Los conciertos de verdad tiene estas cosas: a veces un grupo empieza un poco antes para poder acabar un poco más tarde. En este sentido, Yo La Tengo fueron de lo más pragmático, empezando un cuarto de hora antes para así poder alargarse lo haga falta. Y lo que hace falta es mucho. Con el disco más escuchado que en su anterior visita, pudimos disfrutar de los hits de “I Am Not Afraid Of You And I Will Beat Your Ass” (los hay a mansalva) como si fueran de los de toda la vida. Y los de toda la vida no tardaron en llegar. Después de tocar el último disco casi entero, empezó la tromba: “Autumn Sweater”, “Tom Courtenay”, “Blue Line Swinger”, “Sugarcube”, irse y volver a salir ¡hasta tres veces! Para seguir esa linea: “You Can Have It All” con apenas unas maracas y coros, “Cast A Shadow” (Beat Happening), un “Big Day Coming” acústico que nos puso a todos la piel de gallina (de esos momentos hubo más de uno) y así dos horas casi y media que acabaron con último bis para el recuerdo: “Everlasting Love” de Love Affair. Si un concierto se juzgase por la cantidad de sonrisas cuando encienden las luces de la sala, el de Yo La Tengo fue mejor que cuatro festivales.