Womad cerró de nuevo con éxito de público y confirmada calidad artística su veinteava edición en Gran Canaria. De nuevo las calles y plazas de Las Palmas se llenaron de música, arte y danza, como indica el nombre de este festival, único en su género. Y es evidente que se le conoce más por sus conciertos, pero tanto el ciclo de cine africano (organizado por Casa África), como los talleres de percusión, danza, cocinas del mundo o los talleres infantiles, se colmaron de asistentes, volviendo a demostrar que son todo un acierto. Es verdad que pudiera haber algo de incertidumbre en la programación de este año, por las apuestas de incluir más grupos canarios o de artistas teóricamente alejados a esa etiqueta de “World Music” con la que se le suele relacionar, pero quedó patente que el resultado les dio la razón.

Jueves
Este año los conciertos de noche empezaron el jueves y fue toda una prueba de fuego para la cantaora María José Llergo, y su guitarrista Marc López, ser los encargados de hacerlo. Cuando les tocó subir al escenario aún no había multitud, pero cuando acabaron, fueron miles los que les aplaudieron a rabiar. Otra muestra más del respeto y complicidad de este público canario. Esta joven cordobesa reveló un gran potencial en su voz y aunque es muy flamenca, no ocultó algunos matices jazzisticos. María es coetánea de Rosalía y además de conocerse y haber coincidido en el Taller de Músics, comparten valentía y quien sabe si el camino del éxito. 
Tras ella llegó el autentico reclamo del día, el malabarista de las palabras Bejo, acompañado de su fiel Dj Pimp. Afirmó que nunca había actuado ante tanta gente, pero lo hizo con la misma naturalidad y desenfado que siempre. Jugaba en casa y se explayó repartiendo lo mismo caramelos que napolitanas. Empezaron con un flow más suave, pero a mitad de actuación y tras una demostración de la habilidad de Pimp a los platos, ya habían revolucionado a todos con temas como “El tupperware”,” Una papa pal kilo” o “Hasta abajo”, que fueron coreadas a viva voz. Uno de los triunfadores del festival.
Pero aún quedaban los belgas de KermesZ a l’Est con su alocada mezcla de klezmer, rock, balkan y punk. Cinco vientos, dos tambores y un banjolin (mezcla de banjo y mandolina) a los que se notaba una gran experiencia de tocar en la calle. Hicieron un show muy teatrero con divertidas coreografías y, con esa combinación de músicas, fueron infalibles. Su conexión con el público fue inmediata y cerraron el jueves por todo lo alto.

Viernes
El grupo canario Château Rouge abrió el viernes y a pesar de tener editado solo un Ep dieron muestra de un repertorio bien sólido. En rueda de prensa afirmaron que su música podría seguir la pista de la colonia de canarios que se estableció en la entonces Luisiana española entre 1778 y 1783. Es posible, pero su querencia por la americana y el rock sureño sí que es palpable. Cantando en ingles, con fiereza, y con unas guitarras afiladas, avisaron que lo suyo acaba de empezar, pero llegará lejos.

En otro extremo musical el con-cierto-poder del grupo también canario Ida Susal. Aunque podríamos decir que tras ese nombre está el proyecto personal de la creativa Julia Botanz. Sus mensajes son muy personales, a la vez que universales y están bien enfundados en músicas que beben del reggae, la cumbia o hasta del reggaeton (pero en versión claramente antimachista). Este “mestizaje de autor”, según su propia definición, caló muy bien entre un público que bailó y cantó con ella. Es posible que pueda recordar por ideas y música a Amparanoia, pero bajo el prisma personal y también mágico de esta empoderada mujer que ahora solo le hace falta romper fronteras geográficas.

