Habla mucho y bien de una ciudad, que parte de su programación gratuita esté centrada en la música en la calle. Quien visite Gijón en verano se podrá encontrar con conciertos por diferentes calles y plazas de la ciudad, más de ochenta grupos de diferente calado y condición actúan en directo presentando su música.

Esta extensa programación tiene un programa especial por las mañanas en los llamados, “Los Vermús de Arte en la Calle”, cinco conciertos que se celebran a las 13:30 horas y por donde han pasado artistas como Neuman o Delaney Davison.

Este domingo 23 de agosto era el turno de Tulsa, proyecto tras el que se esconde la artista de origen vasco Miren Iza. Presentó su último y brillante disco “La Calma Chicha” a pelo y en crudo, exponiéndose en solitario y acompañada de su guitarra en La Plaza de la Corrada, como escenario el mítico Bar La Plaza de Cimadevilla, que como la propia Miren comentaba tan buenos recuerdos nos trae a muchos. Aforo a rebosar y una hora de actuación, buenas canciones y sinceridad a raudales. Si de algo puede presumir la artista vasca es de exponer y exponerse. Su catálogo de canciones esta repleto de profundos sentimientos donde el desamor toma cuerpo y le permite abrirse en canal. Parece que sus actuaciones son una terapia catársica donde organiza sentimientos e ideas. Tras su aparente timidez se esconde una artista valiente dispuesta exponer todo lo que lleva dentro de su triste corazón buscando el amor que algún día llegará a su melancólica vida. Comentaba Iza, cuando el cielo soltaba sus primeras lágrimas, que había afrontado el concierto en Gijón con miedo, quizá alguna deuda pendiente tenía con una ciudad que el domingo por la mañana volvió a descubrir que la música es una buena excusa para mirar hacia dentro y descubrir que en la vida lo más importante es sentir.