De todo como en botica
Conciertos / Primavera Sound

De todo como en botica

8 / 10
Don Disturbios, Joan S. Luna, Dario García Coto, Karen Montero, Guille Chaparro y Ernesto Bruno — 04-06-2018
Empresa — Primavera Sound
Fecha — 02 junio, 2018
Sala — Parc del Fòrum, Barcelona
Fotógrafo — Kevin Zammit

Sábado 2 de junio de 2018
A Damed Squad les tocó la hora de la muerte: antes de las seis de la tarde del último día, con el cansancio y el solazo diezmando al personal. Pero salieron adelante con creces, atrayendo a bastante guiri y especialmente a unos cuantos que habían llorado la pérdida de Migos el día anterior. Un set variado y colorista -gracias en parte a lo bien que suenan las bases de Enry-K en directo- en el que hubo temas del colectivo, de la última mixtape de Lil Moss o incluso del reciente debut en solitario de Sticky M.A., que salió para cantar “Sextape”. Balance positivo, aunque todo estuviera en su contra. (DGC)

El mundo de Montero baila entre la melancolía y el buen rollo. El músico australiano con base en Grecia abrió la jornada del escenario Apple Music. Empezó con sus temas insignia como “Montero Airlines” o “Tokin’ The Night Away” y culminó su actuación con “Vibrations”, su himno feliz lleno de pop con toques psicodélicos. (KM)

Car Seat Headrest fueron los encargados de inaugurar el escenario Mango la última jornada con un concierto algo decepcionante de apenas siete canciones. Pese a la puesta en escena de un animado Will Toledo, el grupo no fue capaz de hacer justicia en directo a tremendas canciones como “Fill In The Blank” o “Drunk Drivers”, que apenas destacaron en el repertorio. (GC)

Nick Hakim, poco después, firmaba un concierto de alma pop revestida de neo-soul, r&b y cierto toque psicodélico. Sonoramente un tanto añejo y convencional, pero bien facturado y correcto. Rex Orange County también tiene su punto retro y su toque neosoul, pero ha sabido dar forma a sus influencias -que pasan por prácticamente todo el abanico de la música negra- en un sonido personal y colorista, exactamente igual que sus letras. Puede que no tenga himnos, pero tiene suficientes buenas canciones para llenar casi una hora de concierto sin un solo minuto de relleno. (DGC)

Jane Birkin

Jane Birkin

Un poco antes de las ocho de la tarde, en el escenario Seat se daba cita uno de los lujazos que escondía el cartel de este año. Jane Birkin se subía al escenario para interpretar las canciones del que fuera su gran amor, Serge Gainsbourg, junto a una orquesta sinfónica, y como era de esperar la experiencia fue cuanto menos preciosa. Temas como “Valse de Melody” o “La chanson de prèvert” hicieron las delicias de un público que, desde el riguroso silencio y la admiración, disfrutaron de uno de esos repertorios que definen una época. (GC)

Apliquen lo que escribimos unas líneas más atrás sobre Josh T. Pearson al directo de Lift To Experience, aunque quitándole algo de desparpajo y añadiéndole algo de seriedad. Les faltó un plus de bravura para captar más adeptos a su causa polvorienta. Eso sí, por lo menos había garra, algo que le faltó al directo a los australianos Rolling Blackouts Coastal Fever, un quinteto de jangle pop al que suele compararse constamente con The Go-Betweens, adaptados a los tiempos que corren. Eso sí, en breve publican “Hope Downs”, y préstenle atención, porque como ya han demostrado en sus EP’s “Talk Tight” (16) y “The French Press” (17), el estudio se les da bastante bien. Quizás todavía se estuvieran desperezando cuando salieron al escenario, porque les costó ajustarse las tuercas como nos hubiera gustado. Esperemos a la próxima vez. (JSL)

Don Bolles y Ariel Pink se han hecho amigos. El que fuera batería de Germs se coloca a la derecha de Pink y berrea como un poseso. Uno piensa en qué demonios hacen comportándose así, como colegas de borrachera que quieren pasar una buena tarde tocando para un montón de tarados que quieren verles en concierto. Y en ese momento es cuando caes en la cuenta de que Ariel Pink siempre ha sido así desde la primera vez que le vimos. Tiene disco nuevo cada par de años aproximadamente y sale a la carretera para que nosotros, ese montón de tarados del que les hablaba poco más arriba, vayamos a verle y nos lo pasemos bien. Es lo que tienen los perros verdes, que les queremos aunque de vez en cuando muerdan la mano que les da de comer. (JSL)

