El equilibrio es posible
Conciertos / Vida Festival

El equilibrio es posible

8 / 10
Ignasi Estivill Aspas — hace 5 meses
Empresa — Vida Festival
Fecha — 06 julio, 2019
Sala — La Masia d’en Cabanyes
Fotógrafo — Silvia R. May

El Vida Festival ha demostrado que el equilibrio es posible. Se puede ir a un festival gozando de aclamados artistas internacionales y nacionales sin tener que sufrir aglomeraciones o inacabables colas para ir al baño o tomar una cerveza. Esta filosofía de darle mucha importancia a los servicios y al confort de los asistentes, junto a la mejora y ampliación de cartel año tras año, consigue que el Vida se mantenga como uno de los festivales referentes de Catalunya. Y todo gracias a su ambiente agradable, familiar y relajado, y a una ubicación idilica y rústica, la Masia d’En Cabanyes. Porque no es lo mismo gozar de la música entre árboles que hacerlo encima del asfalto.

Este año se ha batido récords de asistencia, y eso no es fruto de la casualidad. La idea del festival no varía, pero sí su cartel. Aunque el indie, el folk y el pop electrónico siguen predominando este año también se ha dado más protagonismo a las guitarras estridentes y a la electrónica, creando así un cartel más heterogéneo y atractivo. Eso sí, la cosa empezó con muy mal pie al anunciarse la cancelación de uno de los grandes cabezas de cartel, Beirut, quienes no pudieron actuar debido a una laringitus de Zach Condon. Aunque el cartel del viernes quedó algo cojo al no añadirse sustituto, el sabor al finalizar el festival siguió siendo más que bueno. Porque hubo mucho Vida más allá de Beirut.

Comenzamos la jornada del jueves 4 de julio con José González. Cabeza de cartel, el cantautor sueco de padres argentinos actuó en el escenario principal, algo que ya imaginamos no suponía la mejor ubicación para él. El virtuoso artista se encontró con un público disperso, con lo que le costó conectar algo con la audiencia con la única ayuda de su guitarra acústica. No obstante, finalmente consiguió encandilar a buena parte del público con material propio y versiones de The Beatles, Al Green y, obviamente, The Knife, con imprescindible “Heartbeats”. Justo después, fue el turno de uno de los grandes triunfadores de la jornada, Él Mató a un Policía Motorizado. El grupo argentino actuó en el escenario de La Masia Levi’s, y ellos sí se encontraron con una audiencia que cantaba a pleno pulmón cada uno de sus pegadizos temas. Desplegaron su arsenal de canciones entre lo melódico y lo ruidoso, evocando por igual a Sonic Youth y Los Planetas, con las cuidadas letras de Santiago Barrionuevo en primer plano. Cierto es que el Vida se caracteriza por una atmósfera acogedora y pacífica y se iba cumpliendo a la perfección con la selección de las bandas anteriores, pero el festival decidió agitar un poco todo y soltar un par de pitbulls ingleses con ganas de morder. Primero, subieron al escenario los disruptivos Fat White Family, que nos asaltaron con algo más que su característico sonido guitarrero y sucio. En el concierto se palpó que su último trabajo “Serfs Up!” está mucho más cuidado de lo que ellos mismos pretenden hacernos creer. Puros chutes de adrenalina, gritos y revolcones por el suelo, pero también acompañados de saxo y sintetizadores.

El Mató a Un Policía Motorizado

Justo después, Sleaford Mods le dieron al play y se lanzaron de cabeza a su particular fiesta de rap, punk, working class spirit, mala leche y humor. Ninguna de las dos formaciones británicas eran puro estilo Vida, pero ambas triunfaron y el público se lo pasó realmente bien con ellos.