Y de nuevo salto estilístico para llevarnos con el marroquí Maalem Hamid El Kasri. El gran maestro del gumbri, ese laúd acústico de tres cuerdas graves, se presentó con un batería y cuatro voces con sus qarkabas, o pares de crótalos metálicos. Con solo esas armas musicales dio un espectacular recital de gnawa, o sea canciones y ritmos religiosos y espirituales que combinan poesía, música y baile, y se caracteriza por esos in crescendo que poco a poco te van hipnotizando y elevando. Su final con el clásico “Tourklila”, con la colaboración del guitarrista Torsten de Winkel, y con esas qarkabas sonando sin cesar, fue el colofón a su actuación. Comentar que fue seguida con regocijo por una amplia colonia marroquí que estaba mezclada entre el numeroso público. Y ya lo dijo alguien en una de las ruedas de prensa, que clasificaba al Womad como un gran catalizador para el entendimiento entre culturas. Esa fue una de las muchas muestras.

Y de ahí a una de las agradables sorpresas del festival, los escoceses Talisk. Sabíamos que en estos dos últimos años habían conseguido innumerables premios, pero siendo solo un trío y de música folk instrumental, uno imaginaba algo relajado. Más aún viendo que había tres sillas en el escenario y que sus instrumentos son guitarra, violín y concertina, ese pequeño pariente del acordeón. Pero en cuanto empezaron y mostraron la energía y el ímpetu apabullante con el que tocan, sobre todo Mohsen Amini sacando sonidos increíbles de la concertina, y todo hay que decirlo, con unas bases rítmicas grabadas, aquello se convirtió en una gran fiesta irlandesa. Ahora ya no nos asombra que los hayan premiado.

Vuelta a viajar está vez de la mano de Delgres. El inquieto guitarrista belga Pascal Danaë lidera este particular power trío que sustituye al bajo por una ¡tuba! y que une la energía del blues rock a los ritmos insulares de las Antillas. Repasaron su único disco Mo Jodi basado en unos rítmicos y rompedores blues, y aunque el concierto tuvo sus altibajos, dejaron una memorable versión del “Whole Lotta Love” zepeliano.

Y para el recuerdo fue también la actuación del “afromeño” Gecko Turner. Acaba de editarse un recopilatorio de su carrera y ha sido la excusa perfecta para montar una tremenda banda a la medida de su música, o sea compuesta por africanos, latinos y extremeños. Este apasionado de las músicas negras dio una clase magistral de groove. Ya desde su inicio metió al público en vereda bailable, aunque él se mantuviera sentado frente a su teclado y guitarra. Pero es que sabe como hacer suyo desde el “Banana Boat Song” de Harry Belafonte al “I’m Waiting for the Man” de Lou Reed. Y hasta tiró de ironía al presentar una “nueva” canción, la irresistible Un limón en la cabeza. Además de hacer cantar esos coros autobiográficos y tremendamente musicales como “no llego a fin de mes” o “el guapa pasea”. Esa noche se rompió esa dicotomía que parece afirmar que “éxito de crítica, fracaso de público”, y todos estuvieron de acuerdo.
Pero la noche aún nos deparó otra perla, nada menos que la diva africana Oumou Sangaré.
Es una de las voces que más ha luchado por el empoderamiento de la mujer africana, y con su último disco, Mogoya, se ha querido acercar a una audiencia más joven, mirando a las pistas de baile y dándole más ritmo a sus canciones. Eso hace que sus directos sean espectaculares, además estuvo acompañada por una numerosa banda donde estaba el fabuloso Abou Diarra con su kamel ngoni. Fueron apenas siete largos temas, sacados casi todos de ese último disco como el dinámico Fadjamou, o ese final con el clásico Yala que hizo corear a todos. Una diva en ebullición.

La música acabó con dj Indian Man que puso con su urban bhangra, y una pequeña performance subiéndose a la mesa y llamando al desenfreno, la última nota “dance”.

Sábado
El sábado los ritmos latinos y mestizos de los canarios Radio Baifa abrieron la noche. Hasta diez músicos en el escenario con tal entrega y arrojo que, aunque la lluvia hizo acto de presencia y no de forma suave, consiguieron que el público pareciera no darse de la que estaba cayendo. Otro diez para esta audiencia.

