El divorcio entre los discos y el directo de Paradise Lost parece no tener reconciliación posible. A pesar de haber recuperado la buena senda en los últimos años, en especial a partir de su anterior “In Requiem”, y de regresar con un último disco tan redondo como “Faith Divides Us, Death Unites Us”, los británicos no logran reanimar del todo su versión en vivo, su gran asignatura pendiente desde hace por lo menos una década. Llegaban ya lastrados por la baja temporal del guitarrista Greg Mackintosh, principal compositor del grupo, aunque su sustituto Milly Evans, técnico de guitarra de la banda y exteclista de Terrorvision, salió bastante airoso de la prueba más allá de algún pequeño desliz –y alguna aportación innecesaria, como ese rasgueo a lo “Creep” en “One Second”-. El sonido tampoco les acompañó en absoluto y, por mucho que nos pese, el otrora gran frontman Nick Holmes demostró tener cada vez más problemas para llegar a todas las notas y registros. En cuanto al repertorio, el arranque con “Rise Of Denial”, “Pity The Sadness” y “Erased” fue ciertamente convincente; los nuevos temas, como “I Remain” o “Frailty”, no desentonaron junto a clásicos como “As I Die” o “Eternal”; y “The Last Time” y “Enchantment” sonaron, como siempre, majestuosas e imponentes. Aún así, uno no acaba de entender cómo se puede obviar la totalidad de un disco como “Icon”. Con todo, los suizos Samael, renacidos, también, gracias a su reciente “Above”, sonaron más compactos y compenetrados. Su huracanada simbiosis de death metal y cajas de ritmos industriales les mostró en buena forma escénica, aunque la linealidad global de su propuesta nos recordó por qué los autores del formidable “Passage” deberán conformarse con seguir siendo eternamente una banda de segunda.