean por momentos, fundiéndose con cada nueva ola y los cantos de sirena etérea de Pilar G. Angulo, que nos hace contonearnos a su antojo.

Nos dejan claro en un parpadeo que, por mucha nocturnidad que nos envuelva, “hay una luz que nunca se va”, como el sonido de The Smiths y la radiante oscuridad de The Cure, dulce veneno que bulle por toda la obra. De la inevitable atracción de los cuerpos en “Roma”, a proseguir extendiéndose sin antídoto posible en las luces de neón de “Atacama”, cerrando la trilogía de adelantos y un arranque de los que no se olvidan.

En los textos encontramos dos colaboraciones de peso, el sevillano Chencho Fernández y el chileno Sebas Orellana (La Big Rabia), que suman versos a las composiciones firmadas por Juano Azagra, Fran Pedrosa y Pilar G. Angulo.

El tiempo pasa y en “Tiempo record” y la magnética “Magia negra”, Juan Azagra toma la voz cantante, tirando de recuerdos musicales y sentimentales en la primera, y buscando en la segunda el vértigo pasional de la ciudad en una madrugada sin fin. Con batería y bajo recuperando el pulso, y las seis cuerdas entrelazándose con los sintes y ganándoles la partida en alguna curva.

Aún quedan enigmas por descifrar en la vibrante y afilada “Señales”, uno de los cortes más rockeros del lote y pura combustión instantánea en poco más de dos minutos, para terminar de adentrarnos en llamas en “El baile en la oscuridad” final, con un crescendo contenido que nos estalla en la cara y desata un huracán que, en directo, no nos dejará tocar el suelo.

Habrá que preguntarles la receta, el quinteto sevillano ha vuelto a hornear uno de los discos más atrayentes del año.

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