Que Lykke Li actuase minutos antes de Lorde y que “I Follow Rivers” (o mejor dicho, el remix de The Magician) sea uno de esos hits que todo el mundo conoce no es algo que ayudase demasiado a la sueca. Esa fue la realidad, aunque no fuese justa. Pese a que su show funcionaba y supuraba clase, poca gente se dejo arrullar por su voz. Una de esas ocasiones en las que uno tiene claro que un escenario más modesto hubiera ayudado mucho más a la artista. Lo más curioso fue tener que salir corriendo para asistir a la actuación de sus compatriotas Watain, sin duda el polo más opuesto que podamos imaginar para Lykke Li. Watain son hoy por hoy una de las bandas más respetadas del black metal tras veinte años de carrera. Su todavía reciente “Trident Wolf Eclipse” justifica las muestras de respeto que suelen llevarse, pero, tras varios años presenciando conciertos extremos en el Primavera Sound, empiezo a pensar que las guitarras ametralladora no casan como deberían con un escenario a unos diez metros del mar. (JSL)

Me sorprendió el gran poder de convocatoria que mantienen Grizzly Bear teniendo en cuenta que competían con Lorde y que no son una banda nada fácil de asimilar. Aunque pronto me di cuenta que más de uno estaba allí para el parloteo y no para dejarse llevar por las hipnóticas armonías vocales de una banda que, en esta ocasión, parecía algo desubicada en un escenario festivalero. No cabe duda que su propuesta funciona mejor en distancias más cortas. Bien, pero no nos dejaron con la boca abierta. Algo que sin duda pueden lograr. (DD)

Lorde

Lorde

Imparable y con ganas de asaltar el trono de hierro del pop, Lorde salía a escena sobre las diez de la noche. La joven neozelandesa muestra sobre el escenario una presencia inmensa al alcance de muy pocos. Fue un “¡Primavera!” a viva voz de la cantante en plena “Homemade Dynamite”, el segundo tema del repertorio, lo que terminó por poner patas arriba a un público que disfrutó hasta el final gracias a un acertado set list marcado por sus canciones más bailables cuyo broche de oro lo puso “Green Light”. Una auténtica gozada. (GC)

He escrito tanto sobre Arctic Monkeys y he defendido tantas veces sus directos, que empezaba a pensar que había perdido la distancia a la hora de valorarles. Ha tenido que llegar “Tranquility Base Hotel & Casino” para darme cuenta de que siempre hay momentos en los que nos distanciamos de aquellos artistas a los que más hemos reverenciado. No me malinterpreten, continúo adorando a los británicos y mataría todavía por algunos de sus discos, pero todo apunta a que me voy a dar un respiro de un par de añitos por lo que respecta a Alex Turner y sus muchachos. Me explico. Soy de la opinión de que los logros principales de “Tranquility Base Hotel & Casino” se quedaron en la grabación, en ese surco que se abre con “Start Treatment” y de cierra con “The Ultracheese”. Las nuevas canciones de la banda suenan muy bien, tienen un alma que las distingue de sus pasos previos, pero no nacieron para el directo. De ahí que, aunque sonasen impecables en su concierto en el Primavera Sound, Turner ejerciese de frontman con excelentes maneras y sus seis acompañantes no se permitiesen ni el más pequeño fallo, algo cambió esta vez. Por momentos –cuando sonaban esas viejas canciones que tanto me gustan- pensé que no, que iba a ser una gran noche, pero al siguiente quiebro las brumas volvían y los cientos de colores de sus nuevas canciones mutaban sobre en escenario tonos diversos de un gris mortecino que impedía que les viera como ese grupo que tanto me ha excitado con cada uno de sus discos previos. Algo me dice que los británicos están pasando por esa etapa de incomprensión que todo artista grande vive alguna vez en su trayectoria y que, en pocos años, entenderemos realmente de qué va esta historia, pero qué quieren que les diga: hoy es hoy, y precisamente hoy –el sábado pasado, vamos- Arctic Monkeys me gustaron en concierto un poco menos de lo mucho que me habían gustado hasta ayer. (JSL)

