Dos años exactos separan el anterior La llamada del oso del flamante Discurso caníbal. Difícil lo tenían Ídolos del Extrarradio para igualar aquel disco de 2017 que inmortalizó su paso de cuarteto a trío y redefinió el sonido de la banda. Nos habíamos resistido a escuchar su nuevo disco hasta que tuviésemos el vinilo en nuestras manos, así que llegamos a la Sala Niágara para enfrentarnos por primera vez a las nuevas canciones de Ídolos. El concierto se basó íntegramente en estos dos álbumes, combinándolos a la perfección. Comenzaron con Sangre de Obrero y a partir de ahí pudimos meternos de lleno en su último disco.

Su propuesta se ha radicalizado, la música, más cruda que nunca, las letras, más directas e incendiarias. Álex (bajo y voz), Fuzzio (guitarra) y Gutxi (batería) salieron a fuego desde el principio, como siempre. Debido a unos problemas con el bajo, el concierto empezó un poco frío, pero rápidamente pillamos velocidad y de ahí hasta el final. “Un hombre normal” y “Blabla” son dos trallazos punk que definen bien por dónde van los tiros. El giro de tuerca está en esas influencias perfectamente asimiladas del punk y el hardcore más rítmico (“Como tú”) y disonante (“Discurso caníbal”), en ocasiones cercanos a Wire, Gang of Four y similares.

También hay sitio para la faceta más accesible y new wave de Ídolos. “Fuego en el Estarbax”, por ejemplo, recuerda a su primera época y les pone al nivel de bandas que lo están reventando ahora mismo como Biznaga o La URSS. “Gatitos, fascio y desencanto” fue uno de los puntos álgidos, una extraña, pero adictiva mezcla de marcha marcial punk (menudo riff) y spoken word. Para terminar, “Purga en el parque”, “Extrarradio” y “Cobarde, cobarde” de La llamada del oso.

Que únicamente echando mano de sus dos últimos discos tengan material para dar un conciertazo así dice mucho de estos ídolos. Una vez más demostraron que pocos en Cantabria (y lo extenderíamos a todo el estado) pueden toserles.