“No hacemos rap serio, sólo necesario”, dicen IRA en uno de los momentos más inspirados y bailables de su último trabajo hasta la fecha. La canción se llama Revueltita, y el disco Rap Save The Queen, y si bien no hay dudas respecto a la segunda parte de la frase, no tengo muy claro lo acertado de la primera premisa, visto lo visto en la sala Moby Dick: otro llenazo de las de Vallecas en la capital, lo que empieza a ser costumbre ya. Que la irrupción de una serie de bandas dispuestas a sacudir una escena tan cargada de estereotipos tóxicos como ha sido tradicionalmente la del rap era algo necesario, es evidente: la politización de los diversos estilos que dan forma a eso que venimos llamando música urbana (del rap a la electrónica pasando por el trap, reguetón y lo que ustedes le quieran sumar) que abanderan bandas como Tribade, Tremenda Jauría, Machete En Boca o IRA, supone no sólo un soplo de aire fresco a un panorama saturado de lugares comunes, sino también una labor de transmisión de ideas y actitudes que uno no puede más que tomarse en serio.

No hay medias tintas en el discurso de IRA, tienen muy claro lo que quieren decir y su rap afilado de militancia antipatriarcal y orgullo de clase obrera cala hondo en un público que reventó Moby Dick para convertir un simple concierto en una fiesta a base de coros y consignas contestatarias, mucho baile y, sobretodo, un ambiente de celebración y protesta, de conexión y de buenas vibraciones que resulta difícil encontrar en otro tipo de conciertos.

Lo que ofrecieron IRA la otra noche fue una muestra de rap entendido como un aquelarre, desde el arranque del concierto con un recuerdo-homenaje a Gata Cattana y las primeras notas de Rap Save the Queen: una sala desgañitándose al grito de “Esto es rap, no rap femenino, rap, aunque te joda, pardillo”, y a partir de ahí, un repertorio sin fisuras de bases gruesas y rimas con mucha puntería descargado en una hora escasa que supo a poco. La crudeza de temas como Parabellum, Ladra o Soy gana enteros en directo, y el “perreo feminista” de Libéralo se convierte en un momento de catarsis colectiva a caderazo limpio con los puños en alto. La propuesta en directo de IRA es muy clara: energía incendiaria desde el primer minuto que no acepta relajación ni bajadas de intensidad en ningún momento. Feminismo o barbarie, como ellas mismas dicen, y una celebración de lo político y lo identitario con momentos de auténtica euforia con Jurao, Peligro (“Esas brujas de tu barrio se están juntando: ¡peligro, peligro!”) o la inevitable Mantenlo patriarcal, convertida ya en himno y con la que cerraron la noche.

Da la sensación de que el público de IRA, mayoritariamente femenino y joven, encuentra en las letras de las madrileñas, plagadas de realismo sucio y denuncia social, un lugar que ofrece sentido de pertenencia y en el que se ponen sobre la mesa temáticas importantes, actuales y que las interpelan directamente, y eso, en mi opinión, ya es motivo suficiente para considerar que lo que hacen IRA es algo serio, aparte de necesario. Bombos y cajas, chándal y encaje, y la habilidad para convertir el enfado y la rabia en diversión y protesta. Lo suyo es rap, pero hay mucho de actitud punk también en ese empeño en dotar de profundidad y de contenido crítico a la música y convertir un concierto en una descarga de energía y descontrol bienintencionado, y a juzgar por lo visto la otra noche sobre el escenario de Moby Dick, tenemos ira feminista para rato. Si el futuro de la música urbana está, en parte, en manos de bandas como IRA, lo único que puedo decir es que bienvenido sea ese futuro. Que comience el matriarcado.