Poca gente se quedó a ver la actuación de Dead Cross, pese a ser la superbanda compuesta por, ya saben, Mike Patton (Faith No More, Fantomas), Dave Lombardo (Slayer, Fantomas) Mike Crain (Retox) y Justin Pearson (The Locust y Retox). La coincidencia con las grandes estrellas del sábado, Arctic Monkeys, hizo que únicamente los más fieles a los sonidos más duros disfrutaran de la brutalidad que a priori prometían. La única pega es que dado el nivel de los miembros de la banda, y pese a la bestial ejecución de Lombardo, las canciones –al margen de que versionen a Bauhaus- adolecen de ese punto diferencial que las haga memorables y acaban por resultar uno más entre tantos. (DD)

El peor handicap al que se enfrentaban Beach House era la hora a la que desarrollarían su propuesta, pasadas ya las dos de la madrugada. Y es que a nadie se le escapa que el vaporoso dream-pop de los de Baltimore no es el más propicio para despertar euforias ni provocar un desenfreno que te sacuda el sueño y el cansancio acumulado, más bien al contrario. Pese a todo la actuación sonó y discurrió de forma más que solvente, aunque nunca superarán la que protagonizaron la primera vez que visitaron el festival catalán En aquel momento estaban en lo más alto y su propuesta resultaba sorprendente. Ahora a lo único que aspiran es a mantener el estatus alcanzado y no perder comba. (DD)

Una cabeza gigante de crash test dummy dominaba el escenario donde estaba previsto -antes de la espantada de Migos, claro- que A$AP Rocky cerrara el escenario grande del sábado. Como era de esperar, un despliegue espectacular tanto en pirotecnia -fuegos artificiales incluidos- como en los visuales, con animaciones entre la estética de “Testing” (18) y lo psicodélico. Pero el hecho diferencial es el carisma y la manera en que domina el escenario: los juegos con las cámaras, los cambios de registro, la manera en que se deja llevar y pasa de bangers a pseudo-baladas sin romper el éxtasis. No se centró excesivamente en este último trabajo, soltando tanto temas de sus dos discos anteriores como de los de A$AP Mob, cerrando el concierto con “Yamborghini High”. Más arriba no se puede acabar. O sí: la ubicación de Skepta a las tres de la mañana, en sustitución de Migos y justo tras el concierto de A$AP Rocky, prometía superar la liada que llevó a cabo el año pasado en este mismo escenario. No fue así, probablemente por falta de gente, pero tampoco se quedó muy atrás. Esta vez apostó y dio más peso a los visuales y a los invitados: estuvieron sus compañeros de BBK Jammer y Frisco, con los que entre otras cosas interpretó la reciente “Athlete”, también Suspect y Jesse James Solomon, con los que cayeron “One Way” y el remix de “Look Alive” que tiene con el primero, y cómo no A$AP Rocky, que salió para cantar “Praise The Lord (Da Shine)”. Un setlist más variado y con más altibajos que el del año pasado, pero aún así una descarga de energía y de nervio que pocos pueden alcanzar ni siquiera momentáneamente. (DGC)

Mujeres pusieron el toque final a los conciertos del Forum. Su garage, tan reconocido y bailable, hizo las delicias de los adictos a su sonido, y también sorprendió gratamente a quienes iban en busca de los últimos conciertos del festival. Una fiesta entre amigos en la que no faltaron pogos, bailes sin límite y coros casi en gritos por parte del público en temas tan reconocibles como “Un sentimiento importante” o “Aquellos ojos”. (KM)

La madrugada de la última jornada guardaba la actuación de uno de los hypes de los últimos tiempos: The Blaze. Este dúo francés formado por un músico y un estudiante de cine llevaron a cabo esa simbiosis sonora y visual al directo, convirtiendo su show en una experiencia ultra sensorial para los presentes gracias a hitazos como “Territory” o “Heaven”. Poco después, Lindstrom convertía el escenario Pitchfork en una discoteca futurista gracias a temas como “Tensions” o la maravillosa “I Feel Space”. Una buena dosis de space disco para ir encarrilando el tramo final del festival. (GC)

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