Que no. Que uno no tiene nada en contra de The Offspring. Sus discos me gustan aunque no suenen en casa cada dos por tres. Su facilidad para componer hit singles me sorprende casi tanto como su torpeza a la hora de trasladarlos al directo. Mientras en un estudio manejan con sorprendente facilidad sus capacidades para componer himnos para teenagers, sobre un escenario a duras penas mantienen el tipo. Su sección rítmica acelera y decelera al más leve soplido, su guitarra cumple como puede con una profesionalidad que haría enrojecer al más cutreras de los solistas de cualquiera de las bandas de Nitro y Holland (correcto en todas y cada una de sus anteriores visitas a nuestro país), mientras, consigue que tres mil jóvenes no dejen de corear sus composiciones. Sólo que, en esta ocasión, las cosas cambiaron levemente. Noddles pasó desapercibido –que en su caso ya es mucho-, dejando que Dexter Holland cobrase el protagonismo y nos hiciera palidecer como nunca (lamentable actuación, lo siento). Tuvieron sus momentos, no lo negaré, y consiguieron dar forma a un show (dejemos a parte la tontería de «Intermission») algo mejor que en las dos últimas visitas a nuestros escenarios, pero lo suyo les costó. Destrozaron sin ningún tipo de piedad «Bad Habit», «Why Don’t You Get A Job» (su próximo hit single) y salvaron –con colega y percusionista como invitados de honor- «Walla Walla», «Pretty Fly (For A White Guy)», «Smash», «Come Out And Play», «All I Want» –con ella abrieron-, y quizás «Staring At The Sun». La verdad, no hay quien les entienda.