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En un mundo que gira a una velocidad de vértigo, tardar cinco años en publicar un disco se antoja una pequeña eternidad. Más cuando la banda en cuestión es uno de los nombres que ha marcado el devenir del pop y el rock del nuevo milenio. Ya sabéis más o menos la historia hasta ahora: los chavales se dedicaron a regalar en sus primeros conciertos CD’s con sus canciones y crearon una cuenta en MySpace (sí, en el pleistoceno de las redes sociales la que lo petaba era MySpace). Entre esas canciones ya estaba un single imbatible como “I Bet You Look Good On The Dancefloor”, con lo que se convirtieron en lo más de lo más y, lo mejor, desde entonces no han dejado de publicar discos siempre por encima del notable: “Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not” (06), “Favourite Worst Nightmare” (07), “Humbug” (09), “Suck It And See” (11) y “AM” (13).

En la entrevista de portada de nuestro anterior número, Alex Turner declaraba algó así como que su nuevo disco, “Tranquility Base Hotel & Casino”, era un gran salto pero que ese paso adelante hacia el vacío no le provocaba vértigo. Definitivamente, poco o nada tienen ya que ver los críos que descubrimos en 2005 con los tipos que son en 2018 (paso del tiempo que el propio Turner también destacó a la hora de describir su sexta referencia recordando que este era el primer disco que publicaba habiendo superado la treintena). Con “Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not” ( irrumpieron como un trueno ocupando el espacio que había justo entre The Libertines y Franz Ferdinand. Lo mejor del rock británico condensado en trece temas propulsados por la desfachatez juvenil. “Favourite Worst Nightmare” fue la revalida superada con excelente. Apadrinados por Josh Homme, “Humbug” y “Suck It And See” supusieron los álbumes con los que se acercaron al rock más abrasivo, mientras que “AM” sería el disco en el que empiezan a dar tímidos síntomas de lo que ha acabado siendo “Tranquility Base Hotel & Casino”. Evolución.

“Tranquility Base Hotel & Casino” es muchas cosas. Es el disco en el que Arctic Monkeys se alejan definitivamente del rock de guitarras para cederle todo el protagonismo al piano Steinway Vertegrand que su manager le regaló a Alex Turner cuando cumplio los treinta. Es el disco de Arctic Monkeys que más se parece a un disco de The Last Shadow Puppets, pero sobre todo es el disco de Arctic Monkeys menos Arctic Monkeys: un disco en solitario de Alex Turner (por primera vez todo los temas son exclusivamente suyos) firmado de forma colectiva. Algo así como un Nick Cave en tonalidades blancas, luciendo ahora un look entre Prefab Sprout y “Corrupción en Miami” Alex Turner se ha enfundado el traje de crooner moderno y perfila once cortes de texturas lounge y space pop, soul, jazz y canción de autor. Sin singles claros pero momentos de alta tensión emotiva como “Four Out Of Five”, “One Point Perspective” o la propia “Tranquility Base Hotel+Casino”, es un disco tan desconcertante como interesante. Admirable en su riesgo estético, una obra notable pero no sobresaliente.

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