Meigas, Conjuros y Leones
Conciertos / León Benavente

Meigas, Conjuros y Leones

9 / 10
Miguel Marcos Fernández — 03-08-2020
Empresa — Ciclo TerraCea
Fecha — 30 julio, 2020
Sala — Pazo de Cea
Fotógrafo — Lalo R. Villar

Hoy en día cada concierto es una celebración. Y si además se sitúa en un enclave mágico como el Pazo de Cea de Nigrán entre meigas, conjuros y hórreos pues ya no se puede pedir nada más. Bueno sí, que la banda que abra el Ciclo TerraCea sea León Benavente. Sin lugar a dudas, una de las bandas por excelencia del rock alternativo patrio. Y aquí estaban los leones dispuestos a conquistar, después de la gran pausa, a un público entregado en el que se encontraban asistentes ilustres como los hermanos Iván y Amaro Ferreiro, Mon Cancela, Frans Banfield o el propio promotor del evento, Piño Prego, anfitrión del rock en Vigo desde tiempos innombrables, que nos invitaba a hacer una reflexión, acerca de los conciertos en estos tiempos de Covid: “No basta con hacer cosas, hay que hacerlas de manera excelente”.

Y precisamente con “Celebración – Siempre hacia delante” abría León Benavente esta nueva normalidad. Desde los primeros acordes de esta canción de su segundo disco llevada a un medio tempo vaporoso, aparecía la voz de Abraham Boba disipando la niebla con un mensaje claro: “Si falla el motor que nos mueve, si falla el motor, no te sueltes”, un prefacio que no sólo auguraba lo que iba a ser el concierto, sino el momento que nos ha tocado vivir.

Una secuencia abría el arpegio que presenta “Cuatro Monos”, esa declaración de intenciones en la que César Verdú a la batería, Luis Rodríguez alternando guitarra eléctrica y bajo, Edu Baos ejerciendo de multi-instrumentista con bajo, guitarra eléctrica, sintetizador, secuencias y Abraham Boba, el frontman enérgico, poliédrico y retorcido que va conduciendo la nave mientras aporrea el órgano con pedales, canta alto y claro: “No son leones pero saben rugir”, incluso en estos tiempos de conciertos en jaulas invisibles donde el baile prohibido del Covid, se ha impuesto por ley.

Acto seguido comenzó a sonar “Amo”, el segundo single de su último disco, un cóctel con una base hip-hopera sobrevolando el spoken word de Abraham, para desembocar en uno de los estribillos más pop de su repertorio, en el disco coreado por la ilustre Eva Amaral y “Como la piedra que flota”, el primer adelanto de su último disco, con su característico sonido marca de la casa, donde bailar se convierte en un acto de resistencia, con la maquinaria ya engrasada, se metieron al personal en el bolsillo.

Desde el arpegio de guitarra que anuncia “La Ribera” al engranaje kraut de las baquetas de César, la voz de Abraham iba llegando al estribillo donde todo se vende, desde el eco del London Calling de los Clash hasta su pequeño palacio de La Ribera. Después llegó “Nos mueve”, la serpenteante canción estrófica de su Ep “En La Selva” y “Mano de santo”, el corte siete de su último disco en el que colabora Miren Iza y que en directo suena con una bala atravesando el corazón de una noche de verano, con una brillante letra en la Abraham resucita a Lee Hazlewood y Nancy Sinatra en plena estrofa. No en vano, justo al acabar la canción, Iván Ferreiro se acercó para confesarme que esta era su canción favorita, no sólo de León Benavente, sino de este extraño momento que estamos viviendo.

En el ecuador del concierto “Estado Provisional”, “Tu vida en directo” y “Ánimo Valiente”, ese hit de su primer disco que refleja la realidad desencantada y que propulsa al aliento de los que se atreven a golpe de rock, político, agitado y ambiguo, casi protesta.

Después cayeron “Volando alto” y “No hay miedo” dos canciones de su último disco en las que vuelven a mostrarnos su receta mágica de Kraut-Rock-Spoken-Word más secuencia electrónica, un engranaje que funciona a la perfección para desembocar en las melodías electro-pop del estribillo.

Las siguientes fueron “Aún no ha salido el sol”, “Tipo D”, el primer single de su segundo disco, una inspirada canción estrófica en la que el ´name dropping´ se convierte en una larga y cínica enumeración que acaba convirtiéndose en un hit en clave de spoken word y “Disparando a los caballos”, quizá la parte más política y reivindicativa del concierto.

“Ojalá podamos volver a decir dentro de poco aquello de Ayer Salí”, así arrancaba Abraham este himno a la resaca, justo antes de los bises. Con ese elegante riff que dibujaba la guitarra de Luis sobre la secuencia electrónica, Abraham agitaba el micro contándonos la historia desde otro plano secuencia de una noche para el recuerdo.

Con “Moitas gracias, boas noites” se despedían los leones de su jaula invisible comentando “off the récord” el extraño feedback del efecto mascarilla del público y del baile prohibido del Covid. Y como si se tratara de un revulsivo natural, esa rabia contenida, hizo que volvieran a salir al escenario con más energía que nunca, para regalar a un público en pie los últimos bises entre los que se encontraban “La canción del daño”, esa bella canción pop que se va retorciendo hasta el estribillo con la fuerza invisible de la melodía, “Ser Brigada”, su canción más popular que reinventó el concepto hit desde Spoken Word en castellano de nuestros días. Para finalizar con el clásico con el que suelen terminar su repertorio: “Gloria”, un alegato rock híper-realista sobre la felicidad, la happycracia y el estado de ánimo que nos impone nuestra sociedad de consumo.

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