Otro año de éxito de este festival gratuito que celebra el mundo de la música, las artes y la danza (World Of Music, Arts & Dance). Y no nos importa repetir que este certamen fue creado por Peter Gabriel con el propósito de promover la diversidad cultural, la tolerancia y el intercambio a través de la música étnica, la artesanía y la danza de todo el mundo.
Cáceres, a través de sus instituciones, lleva 33 años apoyando esta iniciativa. Es de justicia mencionar a Dania Devora, fallecida este año, productora y apasionada de la música, que durante tres décadas luchó para que este festival pudiera celebrarse tanto en Cáceres, como en Las Palmas de Gran Canaria. Sin su trabajo incansable, posiblemente hoy no estaríamos hablando de todo esto.
También merece una mención Sonde3, que por tercer año consecutivo ha asumido la codirección del festival y ha demostrado estar a la altura de un evento tan complejo.
Este año fueron 21 los artistas o bandas, procedentes de 14 países, los que pasaron por los tres escenarios instalados en la Ciudad Monumental de Cáceres, declarada Patrimonio de la Humanidad. No todos llegaron con la intención de hacer bailar al público, aunque sí la gran mayoría, y además lo consiguieron, de ahí el titular de este artículo. Pero pasemos a comentar todo aquello de lo que pudimos ser testigos.
Jueves 7 de mayo
La divertida y mordaz cumbia punk de A Garulla abrió los conciertos de esta nueva edición del Womad en el gran escenario de la Plaza Mayor. Se definen como “hijos del punk, la jota y la bellota” y “nietos de las abuelas qué luchaban en la sombra”. Y aunque en ocasiones utilizan el castúo -variante del español y patrimonio inmaterial de Extremadura-. se les entendió perfectamente. La Plaza Mayor ya presentaba una notable afluencia de público, que los recibió con ganas de fiesta. Ritmos para bailar y letras para luchar que, quizá, se disfrutarían más en una sala pequeña, aún así, derrocharon energía y actitud, algo siempre digno de valorar. Se despidieron con un contundente y definitorio: “¡Salud y libertad!”.
Tras esa invitación al ritmo, las melodiosas canciones del carioca Zé Ibarra actuaron como un agradable bálsamo, aunque quizá en exceso para el momento. Al público se le notaban las ganas de celebrar esa primera noche y quedó claro que ni el lugar ni la ocasión eran los más adecuados para la intimidad que proponía el artista.
Zé Ibarra está considerado como uno de los talentos emergentes más prometedores de Brasil. Multiinstrumentista y productor musical, sus composiciones combinan elementos de la MPB (música popular brasileña), el jazz y el pop. Presentó casi al completo Afim, su segundo disco, arropado por un elegante quinteto.
Consciente de que sus cadencias armoniosas no invitaban especialmente a la celebración colectiva, cerró su corta actuación con la dinámica “Lua Comanche”, tema de Bala Desejo, otro de sus proyectos paralelos, con el que ganó un Latin Grammy al mejor álbum de pop contemporáneo en lengua portuguesa. Lástima que solo el público más cercano al escenario pudiera disfrutar plenamente de la propuesta.
No ocurrió lo mismo con los palestino-jordanos 47Soul. Había muchas ganas de verlos, pero su actuación no terminó de explotar como se presuponía.
Desde la marcha temporal de Walaa Sbait, ahora en formato de trío, se echa en falta su presencia sobre el escenario, ya que llenaba el espacio con sus bailes y su energía. En esta ocasión, los tres integrantes permanecieron demasiado separados entre sí y la escasa interacción con el público acabó resultando determinante para que no surgiera una verdadera complicidad. Es cierto que ese “shamstep” que han creado —mezclando hip-hop electrónico, dubstep y dancehall con la música tradicional de la danza dabke— invita inevitablemente al movimiento, pero solo funcionó por momentos. Temas como “Don’t Care Where You From”, “Gamar” o la despedida con “Intro to Shamstep” lograron que los cuerpos se contonearan al ritmo de esos sonidos arabescos. Aun así, quizá pueda comprenderse cierta contención simplemente leyendo algunas de sus declaraciones: “¿Cómo puedes ser fiel a tu estado de ánimo cuando ha habido una masacre en Gaza y en otras partes de Cisjordania todos los días durante los últimos 600 días? Hay tanto dolor compartido entre todos los palestinos que es inevitable”.
