Tiramos de símil futbolístico para bautizar esta velada ya que bien podría ser el resumen de la misma. El valor y audacia de un músico al enfrentarse a un disco seminal pero olvidado de uno de los tótems de este invento frente a una versión lúdica de una gran banda de once músicos de la escena local recreando el repertorio de clásicos de otro asiduo a los escenarios vascos.

La velada se abría con un plato que nos apetecía degustar aunque nos imponía respeto. Cierto es que si hay un músico vizcaíno capaz de enfrentarse al repertorio del Dylan más desnudo ese es Iñigo Coppel (foto inferior). Su hábitat natural – donde se maneja con maestría en directo – es la guitarra acústica y armónica acompañando su poderosa voz en canciones río. La elección parecía por tanto correcta. Pero la gracia estaba en el repertorio escogido. Si lo más fácil y sencillo hubiera sido recorrer una selección de los primerizos y más amables temas acústicos del homenajeado, incluso sazonándolo con algún hit posterior, parece que Coppel no quería saber “cómo se siente” al recorrer el camino más sencillo.

Y eligió encaminarse a su obra preferida del bardo de Minnesota que ya lo dice todo desde su título “Otra Cara de Bob Dylan” de un cantante que empezaba a abandonar la escena que le había encumbrado para cantar sobre lo que le apetecía. Es reconocido incluso en los círculos más integristas del artista que este trabajo ha quedado injustamente olvidado entre los mayormente aceptados “Freewheelin” / “Times are Changin’” y la posterior trilogía eléctrica y mercuriana de Bob.

Que este tour de force recreando el cuarto disco de Dylan iba a deparar unas cuantas sorpresas se demostró ya en las primeras canciones. Así la cadenciosa apertura en el original de Dylan con “All I Really Want To Do” se transformó en un ejercicio de pop luminoso directamente heredero de Buddy Holly, un referente del de Duluth, llenando de armonía y ritmo esa letanía dylaniana sobre su ideal igualitario de la relación en pareja. El “Black Crow Blues” fue ejecutado por Coppel con flamígeros riffs de blues acústico – resonando a Skip James y Lightnin’ Hopkins – sobre su ajada guitarra, siguiendo el ritmo con las camperas y mejorando notablemente los parcos arreglos de piano del original. Nos aventuramos a asegurar que estas dos certeras revisiones podrían haber llegado a arrancar una mueca de aprobación del habitualmente cariacontecido Dylan.

En un juego de préstamos de ida y vuelta y con aras de dar más brío al concierto Coppel utilizo las ráfagas de finger pickin’ de su “El Mayor Fan de Bob Dylan del Mundo” para recrear “I Shall Be Free no. 10”, aunque respetando las paradas originales. Arreglos folk tomados prestados a su vez de “Talkin’ New York ” de Dylan, a saber cuál es su verdadero origen.

Los dos mayores clásicos del disco “Chimes of Freedom” y “My Back Pages” fueron interpretadas por Iñigo Coppel como lo que el tiempo ha convertido, himnos comunitarios. Si el primero es quizás el canto definitivo a la “libertad” en un sentido amplio, al zorro de Dylan nunca le gusto contextualizar sus canciones folk para que no pierdan sentido con el paso del tiempo, la interpretación de Coppel nos dio ganas de seguirla brazo en alto. La segunda en manos del getxotarra logro emocionar al público presente con su poderosa voz y enérgico rasgueo. Como se comprobó al terminar cuando el silencio que había acompañado la canción se rompió en cerrada ovación del público presente

“To Ramona” fue ejecutada a ritmo de vals con Coppel recitando la letra con convencimiento “I’ve heard you say many times/That you’re better than no one/ And no one is better than you/ If you really believe that/ You know you have nothing to win and nothing to lose” pero pensativo como recordando a alguna de esas mujeres fatales que pueblan su propio cancionero.