Cuando empezó a sonar la propuesta íntima de la cantante y actriz Raquel Amegashie ya no llovía, así que su “pop-soul elegante con tintes de mala leche”, también según su propia definición, se fue adueñando del espacio con esa música tan envolvente. Quizás un lugar más pequeño hubiera sido más adecuado, pero quién pierde la oportunidad de mostrar su propuesta en un gran escenario y ante tal audiencia.

Y de una canaria a una colombiana de origen argentino, Sol Escobar. Venía presentando La Dama Oscura y es cierto que algo de siniestro tiene su puesta en escena. Tocada con un arco de flores en su cabeza y destilando gran presencia, cantó en inglés y castellano con una potente voz esas letras sombrías y estuvo acompañada de una efectiva banda, dos guitarras, bajo, batería y trompeta. Encandiló con sus blues fronterizos, que pareciera haberlos producido Calexico e hizo una gran versión del “Tuyo” de Rodrigo Amarante, un éxito de la serie “Narco” y acabó como no, con algo oscuro, “Pájaro Negro”.

A esas horas de la noche el público ya tenía ganas de movimiento y el Colectivo Panamera llegó en el momento justo. Esta unión de dos argentinos y un madrileño ha funcionado muy bien, sobre todo en Madrid, y tienen un directo que saben que es resolutivo. Son dos guitarras eléctricas y un batería (más un bajo grabado) que facturan lo que ellos llaman “cumbia panatropica”. Es una cumbia que se acerca más a la mexicana que a la colombiana, pero que también les puede lleva al bolero o al folk latinoamericano. Diríamos que Depedro se sentiría muy a gusto en está banda que en directo invita a moverse, pero con suavidad. Fueron otros de los triunfadores de esa noche.

Y viaje a Sudáfrica para recuperar a unos Ladysmith Black Mambazo con una formación que ha cambiado a casi todos sus componentes, pero que ganó un grammy el pasado año con su nuevo disco. En vivo este numeroso grupo sigue teniendo el mismo encanto y sigue asombrando con esos cálidos e increíbles coros y coreografías, además, como no conmoverse ante un “Long Way To Freedom” o el memorable “Homeless”.

BCUC

Tras ese shock emocional, llegó la israelí Noga Erez. En escena ella en medio con su caja de ritmos y demás artilugios, detrás dos percusionistas, pero sin instrumentos orgánicos, todo maquinas. Su propuesta dance y electrónica sorprendió al principio, pero en seguida sus arrolladores beats y sus particulares movimientos, pusieron a la audiencia a bailar. Lo más curioso es que a los 40min acabara su show diciendo que no tenía más canciones preparadas. Así que volvió a tocar Bad Habits, ese tema que repite hasta la saciedad “yo no soy nadie, pero ¿quién f*** eres tú?”. Luego en el off nos confesó que había preparado a conciencia su setlist para que fuera bien intenso, tanto, que se les aceleró y acabaron antes.

Pero no hubo problema, los también sudafricanos BCUC estaban esperando su oportunidad y vaya si la aprovecharon. Su inspiración viene de la música indígena y tribal de su país, canciones que se utilizan en rituales o cantos religiosos, pero que ellos exponen casi de forma punk. Son siete músicos repartiéndose congas, dos tambores, bajo y tres cantantes. Aunque más certero sería decir una melódica voz femenina, otra masculina y un autentico chamán al frente. Este último es como si de un predicador se tratara y canta como si le fuera la vida en ello, canta o mejor sería decir grita, pero siempre con armonía. En su hora de actuación solo hicieron tres temas, porque su dinámica es lenta al principio para ir acelerando y estallar al final. Lo cierto es que lo suyo fue una verdadera locura y dejaron tocados a la audiencia. Fue la guinda de la celebración de ese veinte aniversario.

La sesión del dj de Analog Africa, repleta de soukous, afrobeat o ndombolo, fue para no parar de bailar y a todos se les hizo corta. Lo mismo que este Womad, que siempre que acaba estás deseando volver.