Otra cita imprescindible fue la actuación en la Cova de los catalanes Cala Vento. Empezaron –algo poco habitual– algo faltos de energía debido a algunos problemas de sonido que les hicieron estar algo inseguros, pero conforme se solucionó el problema el dúo de L’Empordà se fue creciendo hasta acabar dinamitando el escenario con su pop visceral. Interpretaron la mayor parte de su excelente nuevo álbum, Balanceo, demostrando que sus nuevos temas ya son himnos para muchos y que el público les respalda como nunca.

Finalmente, Hot Chip (foto principal) se encargaron de cerrar la velada y aprovecharon la ocasión. Grupo de éxito en todos los festivales por los que pasan, esta vez nos sorprendieron con una puesta en escena y un look espectacular. Como de costumbre, el público se les entregó con facilidad gracias a un repertorio en el que no faltaron sus principales hits –desde la reciente “Hungry Child” a “Over And Over”–, aunque se nos acabaron de meter a todos en el bolsillo con su arrolladora versión del “Sabotage” de Beastie Boys.

La jornada del viernes 5 de julio se presentaba algo descafeinada con la ausencia de Beirut, pero eso también dejo más espacio y tiempo a otros artistas para conquistar al público. La jornada se animó realmente con Kevin Morby en el pequeño escenario de El Vaixell. El cantautor de Texas dio todo un recital a media tarde, íntimo y muy personal, gracias a un repertorio de folk melancólico que se creció con la ayuda del trompetista Hermon Hemari y la cantante Katie Cruthfield. A continuación, Carla hizo bailar al público relajada pero imparablemente. La hermana de Joana Serrat consiguió que su synth pop a la The xx se acercase un poco más a los corazones de la gente.

Sharon Van Etten

Pocos peros se le pueden poner a la actuación de la cantante de Nueva Jersey Sharon Van Etten: un show muy cuidado y de calidad en el que presentó su aclamado último trabajo, “Remind Me Tomorrow”, con muchísima fuerza y entrega, mezclando melancolía (mención especial para su versión al piano del “Black Boys On Mopeds” de Sinéad O’Connor), pero también empoderamiento, y dejando más de lado al folk. No obstante, aunque llenó el espacio dio la sensación de que la audiencia no acabó de captar esa emoción y entusiasmo. Gracias a la cancelación de Beirut nos encontramos de frente con una de las grandes sorpresas del festival, Fontaines DC. Teloneros de Idles y una de esas bandas del Reino Unido que reivindican de nuevo las guitarras, consiguieron a base de hiperactividad y sorpresa que el público se entregase a su causa. A medio camino entre el post-punk de los ochenta y la energía del punk rock, motivaron rápidamente al público adulto pero su energía acompañado de gritos y estridentes acordes también calaron entre los más jóvenes, consiguiendo que todos acabásemos bailando y sintiendo también toda la rabia que llevan dentro estos jóvenes irlandeses. Si este mes ya les dedicábamos una página entera en nuestra revista y una amplia entrevista en esta misma web, tenemos claro que van a dar que hablar.

Antes de irnos, era imprescindible ver a los británicos Temples. Con su habitual espectáculo de pop rock psicodélico, intentaron hacer viajar al público con sus solos magnéticos y su vestimenta y melenas de los sesenta, aunque el show acabó haciéndose algo repetitivo y causando que el público fuese perdiendo el interés. Pese a ello, el resultado fue más que notable.

La jornada del sábado 6 de julio era claramente el plato fuerte del festival, de ahí que fuese el día de mayor asistencia. Seguramente se debió a que se combinaban artistas de dilatada experiencia con propuestas emergentes de máxima actualidad y un cierre de electrónica potente. No obstante la lluvia afectó un poco al funcionamiento de la jornada. Sin ir más lejos, Miqui Puig se vio obligado a parar su actuación en pleno subidón house y cuando tenía ya al público entregado a su cara más bailable. Algo parecido ocurrió con los shows de Stella Donnelly y Ferran Palau. Aunque ninguno de los dos cancelase, si que perdieron audiencia puntualmente. Eso sí, Palau supo convertir su concierto en algo especial y la entrega de quienes siguieron el concierto no hizo sino incrementarse conforme la lluvia arreciaba. Más tarde, el concierto de Gus Dapperton, que empezó con muchos menos asistentes de los esperados, también sufrió las inclemencias temporales, algo que no arrugó al joven norteamericano y sus acompañantes, que se mostraron descarados y despreocupados en todo momento. El bedroom pop de Dapperton acabó funcionando y fueron muchos los que se sorprendieron con su sonido ochentas y su actitud cien por cien actual. Divertido y con gracia innata, Dapperton demostró ser el líder de una de esas bandas en las que cualquier joven querría tocar.

