La Llama brilla con más fuerza que nunca
Conciertos / Torrelavega Soundcity

La Llama brilla con más fuerza que nunca

9 / 10
Fran Martínez y Roberto Silva — 20-08-2018
Empresa — Industrias Portugal
Fecha — 16 agosto, 2018
Sala — Plaza de La Llama
Fotógrafo — Javier Sobrado

La gente de Industrias portugal había preparado una jornada de jueves ideal para ir abriendo boca. El rock de tintes punk de los locales Radio Explosion sonó potente y melódico (vaya vozarrón el de Álex). Con miembros de Zientotreintaiuno y The Pulsebeats, el trío torrelaveguense adelantó temas de su nuevo disco, grabado este mismo verano y que será editado en los próximos meses.

Atom Rhumba representaba la parte más experimental e interesante del festival. Hace ya muchos años que los bilbaínos cuentan con un discurso propio y tremendamente personal, en el que cabe el rock, el garaje, el punk, el kraut, el blues… Todo envuelto en ese ruidismo tan característico de la banda. De su extensa discografía (activos desde 1996), repleta de discos, eps y compartidos, Atom Rhumba basó este concierto en su reciente último álbum “Cosmic Lexicon”. Increíble la labor de Irazoki a la guitarra y Rober! como líder y cabeza visible del quinteto, aunque fueron absolutamente eclipsados por Íñigo Cabezafuego, que con un simple movimiento de maracas, muestra más carisma y actitud que la mayoría de bandas que copan los festivales de este país.

Esta era la primera vez que nos encontrábamos con Corizonas y nos dejaron un poco descolocados. A priori, la fusión de Arizona Baby y Los Coronas puede resultar atractiva, pero el aire verbenero (sin querer ser despectivos, que hay verbenas y verbenas) nos echa a muchos para atrás. Un rock que a veces remite a los 70, mezclado con la parte más convencional y menos disfrutable de El Último de la Fila, con versiones de Black Sabbath (“Supernaut”) o Pink Floyd (“Wish You Were Here”) por medio… Un cajón de sastre que muchos disfrutaron y con el que otros no terminamos de conectar.

El mediodía del viernes estuvo amenizado por El Farmarockero, que hizo las delicias de lo más pequeños. Jon Ruiz se mueve como pez en el agua en esta nueva etapa musical, en la que deja a un lado el hardcore (fue bajista de la banda 5000 rpm, entre otras) para meterse de lleno en la canción infantil. Desde luego, a todos nos quedó claro la importancia de lavarnos bien los dientes y las manos. Un acierto por parte del festival la introducción de este tipo de propuestas de carácter más familiar, con talleres y demás.

Ya por la tarde, Ídolos del Extrarradio nos dieron la primera (y más fuerte) patada en la boca del día. Incendiarios como siempre, tocaron su último disco “La llamada del oso” casi en su totalidad. Menos new wave y más punk que en sus comienzos, el ahora trío volvió a demostrar que pocos en esta región (y fuera de ella) les tosen. Con “Nutria suicida” y “Grecia” echamos la vista atrás y con “Discurso caníbal” nos dejaron ver por dónde irán los tiros en futuras ediciones. Ídolos tienen un repertorio para parar un tren (“Purga en el parque”, “Cosas de críos”, “España”, “Esgrima”, “Sangre de obrero”…) y una actitud sobre el escenario que muchos querrían. Al nivel de bandas “de moda” como Biznaga o La Urss.

Rural Zombies fue una de las sopresas de este año. Rock alternativo en la onda de bandas como Belako, a veces oscuros, a veces más accesibles e incluso bailables, como bien demostraron en “Ethereal” y “Golden”, por poner dos ejemplos. La voz de Julia supone el complemento perfecto para el sonido del resto de la banda. Dejaron al público con ganas de más y lo suficientemente animado para afrontar la recta final del día.

Con la Llama más abarrotada que nunca, “On the sofa” abrió un concierto de Sidonie que resultó en fiesta. Las canciones de su último trabajo “El peor grupo del mundo” fueron las protagonistas del set, con la canción homónima, “Siglo XX” o “Carreteras infinitas” sonando una detrás de otra. A medida que iban recuperando canciones de sus discos anteriores como “En mi garganta” o “Nuestro baile del viernes”, la cosa se fue calentando y el mejor momento de la noche llegó con Marc Ros cantando “El incendio” entre el público, subiéndose a la barra y poniéndolo todo patas arriba. Ya al final, tocaron “Estáis aquí” convirtiendo recinto y escenario en una enorme pista de baile. Ir a ver a Sidonie es sinónimo de pasarlo bien, porque con sus más de veinte años de carrera son ya una institución.

