Si Uri Caballero, ex guitarrista de la banda catalana Surfing Sirles e ilustre vecino de Vallcarca tristemente fallecido de forma repentina en 2013, hubiera visto el homenaje que sus compañeros le rindieron durante dos noches seguidas en la barcelonesa Sidecar (con todo vendido y con una fecha añadida en Berga), sólo hubiese sentido una cosa: orgullo.

El réquiem salvaje liderado por Martí Sales, Guille Caballero y Xavi García, al que se sumaron para la ocasión amigos como Joan Colomo y Mau Boada (Esperit!), fue una sentida veneración. Pero al estilo Sirles. En vez de lágrimas hubo sudor; en vez de agua bendita, hubo cerveza (mucha); en vez de condolencias hubo pogos (sólo al final del bolo, y ya sin disimular el peso de la cita para los cinco jinetes sobre el escenario, todos se fundieron en un largo abrazo)… Fue la fiesta que Uri hubiese querido, vamos. Con Sales volando por los aires varias veces, rozando los cielos para abrazar a su colega.

Han sido cinco largos años de ausencia, pero no se notó en el desarrollo del bolo: misma fuerza e intensidad que en alguno de los antros que los vio nacer hace más de una década. Lo prometieron al inicio: la segunda noche iba a ser más rápida, más loca (por lo que contaban los presentes que repitieron, la primera no lo fue poco): “Estaremos menos locuaces que ayer”, vaticinó, entre risas, Guille Caballero, hermano de Uri. Si el bolo del miércoles fue un –comentaba un miembro de la discográfica de siempre de los catalanes, BankRobber– “hola” para los fans, el de este jueves era un “adiós”. Un adiós de los que calan; nada de palmadita siesa en la espalda.

Los Sirles pisaron el Sidecar para aporrear instrumentos sin descanso. No hubo tregua ni para la banda ni para los acérrimos que hicieron de la sala una capilla animal. El quinteto repasó gran parte de los tres discos de rock progresivo, garage y punk bastardo que los confirmaron a principios de la segunda década de los dos mil como uno de los grupos más interesantes del underground catalán. “Montseny”, “Taxista” o “Watusi ‘65” exacerbaron al personal, que sólo dejó de botar en escuetos preludios (“Soy minero” o un tronado “Give it Up”) que sirvieron para regar con algo más de birra a los Sirles. Ay, la deshidratación.

Los catalanes no son una banda cualquiera, como repasamos en MondoSonoro en una memoria oral que explicaba su trayectoria. Tampoco podían despedirse de una forma cualquiera. El ritmo se aceleró y las canciones se acabaron, como reza “Cançó-funeral”, uno de los imperdibles de “Música de consum” (2013), pero la energía quedó. Y la noche seguro se alargó, entre risas, entre quintos. Uri no lo hubiese querido de otra forma.