Cambio de registro total con Nacho Vegas, quien se encontró desde el minuto cero con el público entregado. Respaldado en todo momento por unos músicos de relumbrón (tres León Benavente, Joseba Irrazoki de Atom Rhumba y el habitual Manu Molina, una suerte de The Bad Seeds a la española), Vegas protagonizó otro de sus sólidos conciertos, en el que su material más reciente tuvo principal protagonismo. Junto al no menos protagonista Abraham Boba protagonizó uno de los momentos más emotivos de la jornada: la interpretación de “Crímenes cantados”, canción que habla de la situación que se vive en los Centros de Internamiento de Extranjeros ( CIE). Vegas aprovechó el momento para hacer un discurso activista con la ayuda de las responsables de Tanquem Els Cies, quienes se quedaron durante toda la canción en el escenario, portando una pancarta que mostraba a diversas personas fallecidas en dichos centros.

En un festival en el que todo funciona a la perfección, los veinte minutos de retraso de Cariño parecieron una eternidad. Las madrileñas siguieron haciendo bandera de su característico pop chillón, y se encontraron un público muy devoto que cantó sin parar. Se divierten tocando, aunque seguramente quien no se lo pasó tan bien fue el técnico de sonido, que recibió unas cuantas demandas mientras bromeaban entre ellas. El escenario de La Cabana estaba más lleno que nunca, y poco importaron los errores o el clima.

Carolina Durante

A partir de ahí llegó la hora de los pesos pesados. Primero The Charlatans, que abrieron a toda máquina un show de calidad y muy completo. Los británicos, iconos del sonido Madchester y del pop británico de los noventa, se encontraron con un público masivo que cantó a pleno pulmón sus himnos generacionales, pero la auténtica locura estaba a punto de desatarse. Madness demostraron estar en buenísima forma. Abrieron con “One Step Beyond” y la gente ya no dejó de bailar y cantar hasta el final. Lleno como ningún otro concierto, el suyo fue uno de los momentos más masivos y con el público más entregado de todo el festival. Una revisión de los gloriosos años del ska pop con pogos incluidos. Por muy mayores que se hagan, los conciertos de Madness continúan siendo pura fiesta. Aunque los grandes triunfadores de la noche fue sin duda Carolina Durante. Estuvieron inmensos de principio a fin, y la verdad es que sonaron de maravilla. Destacó –como siempre– su enérgico cantante, Diego, quien iba arriba y abajo durante todo el concierto, sin errar nunca el tiro en la ejecución. Y el repertorio, obviamente, estuvo a la altura, con todos esos temas que se han convertido ya en la banda sonora del momento. A partir de ahí, tampoco fallaron los nombres que añadían ritmo bailable al Vida. Los alemanes Meute, garantía de éxito, quienes conquistaron a propios y extraños con su sonido de techno marching band, a base de instrumentos de viento y percusión. Bronquio aportó locura a la noche y Polo & Pan algo más de clase con su combinación de french house, bossa nova y aroma tropical.

Aunque a lo largo de los tres días de festival hubo muchos más que no deberíamos pasar por alto y que consiguieron resultados francamente destacables, desde Molly Burch a El Petit de Cal Eril, pasando por Pau Vallvé, Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, Superchunk o los locales Pacosan.

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