Los siguientes en salir al escenario no tienen tantas horas de vuelo, pero sin duda son uno de los grupos del año. Carolina Durante han sabido tocar las teclas correctas desde sus inicios y, con la ayuda del boca a boca, han conseguido que todo el mundo esté pendiente de sus próximos movimientos. Su concierto se sostuvo sobre verdaderos himnos porque, a parte de la conocidísima “Cayetano” (que la gente coreó desatada), y del guiño a Parálisis Permanente con su versión de “Autosuficiencia”, tienen una ristra de temazos que se fueron sucediendo en los escasos cuarenta minutos que duró la actuación. “Niña de Hielo”, “El himno titular”, “La noche de los muertos vivientes” o “En verano, ornitofilia” desfilaron sin pausa, dejándonos con ganas de mucho más cuando terminaron.

El mediodía del sábado nos acercamos a Cuatro Caños para ver la faceta que más nos gusta de Javier Bielva: El Meister. Esta extraña pero efectiva mezcla entre canción tradicional y bases electrónicas funciona a las mil maravillas. Sonaron “El oso”, “Romance del burro listo”, “Canto sin contar nada”… Como curiosidad, también versioneó “Autosuficiencia” (y “Sueño con serpientes” de Silvio Rodríguez), y con “Autómata” llegó el clímax, con El Meister bailando entre el público. Antes y después del concierto, Mojo Crew Djs nos amenizaron el mediodía con una de sus ya clásicas sesiones.

Ya en La Llama, Soulbane desplegaron ante una plaza prácticamente llena su hard rock con marcada influencia del rock alternativo noventero. Con su nuevo disco a puntito de salir, pudimos escuchar alguno de sus temas, como los dos adelantos “Hole” o “Song for a Broken Heart”. Acertadas también las dos versiones que hicieron, “Rebel Yell” de Billy Idol e “Immigrant Song” de Led Zeppelin.

Algunos salieron decepcionados del concierto de Siniestro Total. A nosotros nos dieron exactamente lo que esperábamos. ¿Verbena? Sí. Pero esta vez de las buenas. Desde luego, no podemos esperar de Julián Hernández y los suyos ni la irreverencia, ni el nervio del pasado. Los años pasan y es fácil acomodarse, eso es innegable, pero poder corear clásicos de la infancia como “Bailaré sobre tu tumba”, “Opera tu fimosis”, “Todo por la napia” o “Cuánta puta, y yo qué viejo” con una banda que aún los defiende dignamente es un gustazo. Sí, echamos de menos a Costas y a Coppini, pero hay que superarlo. El que espere unos “Chochos voladores” o “Todos los ahorcados mueren empalmados” debería alejarse raudo y veloz de un concierto de Siniestro Total. No faltaron sus míticas revisiones de otros grandes, “Miña terra galega”, “Somos Siniestro Total” o “Vamos muy bien”. Un karaoke deluxe.

Amatria salieron con parte del público en retirada. Joni Antequera y los suyos presentaron su pop con electrónica y ecos rumberos con canciones como “La piedra” o “Encaja”. “Chinches” fue uno de los temas que más respuesta obtuvo del público, aunque no terminaron de convencer a la mayoría, sólo a sus fans más incondicionales. Extraña propuesta la del trío de Ciudad Real que, con un final un tanto abrupto, dieron paso a El Columpio Asesino.

Los pamplonicas saben cómo incomodar al personal. Tienen la habilidad de crear atmósferas malsanas, con letras retorcidas y unos ritmos que generan una calma tensa que no termina de reventar. Es una alegría ver que tras tanto tiempo en activo (otros que llevan casi veinte años) siguen en plena forma. No hay más que ver cómo “Babel”, “Ballenas muertas en San Sebastián” o “Escalofrío”, temas de su último disco, constituyen uno de los principales reclamos de sus conciertos. También hubo tiempo para repasar sus anteriores trabajos con “Diamantes” y “Perlas” que caldearon el ambiente para culminar la noche con “Toro”, que es ya un estandarte de la música pop en España.

Un fin de fiesta perfecto para cerrar un festival que, a pesar de llevar sólo tres años en activo, nos está dando tantas alegrías (el retraso en los horarios, que desesperó a muchos, fue el único borrón en esta edición) ¡Larga vida al Torrelavega Soundcity!

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