En conversaciones con Jardín de la Croix, ya lo venimos anunciando desde hace tiempo: el rock instrumental de nuestro país está consolidándose como no lo había hecho en años anteriores, y está alcanzando al gran público, con la entrada de cada vez más bandas en grandes festivales y salas de buen aforo. Colgando el cartel de sold out (esta vez de verdad, no como algunas veces ocurre, que se convierte en mera rumorología o viralidad de las redes), Jardín de la Croix ha presentado su cuarto disco: Circadia ante las 450 personas que caben en Caracol, acompañados de los barceloneses Syberia, banda “hermanada” desde hace ya varios años.

Desde 2015 no veíamos a ambas bandas en escenarios de Madrid. Por un lado, Syberia, que actuó junto a los madrileños Boneflower y los de estepona, Oh Trikelians. Por otro, los “Jardines”, que estaban deseosos de volver a tocar en Caracol, donde ya saborearon el éxito en el mini-festival La Choza Fest en 2015, tomando un nuevo impulso ahora con el respaldo de la discográfica Aloud Music, sello que está empezando el año con fuerza la actividad en la capital, como vimos también en la actuación de Viva Belgrado, Wild Animals y Ordesa, apenas días antes.

Pero centrémonos porque la noche fue memorable. Syberia explotó en su actuación, con la puesta de largo de su último álbum, Resiliency, (que estrenaron con la discográfica francesa Debemur Morti Productions) y al cual nuestra redacción de Barcelona ya tuvo el gusto de colocar en el primer puesto en el top 10 de los mejores discos de septiembre de 2016. Elaboraron un setlist muy centrado en el nuevo disco, pero tuvieron el gusto de rememorar Colossus Collapse, pieza clave de su anterior álbum, Drawing a Future (2012), ahora con el cambio de Xavi Forné a la guitarra, a quien fue sustituido hace algo más de un año por Jordi CE. La noche lo avaló una vez más como un componente digno y legítimo.

A pocos grupos les sienta tan bien una nube de humo de glicerina de esas máquinas de las que a veces se abusa en directo. Pero es que su post-rock es un viaje sensorial que nos trae a la mente escenarios gélidos, si bien, había poco que imaginar, en la aniquiladora ola de frío en la que nos encontramos estos días. Paradójicamente, estos paisajes sonoros “fríos” que recrearon con piezas como Aram Chaos, Taunus, Hiraeth, Day After, Herboren, Hyperion nos harían entrar en calor a la apelotonada multitud.

Llegó el turno de Jardín de la Croix, quienes a diferencia de sus compañeros, sí hicieron una apuesta larga de su anterior disco, 187 Steps To Cross The Universe (2012, Noma Records). Intercambiaban lo que ya son sus clásicos, Man Made Lightning, Topsy’s Revenge, con las nuevas piezas: Intermareals, 17 years… o Flowers and Carrion, en un frenesí melódico y, sobre todo, sudoroso. Lo que empezó con un simpático reparto de clínex entre los músicos para secarse tras cada canción, acabaría con toallas en el escenario, dada la dificultad técnica y la pulidísima ejecución que requieren las composiciones de estos hiperactivos músicos. Púas en boca, Ander Carballo y Pablo Rodríguez hacían acopio de las muchas notas que hay detrás de esos dobles tappings tras cada una de estas piezas, ninguna inferior a los siete minutos de duración. Nacho Hernández defendería por su parte, e impecablemente, las líneas de bajo, dando la necesaria base de contundencia que rematan los épicos polirritmos de Israel Arias a la batería. Por si fuera poco, Ander combinó sus ejecuciones a guitarra y piano, con la misma matemática precisión con la que hacían saltar colchones de strings y otras pregrabaciones. Sólo un micrófono fue encendido para agradecer con emoción la gran afluencia de público.

Jardín de la Croix nos emocionaron, sobre todo en momentos como ese precioso cierre de Reversion, o en la brutalidad de Colorado Springs, en la que Ander y Nacho chocaron entre sí y acabaron por los suelos; este golpe, aunque premeditado, fue igualmente doloroso. Con músicos que se dejan la piel en el escenario durante diez años ya, podemos afirmar sin temor que el rock instrumental de nuestro país nos está poniendo a la cabeza como referente del rock progresivo o post-rock europeo.