La novena edición del festival Río Babel tuvo lugar de nuevo en el gran auditorio de Rivas, con una positiva respuesta de público: más de cincuenta mil personas disfrutaron, entre otros, de Amaia, La M.O.D.A., Molotov, Bomba Estéreo, The Offspring y Katy Perry, que mostraron su mejor cara sacando partido a un sonido excelente y sin percances atmosféricos, más allá del calor de estas fechas.
La organización tuvo el acierto de agrupar en la medida de lo posible cada jornada estilísticamente. Un viernes dedicado a los artistas nacionales, un sábado más punk y gamberro, y el domingo para el pop más de brillantina.
La apuesta por el auditorio de Rivas parece firme, pese a que no esté cerca de la capital, y eso sea un hándicap. Durante las tres jornadas, tres escenarios musicales más el de Babel Comedy se disputaron la atención del público, con solapamientos parciales. Barriendo para casa un poco, me resulta incomprensible que a estas alturas un festival de este tamaño carezca de una mínima zona de prensa. Pero fijémonos en lo positivo: horarios como un reloj, comodidad en el recinto y, reitero, sonido nítido y poderoso. Que es esencial para disfrutar de la música en directo.
Viernes, 3 de julio
El viernes iba a arrancar con un sol espléndido como complemento ideal del dub electrónico de Iseo & Dodosound y el ecuatoriano Machaka, que congregó a algunos compatriotas al son de sus ritmos calientes. Los primeros dedicaron su concierto a Venezuela, por el terremoto que provocó la cancelación de Caramelos de Cianuro. El recuerdo al devastado país caribeño sería una bonita constante en el fin de semana.
El protagonismo de la jornada iba a estar muy repartido. El pop aflamencado y elegante de Chambao, con una Mari exultante celebrando veinticinco años de su proyecto -algo que no debemos dar por sentado, dijo-, resultó ideal para ver cómo el astro rey se iba poniendo al oeste del recinto.
Amaia, que ocupó el escenario contiguo, se encargó de refrescar la profunda conexión que tiene con el público madrileño. "¿Rivas o Madrid?”, preguntó con su humor pícaro, sin que quedara clara la respuesta. El despliegue de la joven artista navarra deslumbró una vez más desde unas prestaciones vocales impecables, un ropaje instrumental de pop exquisito, guiños al folclore y picos como la imponente -y ya clásica- versión de “Santos que yo te pinte”, que intercaló con su muy coreado repertorio.
La M.O.D.A. volvieron a dejarse la piel sobre el escenario. Los burgaleses son una de las bandas de rock más generosas y fiables que tenemos, y tienen un puñado de magníficas canciones-himnos -de “Miraflores” a “No te necesito para ser feliz”-, aunque tanta intensidad sin descanso abrume un poco. A mitad de concierto hubo manifiesto de un representante de maestros de escuelas infantiles de la Comunidad reivindicando mejores condiciones laborales.
La Pegatina no están musicalmente tan lejos de los castellanos, aunque lo suyo sea abiertamente más festivo, como se encargaron de decir nada más salir. Una puesta en escena imaginativa destacó -como otros artistas de la jornada- que hace tiempo que no hay nada que envidiar al respecto a los artistas de fuera. La banda de indie anglófilo pero personalidad propia Ultraligera iba a cerrar un día intenso en el que también mostraron sus armas festivas los andaluces emergentes de Juventude.
Sábado, 4 de julio
En la jornada del sábado planeaba la sombra (o más bien lo contrario) de la anunciada segunda ola de calor, que se anunciaba apocalíptica, pero no fue para tanto.
El festival sirve de plataforma para artistas de la América de habla hispana que tienen en el evento una ocasión de oro. Fue el caso de la venezolana Irepelusa con su trap tierno, o de las canciones igualmente sensibles del argentino Ilan Amores.
Los pioneros del mestizaje Eskorzo demostraron estar perfectamente engrasados sobre el escenario. Aflojaba la canícula y Molotov se encargaron de dar uno de los conciertos del evento. Mucho más eficaces como cuarteto de rock granítico que cuando se van un poco por las ramas con “cumbias marcianas”, refrescaron el atemporal poder corrosivo de “rolas” como “Pendejo”, “Chinga tu madre” o “Gimme Tha Power”, acordándose de los políticos ladrones tan bien representados en México por el PRI y compañía, y culminando con un “Puto” coreadísimo y sin concesiones a la galería. Picantes y mordaces hasta el final.
A su lado, Chiquita Movida, el “plato” de pop rock compuesto por el nuevo grupo de Rayden y varios amigos, se me hizo ligero, aunque fueran de menos a más con sus melodías y se ganaran a los pacientes que se quedaron a verles.
El plato fuerte del día eran los veteranos The Offspring, y no decepcionaron. Los californianos jugaban en casa -por el contrastado entusiasmo de sus fans locales-, pero no racanearon ni entrega ni prestaciones. Un batería que podría ser hijo de Dexter Holland o Noodles (Brandon Pertzborn) hace milagros, y sus apañados hits sonaron con potencia y carácter para remarcar el carácter atemporal del punk melódico que abanderan. Una fiesta rockera coronada con homenaje a Black Sabbath y Ozzy, balones gigantes a lo Flaming Lips y confeti, aunque abusaran un poco de gracias y parlamentos en la parte central del show.

Katy Perry
Domingo, 7 de julio
La tercera jornada nos pilló con las fuerzas justas y un calufo tórrido similar al del sábado. Sin embargo, el público respondió de manera admirable. Más ligero de actuaciones, el día empezó a calentarse con el pop festivo y ochentero del dúo Tú peleas como una vaca, y las canciones románticas de la joven argentina Yami Safdie, que aunque tiene voz de sobra, como tantos otros artistas jóvenes confía demasiado en los elementos pregrabados.
El domingo contaba con el aliciente de la banda colombiana Bomba Estéreo, cuya vibrante propuesta de electrónica tropical psicodélica y puramente orgánica era ideal para la ocasión. Los colombianos pusieron a bailar al recinto con un despliegue de percusiones exuberantes y esa electrónica imaginativa que concilia, nadie sabe cómo, a The Chemical Brothers y otros con la cumbia del Caribe. Sin duda, el concierto más divertido e imprevisible de todo el festival.
La norteamericana Katy Perry congregó a incondicionales vestidos como ella, muy jóvenes y no tanto. Salió con una corbata de barras y estrellas -quizá por lo del cumpleaños redondo de su país- y una camisa que aseguraba que no era un robot. Se apoyaba en pasarela, móvil gigante y coreografías cuidadas al milímetro, incluso con la bandera de España y un marciano. Incluso se metió en una botella de plástico colosal entre el público. La música, lo esperado: ese pop híper vitaminado que parece hecho para grandes recintos y satisface instantáneamente. Lo malo, de nuevo, es que hay tanto material pregrabado que uno al final no sabe qué interpreta ella y sus músicos.
Los que tenían fuerzas y podían permitírselo -recuerden: era domingo- disfrutaron también del perfeccionismo indie pop químicamente puro de Guille Milkyway, La Casa Azul, que con su depurada puesta en escena y sus hits fue perfecto colofón al festival.
El balance de esta edición tan variopinta sólo puede ser positivo. No subestimemos el mérito que tiene la ya importante longevidad de Río Babel en un año en el que han causado baja varios eventos que no han podido sortear los rigores de la saturación y las estrecheces económicas. Como dijo La Mari en su concierto, estamos vivos, celebrémoslo.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.