Algo está pasando en Madrid por San Isidro, un festivo como todos agradecido pero raramente tan esperado por personas de todas las edades y gustos. Qué decir de los más jóvenes, con inquietudes fuera de lo común y alergia a la tradición. Todo eso ha dado un giro de 180 grados y ya cualquiera se transforma con gusto en chulapo/a para disfrutar de su ciudad. La cosa ha cambiado tanto que hasta el anuncio de su cartel de actuaciones genera cierta ansiedad, como si de un festival consolidado se tratase. Los puntos clave siguen siendo por supuesto la pradera del Parque de San Isidro, Las Vistillas y la Plaza Mayor, puntos neurálgicos de lo castizo, a los que debemos sumar Matadero gracias en buena parte al rotundo éxito de la primera edición de Plaza Sonora, una suerte de festival gratuito de un día organizado por esta casa, junto a Matadero Madrid y Mahou, y con la colaboración de Lenovo.

Allí se reunió ayer medio Madrid para celebrar su fiesta, adentrándose en un espacio enorme con múltiples posibilidades y un objetivo claro, identificar y celebrar los sonidos de la ciudad y mezclarlos en igualdad de condiciones con grandes artistas. Así, y moviéndonos desde el escenario principal en Plaza Matadero a uno a pie de calle en la entrada, disfrutamos de experiencias tan dispares como los conciertos de Muerdo o Sandra Bernardo a combos como Ataca Paca, artistas callejeros de energía desbordante, que en dos pases conquistaron al público con actuaciones a pelo, sin sonorizar. Y como ellos Batata Galiza & Marcos Vianna, Dúo Amati, Jingle Django, La Rueda, St. Woods, Víctor Santal o Young Forest, nombres todos ellos curtidos en las calles de nuestra ciudad y que tal vez no resulten familiares al melómano acostumbrado a acudir a salas de conciertos, pero que demostraron que la profesionalidad y también la maestría en la música tiene poco que ver con el espacio en el que se desarrolla un directo.

“Me he emocionado de verdad”. Confesaba Miren Iza, de Tulsa, protagonista de uno de los momentos del día. Pasaban las dos de la tarde y la plaza alcanzaba uno de los picos de mayor afluencia y expectación. La música guipuzcoana acudía en solitario a la llamada del festival, demostrando de nuevo su gran habilidad para defender unas canciones cada vez más complejas y arriesgadas. Sonarían varias de sus últimas composiciones recogidas en Centauros (I*M Records, 2017), como el tema que da nombre al disco o la nostálgica La miel que pudo ser. La emoción se movía en ambas direcciones mientras Iza alargaba su actuación para regalarnos Matxitxako y la fabulosa, y tensa, En tu corazón solo hay sitio en los suburbios.

Lichis

Entre tanto, algo se cocía al otro lado de Matadero con los imparables Muchachito y El Canijo de Jerez, que liaban una buena fiesta improvisada en las calles para más tarde continuar en el escenario a pie de calle, dejando al público con ganas de más y despidiéndose con ese Volando voy del maestro Kiko Veneno. Poco antes había sido el turno de Club del Río, uno de los grupos sorpresa del día, que mañana jueves presentan su nuevo disco en La Riviera. Admirable su polivalencia a los instrumentos y compenetración, muy apropiados en una cita en la que la conexión entre artista y público era la clave. Otro que sorprendía era sin duda Moe el Tubero, que como su propio nombre indica se servía únicamente de tubos de plástico reconvertidos en instrumento musical, que golpeaba con chanclas de playa. Una excentricidad solo a priori, pues unos minutos más tarde nos dejaba boquiabiertos.

Y con la duda de si acabábamos de asistir o no a un concierto de electrónica nos movíamos de nuevo a la plaza, pues allí estaba bajo el sol uno de los responsables de la buena salud de la música independiente en nuestro país, Fernando Alfaro. También solo, como Miren Iza, y también logrando sostener todos sus grandes éxitos con el único apoyo de su guitarra. Ocasión perfecta para disfrutarle de este modo pues se encuentra presentando Sangre en los surcos, una vuelta de tuerca a su repertorio en solitario y con Surfin’ Bichos en el que se reinterpreta en un formato más austero. Así, sonarían temas como “Dominó”, “Fuerte!” y, pensando en escapar al norte lejos de ese molesto sol, “Saariselkä Stroll”.

La tarde ofrecería mucho más en el escenario principal, con actuaciones como las de Travis Birds, rebosando personalidad, o la de las fabulosas The Dawlins. También pudimos escuchar a Lichis en su reencarnación como cantautor de corte anglosajón, acompañado a la guitarra por Joe Eceiza. Con una pequeña concesión al pasado en forma de “Felicidad”. Buena manera de definir un día repleto de música y actividades, con buena parte del público aguantando hasta la madrugada como si el miércoles no fuese laborable de la mano de los Guacamayo Tropical Djs.

En realidad las actuaciones en directo fueron sólo una de las muchas actividades (talleres, proyección de documentales, mesas redondas,…) de una jornada redonda, que se saldó con una afluencia masiva de público desde las 12:00 hasta el cierre a las 02:00 y que sirvió para homenajear a la música (el escenario en el que ésta se desarrolle es lo de menos) y, sobre todo, para disfrutarla: en familia, con los amigos, en comunión con las miles de personas que pasaron por Matadero Madrid. Fue una jornada memorable. Pero, calma, que ya solo queda un día menos para el próximo San Isidro.

Tulsa