“Gracias a todos los que habéis venido, gracias al camello por suministrarme las drogas que han hecho esto posible de manera tan discreta, gracias a los músicos…” y aun fueron más los agradecimientos que profesó Niño de Elche antes de dar comienzo al ritual que es Colombiana.

Tangos de la ayahuasca sirvió de inicio al acto y de golpe nos vimos sumergidos en una oda a esa sustancia que en esa misma canción describe como “guía de vida”. Acompañada de una escenografía sencilla pero acorde con la temática, lograron crear una atmósfera ideal para el experimento sonoro. El momento en que sucedió también fue idóneo, pues el aura de misterio que rodea a las canciones del disco que presentaban se vio acompañado por una humareda que envolvió en este caso al artista y a la banda, en el mismo momento en que la luna comenzaba a brillar con más intensidad. Se creó entonces un ambiente singular, mientras el Niño gritaba a pleno pulmón su oración militar:  “VIVIR, MORIR, VIVIR MORIR”.

A continuación las luces se tornaron de un verde muy intenso, transformando el ambiente en algo completamente macabro e hipnótico. Huimos de los billetes de 500, siguió diciendo el intérprete poseído sobre el escenario, antes de continuar con su repertorio con piezas como El muermo o Cabales americanos. Son temas que sorprenden por la manera en que funcionan en directo, por la ejecución de una inesperada mezcolanza de tradiciones musicales. Realmente asistir a algo así es cuanto menos curioso. El concepto del disco incita más a una escucha individual que colectiva pero al mismo tiempo, el carácter tribal de las bases hacían mantiene la tensión de la interpretación en vivo, una experiencia completamente distinta a la escucha del disco en casa.

El acto se extendió hasta la hora y media de duración, y concluyó tan abruptamente como empezó, sin rodeos, al grano y con una estructura bastante calculada y medida, lo cual fue una sensación que se mantuvo presente a lo largo de todo el concierto y que quizás en algún momento de desconexión podía hacer que volver a entrar en el ambiente fuera algo más complicado.

En uno de sus últimos acercamientos al público Niño de Elche afirmaba: “Sois un público sin identidad, dicen los críticos, pero no hay nada más liberador que no tener identidad”, tras lo cual dio comienzo otra de las piezas de su último trabajo. Al tiempo nos preguntábamos hasta qué punto no sería interesante probar las mismas sustancias que lo llevaron a él a concebirlo y ver qué es lo que sale de ahí.