Modus Vivendi
Discos / 070 Shake

Modus Vivendi

8 / 10
Albert Fernández — 10-03-2020
Empresa — G.O.O.D. Music
Género — R’N’B

No sirve de nada estar con la antena puesta, presumir en tus stories de cuánto pilotas de música o incluso escribir en una puta revista especializada, si no te das cuenta de esto. Por una vez, prescindamos de entornos, antecedentes y velos de moderneo. Tanto dan las órbitas urban y ese cacareado cobijo de Kanye West; el talento de Danielle Balbuena aka 070 Shake se escapa de cualquier coordenada y merece todas las atenciones.

Este es un caso muy evidente de genio que apela a sensibilidades básicas. La música de la hip hopera de North Bergen desprende un aliento y una creatividad enormes, y se nutre lo mismo de latidos de rap y r&b como de ambientaciones dream pop e incluso estelas de música disco ochentera. Sus edificios de ritmo y niebla se construyen a partes iguales de instrumentos tradicionales y bases electrónicas, con tratamientos para la voz del todo actuales. A esa mixtura de sonidos han contribuido los coproductores Dave Hamelin (también miembro de The Stills) y Mike Dean (Kanye West, Frank Ocean, Travis Scott). Aunque la palabra final siempre la ha tenido Balbuena, que es una jefaza imbatible, perfeccionista hasta el punto de dejar reposar durante meses las grabaciones o cambiar el orden del cancionero en el último momento.

La madriguera de sonidos de “Modus Vivendi” nace de un rayo de noche, “Don’t Break The Silence”, que nos pide que no rompamos el sigilo con un lamento de Autotune. Justo después, “Come Around” irrumpe demandante y explosiva como una gata en celo, elevando la crudeza y el volumen del discurso, sin alcanzar todavía las cotas que habrán de llegar. La chispa se prende del todo cuando suena la crepuscular guitarra española que desemboca en el break rítmico de “Morrow”, una canción que se eleva por encima de todo. Si no has escuchado ya esta joya, uno de los singles que nos hizo adictos a 070 Shake hace meses, te aseguro que el hechizo es automático: las bases te hipnotizan, el hilo de bajos se te inyecta en el torrente sanguíneo y los versos reverberantes te sumen en un estado de abstracción espectral. Para cuando llega el estribillo, el viaje alcanza niveles atómicos. La gravedad en la voz de la artista, esa elevación sincopada con que se recita el título y el tránsito de teclados subterráneos delinean paisajes mentales. Vemos aceras en movimiento y días pasar. Es imposible no recibir el mensaje, o resistirse al baile emocional y alienado que propone. La canción se parte por la mitad, cambia su pauta, crepita y da pasos en falso, estimulando el colocón hasta lo indecible. Sus vibraciones siguen reverberando en la cabeza mucho después de que haya dejado de sonar.

Los vértigos afilados persisten con “The Pines”, una de las grandes sorpresas del álbum. Esta versión tenebrosa de aquella canción folk tradicional que popularizaron Nirvana, “In The Pines”, también conocida como “Where Did You Sleep Last Night?”, sobrecoge a la enésima. Te dejas bañar por su letanía de beats, cuerdas épicas y fraseos obstinados y algo fantasmagórico te recorre hasta, en efecto, allí donde nunca brilla el sol. Los reflejos de sintetizadores retro y las inercias ochenteras de “Guilty Conscience” son pura crema. Las voces nítidas y coreables del estribillo dialogan con tramos de rap contemporáneo, creando un ovillo dorado de melodías que abriga el alma. En este caso, se cuenta con las artes del beatmaker Myles William en la producción. Danielle también cede parte de los créditos a Ben E. King, Jerry Leiber y Mike Stoler, creadores de la clásica “Stand By Me”, simplemente por tomar prestada una frase y cierta entonación (“No, I won’t…”) en el segundo verso. Este arrebato abstracto en torno a las relaciones tóxicas es una de las canciones que te hacen advertir que la música de 070 Shake tiene algo de intransferible y a la vez responde al pulso de los días, con una aureola universal capaz de conquistar estadios.

Tras ese pico nostálgico, las congas del inicio de “Divorce”, y los punteos de guitarra horterillas de su final, destemplan en una primera escucha, aunque son como estrenar sábanas a partir de la segunda. La forma en que las voces se desmayan hacia un pozo espiral con un efecto etéreo mientras Danielle recita “Me and you / We were one / That was once / But now we’re two” destilan un magnetismo extrañado indescriptible. Tras ese sample y guiño a The Ebonys que es “It’s Forever”, llega “Rocketship” como una constelación menor de teclados siderales y fraseos seductores. Pero ese pequeño cosmos en llamas no es nada comparado con “Microdosing”, un hit oscuro y poderosísimo, el antisingle por excelencia de esta colección de canciones sombrías. La forma en que ensambla sobre la marcha un inicio de percusiones tribales con un crescendo de bases electrónicas y sencillos acordes de guitarra, más un permanente ronroneo de ambientaciones crepusculares presididas por esa voz ahogada y herida, completan una ceremonia de la ansiedad insuperable. “Nice To Have” es un corredor sinuoso de bajos y graves que aplica varios puntos de penumbra. Un corte olvidable que nos encamina por un pasillo titilante hasta el cielo abierto que alumbra en “Under the moon”, todo un satélite de ritmos que nos eleva a la enésima mientras reverbera y crepita insinuante, con un lamento aguerrido y adictivo. La puedes escuchar cien veces, y siempre vas a necesitar otra más.

Las órbitas introspectivas se completan en el arco final, que se inicia después de “Daydreamin”, un juego de botes rítmicos que esparce las voces de su estribillo como melaza cayendo por los oídos. En el compás final, “Terminal B” se condensa lenta y misteriosa, con un inicio vaporoso como un murmullo al alba. Las fronteras del día se difuminan, en una madrugada confusa que puede convertirse en amanecer de camino al aeropuerto, o en un nuevo despertar desasosegado. Ese desapacible latido letárgico dispersa sus coros aéreos sobre un rastro de frases hastiadas, promoviendo niveles de anoxia insostenible, hasta que “Flight319” llega para salvarnos de la asfixia. El último corte del disco nos eleva con un vuelo soñador que nos devuelve la calma y las fuerzas. Vemos nuevos horizontes en perspectiva, y 070 Shake resuena sobre grandes ecos nebulosos hasta donde alcanza el oído.

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