Viernes 8 de mayo
El reggae, el rap y los ritmos latinos se apoderaron de la Plaza Mayor de la mano de Willy Wylazo. Un músico muy querido en Extremadura que se ha curtido tocando en la calle, experiencia que quedó patente en su dominio del escenario y en su conexión con el público. Presentó algunas de las canciones que formarán parte de su próximo disco, como “Maldita Luna”, una guajira cubana sabrosa y juguetona con toques de hip hop, o invitó directamente a la fiesta con “Yenga Party”. Sus letras hablan de su propia vida, tanto de las alegrías como de las penas, y esa honestidad siempre acaba llegando al público. Habrá que seguirle la pista.
Sorvina Carr tomó el relevo. Nacida en Nueva York y afincada en Berlín, es una artista con una contagiosa pasión por contar historias dentro del vibrante panorama del hip-hop, aunque su propuesta también tiende puentes hacia el jazz, el rap, el neo-soul y el góspel. Sus mensajes, evidentemente, ocupan un lugar central en su música: “mis letras giran en torno a las complejidades de mi identidad como mujer negra y queer”. Puede que muchos de los presentes —la Plaza Mayor ya estaba completamente llena— no comprendieran cada palabra, pero consiguió conectar con el público gracias a su intensidad, su energía y un carisma arrollador. No dejó de moverse y bailar en ningún momento, y quedó patente la complicidad que mantiene con su banda, especialmente en los pasajes donde ellos improvisaban y sobre los que ella declamaba. Merece una mención especial su acompañante vocal, Charlotte Colace, que la secundó constantemente y que, por momentos, asumió el protagonismo con una voz imponente. Basta decir que interpretó una impecable versión de “Doo Wop” de Lauryn Hill para hacerse una idea de los territorios musicales por los que se mueve Sorvina. Eso, y que no dudó en recordarnos el poder de la protesta.
Y eso es precisamente lo que tiene el Womad, puede llevarte de las entrañas del rapeo combativo al folk íntimo y personal del dúo gallego Caamaño & Ameixeiras. Ellas inauguraron el escenario situado en la acogedora Plaza de San Jorge, que estaba completamente abarrotada. Y eso, en ocasiones, puede convertirse en un problema, porque si lo que muestras requiere atención y recogimiento, no siempre resulta fácil conseguirlo. Pero ellas afrontaron el reto con valentía y, únicamente acompañadas de violín, acordeón, sus voces y algunas bases grabadas, no tuvieron dificultad en desplegar el espectáculo que han construido a partir de sus dos trabajos editados. También quedó patente que la música gallega de raíz —o la tradición reinterpretada desde una mirada contemporánea— está llegando a públicos muy diversos. En directo construyeron un viaje íntimo, poderoso y también divertido, gracias a la forma en que narran historias de amores malditos y rituales ancestrales donde la memoria y la identidad cobran vida. Dos momentos merecen especial mención. El primero, “Noelia”, el tema popularizado por Nino Bravo, que Antía interpretó entre el público cambiando ese nombre por el de “Sabela”. El segundo, el pasodoble “Catro Cousas”, compuesto junto a Rodrigo Cuevas, que fue recibido con tanto entusiasmo que acabaron interpretándolo dos veces.
Y con Bareto llegó la verbena, pero la auténtica verbena latina. Dicen que cuando Bareto toca, Perú baila, en esta ocasión, Bareto tocó y todo el Womad bailó con ellos. Resultaba impresionante contemplar la Plaza Mayor entera moviéndose al ritmo de su música. No es casualidad. Son más de veinte años llevando su propuesta a todos los rincones de su país y también a escenarios internacionales. Lo suyo es una auténtica fiesta de sonidos que viaja desde la cumbia colombiana hasta la selva peruana, pasando por la cumbia villera y los aires andinos y amazónicos. Pero, pese al carácter festivo de sus ritmos, no renuncian al mensaje. Durante la interpretación de la cumbia “No juegue con el Diablo” lanzaron un sonoro “Fuck Trump”, recibido con entusiasmo por gran parte del público. La despedida llegó con el clásico peruano “Cariñito”, con todo el mundo cantándolo.
