Imagino que la gran cantidad de conciertos que felizmente nos asola este otoño está teniendo sus efectos colaterales en los esquilmados bolsillos del aficionado. De lo contrario me cuesta entender que el paso por Barcelona de Meghan Remy y sus U.S. Girls, protagonistas de uno de los discos mejor valorados por la crítica de la temporada, tuviera tan poco poder de convocatoria. A penas unas doscientas personas se acercaron a la coqueta sala 2 del Apolo para balancear sus caderas al sinuoso ritmo de las canciones de la estadounidense afincada ahora en Canadá.

Un concierto que se inició de forma muy prometedora con “Velvet 4 Sale”, tema con el que también abren su último disco “In A Poem Unlimited”, dejando claro ya de entrada que la textura en directo que iban a dotar a las composiciones de Meghan Remy sería mucho más orgánica y ácida. De hecho la huella de The Cosmic Range, banda de avant-jazz afincada en Toronto que da soporte a la artista estadounidense, sobrevoló y de que manera toda la actuación. Parecía que el protagonismo del wha-wha de una de las guitarras, sumado a la aterciopeladas texturas del saxofón, los ácidos punteos del otro guitarrista y el esplendoroso golpear jazzy del batería, harían del concierto un viaje que iba a fusionar las dos costas estadounidenses sobre el escenario. La psicodelia de la California de los Mothers Of Invetion de Zappa, con la Nueva York nueva-olera de finales de los setenta de Talking Heads (“Incidental Boggie”) o de los Blondie más discotequeros en “M.A.H.”. Un cóctel esplendoroso al que cabe sumar la pose evidentemente arty de Meghan Remy y su corista que, de riguroso negro y actitud tan impertérrita como impenetrable y dura, aderezaban con bailes y una pose bastante teatralizada su directo. Una actitud hierática y fría que podría haber lastrado en algún momento el set pero que, en el caso de U.S. Girls, encaja con su imaginario, aunque por momentos ofreciera un extraño contraste con el abrasivo sonido que desplegaba la banda en temas como la enigmática “L-Over” o el dramático estribillo de “Pearly Gates” con la que finalizaban su show de forma desatada.

Quedaban, eso sí, los dos bises de rigor que fueron  un perfecto resumen de lo ofrecido durante todo el concierto. Una alternancia de canciones de los dos últimos discos de la artista que, en el fondo, nos viene a decir que la propia Meghan Remy tiene claro que su carrera realmente empieza con ellos y que, todo lo anterior, no eran sino probaturas para encontrar una voz propia con la que sentirse tan identificada como a gusto. Por eso de la más fría, extraña y arty “Sonoral Feelings” que abre “Half Free” (15) pasaron a la esplendorosa y esperada “Rage Of Plastic” con la que dieron por finalizado un concierto que en realidad supo a poco. No me hubiera importado quedarme una hora más, como tampoco me hubiera importado que The Cosmic Range, hubieran realizado un pase previo basado en las improvisaciones más propias de cualquier jam-band que se precie. Al menos hubiéramos alargado la placentera sensación de estar ante una propuesta a la que parece quedarle todavía un largo camino por recorrer.