También sonaron emocionantes las dos canciones con temática (des) amorosa del disco, y es que en esa época aún coleaban los rescoldos de la relación de Dylan con su primerizo amor Suze Rotolo (la de la portada del Freewheelin’). “Ballad in Plain D” seguramente la más autobiográfica canción de Dylan. Y por último y para cerrar la actuación la tercera piedra fundamental de este trabajo del verano del 64, “It Ain’t Me Babe” mil veces versionada, Coppel la desarrollo con suavidad incidiendo en la parte poética de la letra de este desencanto dylaniano, mientras el estribillo era secundado en formato de coro tabernario irlandés por la parte más atenta del público. Y así en 45 minutos Coppel desgrano esta obra tal como fue concebida grabada de un tirón – con dos botellas de vino barato Beaujoalais como único combustible – pero sin segundas tomas, llevándola a su terreno e interpretándola con personalidad y haciendo reconocible su interpretación. Cambian los tiempos, no la fuerza de las canciones.

A continuación salieron a escena los “The Troubadour All Star Band” con una extensa formación de once músicos incluidas dos guitarras, tres vientos, base rítmica, coros, teclados y la voz del oblicuo productor Saúl Santolaria (foto encabezado e inferior), un asiduo a las veladas del Izar & Star donde ya ha actuado en varias ocasiones en diferentes labores. El homenajeado en este caso era el temible e iracundo león de Belfast George Ivan Morrison quien nunca había sido recreado en el ciclo pero que en menos de 12 meses habrá pasado dos veces por nuestros escenarios. BBK Music Legends’17 (crónica) y Azkena Rock’18. De hecho hasta 7 canciones coincidentes contabilizamos entre su última actuación en Sondika y el homenaje planteado por Santolaria. Ummm diremos que superar al León y su engrasada banda de brillantes ejecutantes es tarea muy complicada.

Eso si también reconoceremos que no estábamos preparados para la sorpresa que nos tenía guardada Saúl cuando salió a escena en modo “impersonator” del cantante. Ya saben esa tendencia que crearon los seguidores de Elvis a su muerte de disfrazarse como el cantante y subirse a un escenario para imitar todos sus gestos, posturas y muecas. Hay que tener valor para hacer esas cosas. Así ataviado con sombrero de ala corta, gafas de sol y abrigo salto a escena y cuando se escucho la primera frase del “Real Real Gone” la voz sonó atronadora como el irlandés. Mismo caudal, mismo timbre y mismo grosor. Aquello iba a ser una recreación al milímetro de la música grabada por Van en versión grandes éxitos. Con la ayuda especialmente de su esplendida base rítmica, Aritza Castro y Gorka Eskuriaza, las guitarras de Pit Idoyaga y el serio Alberto Iglesias y los tres vientos volaron muy fieles, quizás demasiado, sobre el repertorio más conocido del irlandés. Por momentos pellizcaron en briosas interpretaciones como la dinámica “Domino” en sus intercambios voz y vientos, “Someone Like You” con emocionantes arreglos de guitarra o una preferida “Days Like This” donde casi rozaron superar al original. Llevaron el “Caravan” hacia el Ultimo Vals con el impersonator arrastrando el fraseo. E hicieron una bonita y reverberada interpretación de la dylaniana “Its All Over Now Baby Blue”. Para cuando el cantante se dirigió al público , como toda la noche en ingles e imitando la voz de Van, para dedicar a su mujer el “Have I Told You Latelly” ya estábamos muy confundidos entre persona y personaje, ¿a quién se refería a su mujer, a la de Van?. El cierre con “Baby Please Don’t Go” y “Gloria” sonó más brioso que la versión actual de Morrison. Especialmente rockera sonó “Gloria” con Idoyaga remedando los riffs garajeros originales de Them.

En fin aunque no negamos la entrega y solvencia de la banda conjuntada para el homenaje, quizás al brillante Saúl le pudieran la circunstancia de la cercanía de dos visitas del propio Van, estando el original aun presente en la retina y posiblemente para muchos presentes a punto de ser revisado de nuevo. Recurrir a recrear sus éxitos en este caso resulto más arriesgado y menos agradecido que haberse enfrentado a un disco, una época o a un repertorio menos transitado por el propio protagonista en su versión actual.