Con la misma intención de hacer bailar al público, el dúo Raz & Afla resultó determinante. Un cruce de culturas y sonidos procedentes del Reino Unido y Ghana que construye una propuesta donde las raíces africanas se mezclan con la electrónica contemporánea. Su música fluye entre lo orgánico y lo digital, creando paisajes sonoros hipnóticos y cargados de ritmo. Raz ha trabajado con artistas como Basement Jaxx o el delicado cantautor Sam Lee. Por su parte, Afla ha colaborado como músico de sesión con bandas como Ibibio Sound Machine, Osibisa o Sun Ra. Llegaban precedidos por el éxito cosechado en festivales como Boomtown Fair o Glastonbury Festival, y basta ver su directo para entenderlo. Toda la Plaza de San Jorge terminó bailando con sus extensos e hipnóticos temas, hasta el punto de que no se escuchaba ni una sola conversación entre el público. Todo el mundo se entregó a sus ritmos. Otros claros triunfadores de la noche.
Y llegamos a Seun Kuti & Egypt 80, una de las actuaciones más esperadas de la noche, con una Plaza Mayor a rebosar. Como es habitual, primero fue la banda Egypt 80 la encargada de calentar el ambiente, ahora más internacionalizada y ajustada a la visión global que ya impulsó Fela Kuti, padre de Seun, aunque con una energía igualmente precisa apuntalando a su líder. Tras unos diez minutos apareció él para demostrar que “el hijo de un tigre sigue siendo un tigre”, y como homenaje atacaron con fuerza “Shakara”, uno de los temas de su progenitor. Con una actuación de apenas una hora, Seun concentró repertorio y mensajes. En “Stand Well Well” reflexionó sobre la mentalidad de los jóvenes actuales: “Solo persiguen la fama, olvidan dónde está la libertad; solo persiguen la riqueza, olvidan dónde está la justicia”. Su energía fue apabullante, con esa forma tan característica de moverse, retorciéndose y desplazándose de un lado a otro del escenario. También sonó “Love & Revolution”, dedicada a las mujeres luchadoras y en especial a la suya. Tampoco faltó la aún inédita y más relajada “Na Dem”, anunciada como colaboración con Tom Morello, donde se lució además al saxofón mientras lanzaba un mensaje político directo: “Díganle a sus políticos que no me gustan sus tonterías; sálvenme de los abusadores de la humanidad, sálvenme de los ricos”. Y ante los paternalistas mensajes de “Free África” él dijo: “Free Europa del fascismo, del capitalismo y del neo-colonialismo”. Cerró con la arrolladora “Emi Aluta”, un homenaje a los grandes revolucionarios, para la que pidió coros al público. Un cierre espectacular para la noche del viernes.
Sábado 9 de mayo
De nuevo dos propuestas extremeñas abrieron los conciertos del sábado, ambas con claros vínculos con el flamenco. Primero fue el bailaor Diego Andújar, que acompañado de su cuadro flamenco demostró por qué está ya considerado uno de los nombres emergentes más destacados de la escena. La combinación de cante, baile y acompañamiento musical levantó los tradicionales “¡olés!” en toda la Plaza.
Después llegó Carolina Fernández “La Chispa”, que hizo lo propio mostrando todo su poderío vocal. Fue la voz de Las Migas durante más de seis años y, acompañada por un cuadro flamenco muy similar al de Diego pero con el añadido del violín, interpretó garrotines y bulerías con gran intensidad. Su cierre, con una versión muy personal y sentida de “La vereda de la puerta de atrás” de Extremoduro, fue especialmente emotivo, con todo el público cantando a pleno pulmón ese verso de “que me entierren con la picha por fuera pa que se la coma un ratón”. Grande Robe y grande “La Chispa”.
BIM es el acrónimo de Benin International Musical -no confundir con otros artistas que comparten el mismo nombre- un colectivo musical de Benín que fusiona ritmos vudú con rock y funk en una propuesta tan bailable como hipnótica. Al salir al escenario invitaron al público a “viajar a África”, y comenzaron su actuación como si se tratara de un ritual. Su ritmo fue entrando poco a poco, pero en cuestión de minutos el público ya estaba plenamente inmerso en su universo sonoro, completamente entregado al baile. Justo cuando el ambiente era cada vez más intenso, comenzó a caer una lluvia fina que pronto se convirtió en tormenta, obligándoles lamentablemente a abandonar el escenario al filtrarse el agua.
En ese momento se temió lo peor, que el festival pudiera verse comprometido o incluso cancelado, pero las previsiones no eran malas. A pesar de la confusión, en menos de una hora los conciertos se reanudaron. Eso sí, hubo quien decidió marcharse, aunque una gran y valiente mayoría resistió frente a los escenarios, incluso cuando la lluvia continuó apareciendo de forma intermitente.
Debido al descontrol inicial con nuevos horarios, apenas llegamos al final del concierto de Islandman. Aun así, y aunque la lluvia se mantenía, todas las personas que se concentraban en la Plaza de San Jorge bailaban al son de este trío turco, que juega con total libertad con las guitarras psicodélicas y la percusión ceremonial. “Neo-Turkish Psychedelia”, lo llaman ellos, pero lo cierto es que aquello se convirtió en una auténtica pista de baile.
Mientras, en la Plaza Mayor, actuaban los londinenses Steam Down. Según su propio concepto, más que una banda son una comunidad musical que fusiona jazz, afrobeat, grime y sonidos electrónicos, y que se ha forjado a base de sesiones marcadas por la improvisación y la energía colectiva. El multiinstrumentista, compositor y productor Ahnansé lidera el proyecto, cuya música resulta difícil de encasillar. El concepto de free jazz podría encajar, y la referencia a Sun Ra Arkestra también ayuda a situarlo. El saxo de Ahnansé y los vocales de Afronaut Zu marcaban el hilo conductor de la propuesta. Este último no dejó de moverse, buscando complicidad constante con el público, y acabó conectando con todos los que no se dejaron intimidar por la lluvia y se entregaron a una música exuberante que, desde los altavoces, los invitaba inevitablemente a bailar.
Sorpresa agradable, aunque en parte esperada, la de Shanghai Restoration Project. Un dúo formado por los músicos chinos Dave Liang y Sun Yunfan, que no dejan de investigar y explorar todo tipo de tradiciones musicales. En esta ocasión, su viaje creativo les llevó a colaborar con Tebza Majaivane, poeta, rapero y bailarín de Soweto especializado en amapiano. La propuesta partía de una pregunta sugerente: ¿qué ocurriría si las antiguas canciones de los pueblos Bulang, Wa y Dai, del sur de China, viajaran miles de kilómetros hasta las calles de Soweto, en Sudáfrica? La respuesta fue clara: que combinan excepcionalmente. Y la constatación estuvo en cómo lograron poner en movimiento al público, que, a pesar de la lluvia, permaneció en la Plaza de San Jorge entregados a sus ritmos.
La macro banda femenina Balkan Paradise Orchestra puso el cierre a los conciertos del Womad Cáceres de este año. Como su nombre indica, su propuesta se nutre de los explosivos ritmos balcánicos, aunque reinterpretados desde una identidad propia y contemporánea. En los últimos años, su puesta en escena ha crecido notablemente, hasta el punto de que cada tema se convierte en un continuo movimiento sobre el escenario. En un momento dado las tubas toman el protagonismo, después lo hacen los clarinetes o las trompetas, pero siempre manteniendo esos aires festivos que invitan inevitablemente al baile. Todo ello reforzado por batería y percusiones que sostienen la energía del conjunto. No son una orquesta de bodas y funerales, como a menudo ocurre con algunas bandas gitanas tradicionales de la zona balcánicas, ni buscan reproducir aquella velocidad extrema, pero su directo se impuso como una auténtica celebración colectiva. Consiguieron hacer olvidar la lluvia y no pensar que era el fin musical del festival. Además, sorprendieron al público con una versión muy especial del “Berghain” de Rosalía, que sirvió como broche de oro para un final vibrante y festivo.
No queremos olvidar a otras bandas extremeñas que también presentaron sus trabajos en el escenario situado en la Plaza de Santa Marta, como Djarabi, LK Funk, Jorge Navarro, Dominique Atsama y Canchalera. También formaron parte de la programación los talleres infantiles y de adultos, el espacio “Mundo de Palabras”, la Muestra de Cine y el Mercado Global. Todo ello integrado en un festival que se reafirma, un año más, como una cita necesaria dentro del panorama cultural.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.